Jamás he negado el fútbol. Sería estupidez. Lo practiqué, lo comprendo y lo amo tanto que no estimo exageración lo que dice siempre, con voz poética, un narrador deportivo extranjero cuando empiezan los partidos que cubre y lo llama el deporte más hermoso del mundo.  Tampoco lanzo el béisbol a la orilla; más que imbecilidad sería sacrilegio porque la pelota es más que un pasatiempo para el cubano: le navega la sangre, le llega al corazón. Pero, les advierto, con estas líneas quiero hoy “futbolear”.

Desde el semanario Mella, en 1963, me ocupé del reino de los goles -así lo nombré- y jamás dejé de seguirlo periodísticamente en Juventud Rebelde, apoyando a Francisco Rodríguez, mucho más especializado que yo, quien era el designado para atenderlo. En otras publicaciones reflexioné sobre esta disciplina: Verde Olivo, por ejemplo, y hasta algo hice por radio y televisión.  Discusiones tuve, incluso, con funcionarios por las crítica que hice, más allá de los resultados, sobre el balompié nuestro y en medio de los combates, fortifiqué mi amistad con el mejor portero cubano de todos los tiempos, periodista también y siempre: José Francisco Reinoso.

Hace poco fui mucho más allá del Real Madrid y el Barcelona,  de Messi y Cristiano, lejos de negar calidad y carisma, aunque entendiendo como la plata ha manchado todo, sin limitarse al escándalo de la Federación Internacional de Fútbol: hay mucha más porquería en todos estos asuntos que convierten a lo deportivo en el real opio de los pueblos cuando lo putrefacto hiere su belleza. No se equivocó Pierre de Coubertin cuando expresó en 1893 su preocupación ante “…el espíritu mercantilista que amenaza invadir los círculos deportivos, al haberse desarrollado los deportes en el seno de una sociedad que amenaza con pudrirse hasta la médula a causa de la pasión por el dinero”.

Sin embargo, no es ese el tema en que deseo ahondar ahora. En medio de mi dolor -lo trato de acallar y sale de alguna u otra forma- me encontré un comentario mío en la revista Mujeres escrito al calor de la frustración de nuestros futbolistas en la magna justa americana de 1987: Nuestro fútbol, ¿cuándo será cisne? En esta décima cita, quedamos fuera del podio en el balompié, ocupado en este orden por Brasil, Chile y Argentina. “Nuestros superiores resultados con respecto a los torneos anteriores: bronce en 1971 y plata en 1979. En La Habana 1991, lograríamos tercera plaza”.

Traté de ver si aquellas reflexiones se ajustaban al momento. Recórdarlas conmigo y, claro, opine usted también. “En los Panamericanos  de Indianápolis nuestros futbolistas estuvieron muy mal. Simplemente, mostramos la calidad obtenida. Y era el mejor conjunto de la Mayor de las Antillas frente a contrincantes que no son las estrellas de sus naciones. Por encima de las frases justificativas y hasta de la invocación a la mala suerte, debemos reconocer que inclusive hubo involución. No ha sido el único ni el más estrepitoso fracaso en la citada trinchera”.

No me enlacé a la ruindad del lamento: nunca lo hago, ni me até a señalar la llaga: “El fútbol  ha sido siempre el patito feo de las disciplinas del INDER. La más universal de las competencias tiene gran desarrollo en lo técnico y lo científico, en la masividad y lo organizativo en el planeta. No es fácil llegar a su cima porque es una montaña muy elevada con senderos abruptos. En otros deportes puede escalarse con inferior dificultad: son menos las naciones que los practican y no hay tanto desarrollo cualitativo, ni una tradición tan poderosa.“…, es cierto también que lides con poca historia en nuestro país antes del enero verde olivo, han conquistado superior adelanto y andamos en ellas entre los de más luz del firmamento muscular: pesas, voleibol, lucha clásica y libre, judo…

Cada palabra me golpeaba y había que escribirla e ir a las raíces del mal: “La causa esencial del ínfimo desarrollo: el mal trabajo, a partir de una pésima dirección, desde  hace más de 25 años, que no fue la misma aunque era igual…“Había -y hay- que transformar conceptos, programas y labores”.

Afirmaba: “lo peor de todo lo encontrado: la endeble atención a la base, sin escape para las ramas infantil y juvenil. El error es más fustigante en una especialidad como la citada, de movimientos no naturales, inacostumbrados en el hombre en buena medida. Para formar tales reflejos y habilidades, debe comenzarse en edades tempranas sin caer en excesos competitivos tampoco. Arribar tarde al sendero impide ser técnico, imposibilita ser creador.

Agregaba otro problema: “…abuso de preparación física en detrimento del arte del reino de los goles, latigazo de abajo a arriba. Un equipo de balompié no son once pesistas o boxeadores que patean el balón de vez en cuando. En las selecciones de primera categoría, en la misma escuadra nacional, ¿cuántos chutan bien?, ¿cuántos pueden disparar en movimiento con efectividad?, ¿cuántos tienen la habilidad del ya retirado Massó? Sin dejar de preocuparnos por el fortalecimiento corporal hay que ascender en lo científico, lo técnico, lo táctico y lo estratégico.

“PARA IMPONER LA RUMBA”

Los brasileños trajeron la samba al fútbol, ¿por qué los cubanos no imponemos la rumba?” Sobre el asunto digo en la actualidad: al soslayar ese baile precioso sobre la yerba, los grandes de este deporte descendieron más bajo de los propios resultados. Al ir recuperando su ruta verdadera, han ido danzando hacia la cúspide. A ritmo de bongó, los púgiles nuestros son el buque insignia deportivo. Independientemente de otros factores externos e internos robustos, al disminuir la alegría rumbera, hemos perdido potencia en el béisbol.

Ni entonces ni hoy he negado la falta del fogueo necesario, al no contar con un campeonato nacional como debe ser (se ha perfeccionado y aún le falta) y la presencia en ligas extranjeras (comenzó); no podemos confundir el necesario rigor de la profesionalidad con la carrera hacia el lucro del profesionalismo, y debemos entrenar el alma de los muchachos para esquivar los golpes corruptores de ese canto al negocio.

No me aferré al alto rendimiento: “…lo principal es el trabajo en la base, con preferencia para los nuevos árboles. …falta bastante terreno por golear en este sentido. La diana no debe ser las medallas, la actuación internacional: eso es lo secundario. Lo trascendental es convertir el balompié en arma por la salud, la formación física y espiritual, y la felicidad del pueblo”. También tuve el toque para las damas: “… las mujeres pueden jugar fútbol. En muchos países lo practican, y en la URSS fue aprobado oficialmente para las féminas a principios de 1988.Pero en Cuba hay que rescatar el balompié primero en el sector masculino. Cuando las zancadas consigan avance sólido y efectivo, se podrá pensar en el arribo de las bellas, ¿por qué no?

Se me deslizó el machismo. ¿Por qué esperamos tanto? ¿Por qué castigar así a las muchachas? Actualmente, pese a no poseer calidad elevada, tenemos selecciones femeninas, campeonatos, participación en justas foráneas. Podían, y debían, empezar antes; si hubieran esperado al gran salto de los varones, por favor…

El final de aquel escrito todavía  no ha cristalizado porque no hemos realizado la labor  indispensable para conseguirlo: “Con un batallar firme e inteligente nuestro fútbol podrá convertirse en cisne bello y poderoso”.

Por Víctor Joaquín Ortega

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