Por su mayor simplicidad, desde la lejana Edad Media se prefirió la numeración arábiga; sin embargo esta también presenta sus complejidades en lo que se refiere al trabajo editorial, ya sea en los medios de comunicación o en la edición de libros.

La primera disyuntiva se presenta en relación con la elección de cifras o palabras para su escritura, lo cual depende de varios factores, en esencia, el tipo de texto de que se trate, la complejidad del número que se deba expresar y el contexto de uso.

Según el Diccionario panhispánico de dudas de la lengua española (2005), “[…] en textos científicos y técnicos es más normal, por su concisión y claridad, el empleo de cifras, y resulta obligado cuando se trata de operaciones matemáticas, cómputos estadísticos, inventarios, tablas, gráficos o cualquier otro contexto en que el manejo de números es constante y constituye parte fundamental de lo escrito”. Y ¡claro!, por esas mismas razones también se prefieren las cifras en carteles, etiquetas, titulares periodísticos y textos publicitarios.

Por el contrario, en obras literarias y textos no técnicos en general, resulta preferible y más elegante, salvo que se trate de números muy complejos, el empleo de palabras en lugar de cifras.

Veamos, pues, las cuestiones más generales:

  • Se escriben preferentemente con letras los números que pueden expresarse en una sola palabra —hoy, hasta el noventainueve—; los números redondos que pueden expresarse en dos palabras (cien mil, dos millones); todos los números aproximados o los usados con intención expresiva (Había unas ciento cincuenta mil personas en la manifestación; ¡Te lo he repetido un millón de veces y no me haces caso!); y los números que forman parte de locuciones o frases hechas: (Asistieron cuatro gatos). No se recomienda mezclar en un mismo enunciado números escritos con cifras y con letras; se prefiere escribirlos todos con cifras. Es bueno aclarar que hasta la publicación de la nueva Ortografía de la lengua española (2010) se escribían juntos los números hasta el veintinueve; pero a partir de ese momento ese límite artificial y antilógico se amplió hasta el noventainueve.
  • Se escriben con cifras los números que exigirían el empleo de cuatro o más palabras en su escritura con letras; los números formados por una parte entera y otra decimal; los porcentajes superiores a diez; los números referidos a unidades de medida, cuando van seguidos del símbolo correspondiente; los números seguidos de la abreviatura del concepto que cuantifican; los números pospuestos al sustantivo al que se refieren (expresado o no mediante abreviatura, por ejemplo, página 3 o p. 3).

En cuanto a la escritura en cifras, debe tenerse en cuenta lo siguiente:

  • En los números de más de cuatro cifras, estas se agrupan de tres en tres, empezando por la derecha, y separando los grupos por espacios en blanco; pero los números de cuatro cifras se escriben sin espacios de separación. No puede repartirse en líneas diferentes las cifras que componen un número.
  • Nunca se escriben con puntos, comas ni blancos de separación los números referidos a años, páginas, versos, portales de vías urbanas, códigos postales, apartados de correos, números de artículos legales, decretos o leyes.
  • Para separar la parte entera de la decimal debe usarse la coma, según establece la normativa internacional (El valor de π es 3,1416).
  • Las cantidades que tienen como base un sustantivo de significación numeral como millón, millardo, billón, trillón y cuatrillón, siempre que, al menos, las tres últimas cifras de su escritura en números sean ceros, podrán abreviarse mezclando el uso de cifras y letras en su escritura, lo que no es válido para las cantidades en miles.

El tema en cuestión resulta complejo, por sus numerosos detalles; pero nada que la práctica editorial no pueda resolver.

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