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En Homenaje al poeta de los humildes

Un hombre con la cadencia del son en la palabra y la patria tatuada en la mirada. Podría confundirse, tal vez, con la de cualquier cubano de a pie, pero no; esa descripción exige que se sume el verso preciso y que se mencione el África que supo traer a la lengua española para siempre.

Fue tanto el poeta de los humildes como el intelectual comprometido, El Poeta Nacional, título que la historia le entregó en vida con el peso de una obra que introdujo el tema del negro en la lírica hispanoamericana y convirtió el son en instrumento político de primer orden.

La ciudad de Camagüey, el 10 de julio de 1902, vio nacer al muchacho que con apenas 21 años fundó la revista Lis y publicó sus primeros versos; al hombre que entró al periódico El Camagüeyano hasta ser su director y que en La Habana integró el Grupo Minorista, aquel núcleo de jóvenes intelectuales de izquierda que se pronunciaron contra los falsos valores imperantes y por una renovación radical en las letras y las artes.

En abril de 1930, la publicación de los ocho poemas de Motivos de son en el suplemento Ideales de una raza del Diario de la Marina le confirió una celebridad polémica, de amplia resonancia popular. Por primera vez, el pueblo negro, discriminado y aislado por la burguesía, aparecía retratado con sus costumbres y su vocabulario como protagonista de la cultura nacional.

El poeta fue aquel cubano que viajó a la tierra de sus ancestros y en medio de la Guerra Civil Española escribió: «Yo, / hijo de América, / hijo de ti y de África, / (…) corro hacia ti, muero por ti».

Si se busca un resumen de su vida, habría que decir que Nicolás Guillén fue el poeta que introdujo al negro en la lírica de la lengua española, fundador y primer presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro del Comité Central del Partido Comunista, diputado a la Asamblea Nacional, Premio Nacional de Literatura y Premio Internacional Lenin de la Paz, periodista, mulato universal, hombre de humor doloroso y creador de una de las obras más genuinas y revolucionarias de la cultura cubana.

Pero ese hombre del son eterno fue más que eso. Fue el amigo entrañable de Jesús Menéndez, el gran líder azucarero asesinado en 1948, a quien acompañó por las sociedades negras de Santa Clara. “Jesús Menéndez fue muy amigo mío. Anduvimos juntos por la provincia de Santa Clara. Yo le acompañaba a las sociedades negras que él visitaba y en ellas a veces tomaba una copa, decía un poema y hablaba con la gente”.

Al asesino de su amigo, el capitán Casillas, lo ajustició con la palabra en una Elegía: “Fue un poema que duró tres años realizarlo. Sabía lo que estaba buscando”. Y es que el poeta encontró versos que corregir y así los hizo. “El poema quedó más fuerte, duro, más categórico en cuanto a la venganza de Jesús Menéndez a su asesino, la del autor frente a Casillas”.

Guillén fue el cubano que, en medio de la Guerra Civil española, en aquella tierra herida, escribió un verso que es a la vez grito y solidaridad: “Yo, / hijo de América, / hijo de ti y de África, / (…) corro hacia ti, muero por ti”; y que en ese lugar de donde provenían sus ancestros ingresó al Partido Comunista.

Fue también el que también estableció una relación muy personal con el periodismo, oficio que ejerció durante décadas y que consideraba una extensión natural de su poesía. “En el periodismo muchos problemas que tengo planteados son desde el punto de vista poético (…) se puede decir que mi poesía tiene carácter periodístico, fue una posibilidad que quise ensayar, y la ensayé, aunque es el sector menos numeroso en mi obra”.

Tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952, que anuló las libertades ciudadanas e instauró una sangrienta dictadura, Guillén fue detenido en dos ocasiones y luego forzado a un largo exilio que lo llevó por Europa, América Latina y la Unión Soviética, donde en 1954 recibió el Premio Internacional Lenin de la Paz.

La caída del dictador y la llegada al poder del Ejército Rebelde fueron recibidas con gran agrado por el poeta, quien, con sus derechos ciudadanos restituidos, regresó a su tierra amada tras casi seis años de exilio y ofreció recitales a lo largo y ancho del país. Convertido en un símbolo popular, reanudó sus colaboraciones en periódicos y revistas nacionales e internacionales y emprendió, nuevamente, su vida itinerante, pero ahora como principal representante de la cultura cubana.

En 1962 comenzó su consagración a la naciente Unión de Escritores y Artistas de Cuba, siendo su primer presidente. Dos años después publicó Tengo, un poemario que refleja su apoyo a la Revolución y su alegría por las transformaciones que mejorarían el país. Aquellos versos resonaron con la fuerza de quien recupera la propiedad sobre su propia tierra: “Tengo, vamos a ver, / tengo el gusto de andar por mi país, / dueño de cuanto hay en él, / mirando bien de cerca lo que antes / no tuve ni podía tener”.

El poeta, hombre de sonrisa escondida e ironía filosa, el que aseguraba que “en todo buen poeta hay un niño, en unos más que en otros. Y yo tengo también mi niño”. Nicolás Guillén es un nombre lleno de ritmo y de rabia justiciera, y su obra sigue siendo, como él quiso, un instrumento para expresar el dolor popular del cubano, “una toma de conciencia frente a lo que el poeta está mirando”.

Foto de portada: Nicolás Guillén estableció una relación muy personal con el periodismo, oficio que ejerció durante décadas y que consideraba una extensión natural de su poesía.

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María Fernanda González Hernández
Estudiante de Periodismo

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