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La canción en la cultura cubana

La historia de Cuba se puede contar en canciones; la canción, desde la primera etapa de fundación, en la identidad cultural, tuvo un  papel preponderante. El Himno Nacional (Himno de Bayamo), nace en 1868; pero ya, desde 1830 se gesta un  brote de canciones patrióticas que tiene un gran momento en 1897.

Menciono Cuba para los cubanos, La bandera cubana, La libertad de Cuba, La guerrilla.

Elevada a categoría nacional, junto a la creación de Céspedes, Fornaris y Castillo, se encuentra La bella cubana (José White 1853), la habanera (Eduardo Sánchez de Fuentes 1892, con letra en 1894 puesta por Fernando Sánchez de Fuentes, hermano de Eduardo).

Cuando se cantaba la canción en aquellos tiempos se ponía de relieve una actitud de cubanía. En 1897, el doctor José A. Ramírez Céspedes escribe una nueva letra para la composición de Sánchez de Fuentes. Esta versión fue entonada durante la guerra de independencia:

Cubanos: desde el cielo resuena una voz,

Para darnos valor

En la lucha tremenda

Que el sabio patriota

Con gloria emprendió.

Martí, tu nombre venerado será

Cuando la historia

Nos lo pueda enseñar.

El maestro Gonzalo Roig escribió que “en la antigua canción cubana y en sus letras, casi se pueden prever los estados de ánimo del pueblo, de sus dolores y sus anhelos. En las que se cantaban allá por 1868 al 1871, las canciones revelaban el orgullo del cubano. Por ejemplo, en el Siboney y la Rosa de Cuba –no en el Siboney de Ernesto Lecuona, sino en una antigua canción de ese nombre y de mucha índole patriótica-, la de la desesperación por la huida forzada del ser querido; en Las Villas de las lomas, La ausencia, El ausente, El hijo errante, La partida  y Adiós a Cuba”.

El Mambí, aunque compuesta en el 1912 por Luis Casas Romero, después de la Guerra de Independencia, constituyó un orgullo de la música típica cubana, fue en su momento como un suspiro, de pasadas alegrías y eternas nostalgias, enriqueciendo los horizontes de esperanza.

Muchas de esos tipos de canción podemos encontrar su huella todavía en algunos cantos tradicionales como Mambrú se fue a la guerra o La pájara pinta, que muchos niños, por transmisión oral (de boca en boca) cantaban hasta hace poco, en rondas infantiles, sobre todo en los pueblos de campo.

Allá en el año noventa y cinco,

Y por las selvas del Mayarí,

Una mañana dejó el bohío,

Y a la manigua salió un mambí.

Todos los creadores que sienten su país muy dentro, intentan defender su identidad, de una manera o de otra. Esas canciones que defienden fueron la banda sonora de su niñez y juventud. Es parte de su historia de vida y, es por eso que se defiende con tanta pasión.

Toda persona que emigra a otro país, lleva consigo sus canciones, parte de su memoria, de sus recuerdos, que lo persiguen en todos los momentos. Muchas de las parejas que se unieron, deben esa unión a alguna canción que escuchaban juntos y, hasta llegaron a bailar en una de sus visitas de fin de semana a alguna sociedad o salón bailable.

Hasta las canciones de música bailable cumplieron un papel de resistencia y de enfrentamiento. Poseen frases, estribillos, coros que dicen muchas cosas. Argeliers León lo escribe de esta manera: “El pueblo se ve colectivamente en  el estribillos sentenciosos, a coro, precisamente, y le bastó con pocas palabras para condensar su pensamiento.

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