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¡Viva la pasión! (Si es buena)

Se disfruta el reverdecimiento de la pasión beisbolera en Cuba. Para la nación —que lo hizo suyo como si ella lo hubiera creado— también ese deporte enfrenta obstáculos severos, empezando por las maniobras internacionales dirigidas a capitalizar el deporte rentado. Como parte de la búsqueda de fundar, con la guía de Fidel Castro, una sociedad diferente, Cuba había apostado también por otro modelo de prácticas deportivas.

En el desafío interviene un bloqueo que también ha tenido efectos criminales en el deporte y, sobre todo en la pelota, ha estimulado formas de éxodo útiles —como en otras áreas en que la sociedad también se desangra— para la propaganda contra Cuba. Y se añadió una pandemia que, entre los graves estragos causados en conjunto, dificultó los entrenamientos de los peloteros y el desplazamiento de los equipos provincias, e impidió el acceso del público a los estadios, mientras que la escasez de combustible para la generación de energía eléctrica llevó a no celebrar juegos nocturnos.

Pese a todo —quizás, con mayor fuerza, después del reciente Clásico Mundial—, se observa, con el repunte de la calidad de la pelota, un renacer de la pasión que ella anima. En estos juegos finales de la Serie Nacional adquiere a menudo ribetes de frenesí. ¡Muy bien! Pero no todo es bueno, y vale revisar lo que no lo es, y encararlo.
Tal vez las indisciplinas en los estadios —lenguaje soez y gestos agresivos incluidos, y broncas vulgares— no haya alcanzado los niveles de años anteriores, pero requieren medidas concretas para prevenirlas y tratar de erradicarlas. Un papel especial les corresponde a deportistas y árbitros, que deben ser ejemplo para la afición.

En estos días ha vuelto a manifestarse la banalización que conduce a tratamiento irrespetuoso por los seguidores de unos equipos a otros, y a los territorios que estos representan, tratamiento que felizmente no se observa entre los jugadores mismos, ni por parte de los voceros de sus peñas, al expresarse en público. Los chistes —o lo que intenta serlo y no siempre lo es— suelen ser muy serios, y hasta graves: pueden solapar prejuicios discriminatorios.

Es preferible pasar por demasiado exigente antes que permitir que se naturalice lo indeseable. Ejemplos son algunos gritos lanzados en los estadios, y dilatados de distintas formas fuera de ellos. Se reiteró al calor de la que se considera la lid clásica por excelencia de la pelota cubana: entre Industriales y Santiago de Cuba, revitalizada este año, y continuada por la final entre el primero de esos equipos y Las Tunas.

Las manifestaciones aludidas tienen implicaciones más allá de los ámbitos de esos equipos: apuntan al país, a modos de pensar que merecen analizarse para erradicarlos con la mayor persuasión posible, como el hecho cultural que es. Cuando los que van contra Industriales, que son en general todos los equipos no capitalinos, gritan: “¡Ruge, leona!”, revelan una perspectiva que es seria incluso envuelta en risas.

Aunque todavía no se practicara formalmente la pelota femenina, y ya se practica, el afán de mermar al león llamándolo leona es tan machista como el de zaherir a un varón llamándolo mujer. Que pueda hacerlo tanto otro varón como una mujer, confirma que el pensamiento dominante lo es porque se afinca en el dominador y en los dominados. Y mientras las burlas —lo son por muy afectuosas que se pretendan— contra Industriales prosperan por parte de fanáticos de los demás equipos, no solo el santiaguero, las burlas capitalinas contra los jugadores de Santiago atañen también en general a las poblaciones no capitalinas, en particular las de los territorios orientales.

En ese caso se esgrime con superficialidad un gentilicio que reclama y merece solidaridad y respeto: palestino. No es esta la primera vez que dicho mal uso se repudia, ni el autor del presente artículo es el único que lo ha repudiado. Pero el despropósito persiste. Ni el machismo de “¡Ruge, leona!” ni el mal empleo de palestino son sanos: expresan respectivamente espíritu patriarcal y menosprecio dirigido a quienes, por no ser capitalinos, parecerían ser considerados inferiores. ¿Será sionista la capital? ¡No!
Felizmente semejantes despropósitos son también reprobados, pero se oyen y se leen sustentados por personas cuya formación debería impedírselo sin que nadie las llame a no hacerlo. La alegría no es incompatible con la profundidad, ni cabe justificar desaguisados aduciendo que se debe ser profundo en la tribuna política o en el podio académico y en otros espacios serios, como la prensa, pero vale ser inmaduro y trivial en los estadios y en la euforia suscitada por el deporte.

El ser humano es uno solo, y los chistes no son cápsulas ajenas a la ideología y a los valores culturales y éticos. Quien dijo que los chistes contrarrevolucionarios son contrarrevolucionarios además de chistes, tenía razón. Otro tanto vale añadir, con las específicas implicaciones respectivas, sobre los que giran en torno a géneros, etnias, carencias físicas o mentales, orientación sexual y ubicación geográfica.

Algunos textos publicados en las redes parecen hablar de cualquier cosa menos de respeto y afecto verdaderos entre quienes pueblan un país necesitado de sólida unidad, que no es ajena a la alegría, ni afín a discriminaciones. Contra estas últimas se supone que luchamos, y que somos solidarios con otros pueblos, como el de Palestina.

Gane quien gane en la pelota, ¡viva la pasión! (Si es buena.)

Foto de portada: Periódico 26

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Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

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