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Avatares radiales y televisivos

La televisión y la radio en Cuba continúan teniendo una particular importancia para públicos diversos. Es cierto que los segmentos de mayor audiencia están en las etapas etarias de los que nacieron antes del furor digital, pero en zonas recónditas, en caseríos y poblados donde la conexión con Internet es más precaria no pocos jóvenes reportan su interés por los programas destinados a ellos y hasta los de la ciudad también tienen algún nexo.

Esa realidad manifiesta en investigaciones, eventos y festivales obliga a ser cuidadosos con lo que se trasmite, con el respeto de horarios habituales de las audiencias, con el lenguaje que se usa, demasiado influido por similares términos, demasiado limitado a reiteraciones de frases, consignas, que lejos de contribuir a aplicar su sentido producen rechazo porque tienden a un matiz apologético en medio de circunstancias vivenciales muy cruentas y se distancian del fomento del imprescindible optimismo, que tiene como esencia mostrar y ponderar el buen hacer como expresión de la capacidad para conseguirlo.

La radio, que ha cumplido cien años, es una red extendida por todo el país que asegura públicos según el alcance de emisoras municipales, provinciales y nacionales, y es factor de servicios comunitarios en las localidades, pero como fue analizado, primero en su evento analítico por el centenario y luego en el Caracol de la UNEAC, no aprovecha sus amplios espacios para estimular la crítica artística y literaria que tanto necesita una visibilidad mayor para contribuir a propiciar instrumentos para el análisis de las obras que en esos campos se hacen públicas y ayudar a la jerarquización de las calidades.

Tanto en la radio, como en la televisión las categorías artísticas han quedado en las apreciaciones de presentadores y locutores que califican interpretaciones y propuestas con enjundiosos adjetivos y hasta conceden título de maestros según sus gustos e intereses.

Contrastan también en los dos medios, como discurso comunicacional, el traslado del lenguaje político tradicional para los temas más trascendentes de interés ciudadano, mientras se intenta humanizar otros asuntos, como si los temas políticos no requirieran una traslación más atractiva para despertar el interés de los destinatarios, y atractivo no equivale a superficial, sino a mostrar aristas, aspectos, elementos que levantan la atención, como logra hacerlo la periodista Cristina Escobar en sus comentarios de hechos peliagudos.

Los sucesos que requieren trasmisiones prolongadas y especiales en la televisión suelen vulnerar la programación habitual para molestia de los espectadores cuando deberían ser trasmitidos por el informativo Canal Caribe e interrumpir la programación habitual cuando hay elementos notorios que lo ameritan.

Se han conseguido muy notables reportes de acontecimientos que han estremecido el país, pero en otros la extensa trasmisión decae por la propia naturaleza del hecho y entonces el espectador siente que no está justificado no pode ver los espacios que sigue.

Cubavisión es el canal que más sufre cambios en su programación habitual. Es también el que acumula mayor número de seguidores y donde se “apiñan” los programas que se pretende tengan mayor audiencia por el interés que deben despertar o por sus cualidades.

Se aprecia también cierta tendencia a confundir apología con optimismo, cuando las esencias de ambos conceptos son muy diferentes. La apología es el exceso de valoración de algún suceso mientras el optimismo apela a la realización del buen hacer como muestra de la capacidad de hacerlo que existe.

Es legítimo comunicacionalmente que los acontecimientos más notables se trasmitan por el canal de mayor audiencia, pero arriesgado que disloquen la programación, cuando se pueden tratar como noticias en el Noticiero estelar y ampliarse en otros espacios informativos de Cubavisión y de otros canales, evitando de esa manera que propuestas seguidas mayoritariamente se vayan trasladando a horarios no posibles para los que trabajan al otro día o no tienen edad para trasnochar.

Cubavisión ha dado una muestra importante de su función social al llevar varios espacios para Multivisión, el segundo canal de mayor audiencia, en aras de retrasmitir las novelas en horarios que puedan ser vistas evadiendo los apagones.

Esa experiencia debería servir para plantearse un nuevo diseño de las parrillas de los canales, revisar cuantos espacios del mismo corte se repiten, como andan de dispersas propuestas interesantes que deberían tener mayor promoción.

Realmente no es fácil mantener una programación televisiva en las condiciones económicas del país, por eso vale sacar el mayor partido a los recursos con los que se cuenta, saber hacer política en los términos que los tiempos exigen, contribuir al mejor discernimiento de unos públicos que son provocados y seducidos por quienes le hacen la contra la existencia misma de la nación.

Tarea grande en verdad para la radio y la televisión cubana que, sin dudas, han tenido un importante rol en la cultura del país, han prestado un gran servicio público que ahora mismo requiere de nuevos enfoques y maneras de ofrecer y verdades y posibilidades.

Soledad Cruz Guerra
Soledad Cruz Guerra
Periodista, ensayista y escritora cubana. Trabajó en Juventud Rebelde como una de sus más sobresalientes articulistas. Fue la representante Cuba en la UNESCO.

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