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¡Brasil, Brasil! (¿Y Cuba?)

Se ha dicho que las comparaciones son odiosas, y al autor del artículo no se le ocurriría confundir las realidades mencionadas en el título, pero de todo se puede aprender: la derechización que aflora en la primera de ellas se inscribe en una tragedia mundial. Y aunque también sabe cuánto se discute sobre los términos “derechas” e “izquierdas”, son instrumentos para comunicarse. El tiempo invertido en tal debate sería más productivo en la lucha contra las llamadas derechas, y en conseguir que las llamadas izquierdas sean de veras una fuerza efectiva en el enfrentamiento al capitalismo.

En Brasil operan el peor populismo y el anticomunismo, ambos inducidos. Todo eso con respaldo de un fundamentalismo llamado evangélico, o cristiano, pero que en el fondo nada tiene que ver con Cristo y sí mucho con Bolsonaro, uno de los diablos a los que apoya. Sus votos en las elecciones del pasado domingo (43,2%, según el conteo oficial) serían mucho menos si provinieran únicamente de la oligarquía. En ella estará su mayor base económica, pero hay muchos pobres representados en esa votación.

Tras ganar Bolsonaro la presidencia en 2018, la periodista brasileña Eliana Brum fundamentó el papel de la mediocridad del “hombre mediano” —mezclada con la ignorancia y manipulada por fuerzas de derecha— en la victoria del fascista. Se refería a sectores humildes arrastrables a las peores causas, aunque solo sea por la influencia de credos torcidos y la ilusión de sentirse importantes. ¿Cómo no pensar en eso ante las protestas que en estos días ocurrieron en Cuba, sobre todo en La Habana? Las motivó, en lo más visible, la interrupción que los efectos de una tormenta causaron en una infraestructura magullada por males diversos en los cuales el bloqueo ha tenido y tiene peso determinante.

Eso es parte de los éxitos de un engendro criminal instaurado hace más de seis décadas para que las penurias empujen al pueblo cubano a rebelarse contra su gobierno. La voluntad de impedir que el imperio se salga con las suyas no debe llevarnos a desconocer sus logros, por parciales que sean, y no son ciertamente menudos. Para seguir enfrentando esa realidad, y vencerla, se requiere tener plena conciencia de ella.

Es necesario difundir la verdad con inteligencia y sin ocasionar aburrimientos evitables, pero también sin desmayo. La clara divulgación es ineludible, incluso cuanto mayor y más justificada sea la desesperación de las personas que sufren molestias como las provocadas por los apagones, con el peligro de perder provisiones vitales que ya se sabe o se supone cómo y a qué precios han podido adquirir.

La información es fundamental para que a personas bien intencionadas no las azucen ni confundan exponentes de una marginalidad que ha ido creciendo no solo como resultado de las penurias. También o principalmente ha prosperado por la incivilidad y la indisciplina social que no basta repudiar: urge imponerles orden.

Observaciones diversas han hecho notar el liderazgo o influencia ejercidos en focos de protestas por el lumpen, y una cosa es el lumpen proletariado, y el proletariado es otra, aunque a veces parezca que olvidamos esos conceptos. En bien de la mayoría del pueblo y sus derechos, la dirección del país y sus instituciones tienen la misión de aplicar a cada quien las medidas disciplinarias pertinentes en cada caso.

¿Represión, cuando se agoten los intentos persuasivos indispensables? Pues represión, como en cualquier Estado del mundo, incluido particularmente ese al que no podemos permitirle que siga chantajeándonos en nombre de los derechos humanos, la democracia y la libertad que él viola de modo criminal no solo en su país. Las medidas punitivas en Cuba, con el pueblo por brújula, se deben aplicar siempre con leyes, mesura, justicia y sentido humano.

Las observaciones aludidas incluyen, además, que en determinadas protestas hubo amenazantes arengas anticomunistas, quizás en parte por algunas de las personas que hicieron campaña contra el Código de las Familias. No se deben confundir el derecho a la libre expresión y la impunidad para el vandalismo. Expresar disgusto por males como la prolongada falta de fluido eléctrico, no es lo mismo que cometer actos violentos y promover intimidaciones que pueden tener desenlaces terribles. Máxime con el camino abonado por ciertos conocidos usuarios y manipuladores de las redes sociales, y con los indicios del 11 de julio de 2021, si hicieran falta más datos.

Mientras también en las protestas recientes algunos exigían atención como si lo merecieran todo sin aportar nada, había personas trabajando con denuedo para restablecer la electricidad, aun a riesgo de la propia vida. Libren los dioses a nuestro gobierno de capitalizar —no lo ha hecho, entiende quien esto escribe— la muerte de uno o más trabajadores que protagonizan una heroicidad callada en el servicio al bien colectivo. Pero se debe hacer valer claramente ese ejemplo ante quienes intentan escudarse en las carencias materiales para lacerar la tranquilidad ciudadana, a menudo con gestos y palabras que revelan un guion trazado ya se sabe dónde.

Quienes dirigen el país han de cumplir plenamente su cometido. Mayor divulgación que la que han tenido merecen declaraciones como las que Luis Antonio Torres Iríbar, primer secretario del Partido en La Habana, hizo sobre el tema. Fundamentan la necesidad de que nuestros cuadros desarrollen un trabajo eficaz que, junto con la necesaria información pública —inviable en gran medida cuando no hay fluido eléctrico, pero que a veces falta o es insuficiente aunque lo haya—, los libere de invertir en explicaciones más tiempo del que deberían sacar para ello de sus tareas básicas.

Además del cumplimiento del deber, cardinal, de hacer bien su trabajo, tratándose de dirigentes y funcionarios de un pueblo que afronta penurias y defiende el afán socialista, no es necesario sucumbir al igualitarismo —que a muchos parece aterrar más que la falta de equidad— para apreciar las razones expresadas por una anciana en una cola, y que podrían resumirse en que los representantes del pueblo deben ser también ejemplos en cómo vivir, vestir y alimentarse. Para religiosos honrados, la gula es un pecado capital aunque la practiquen obispos.

En cuanto a protestas y modos de hacerlas, y a las circunstancias en que se llevan a cabo, urge tener claro que entre legal y legítimo median apreciables diferencias de sentido. No todo lo legal tiene necesariamente el fondo ético que se percibe en lo que merece considerarse legítimo. Hay derecho a estimar que no lo merecen algunos modos de protestar, ni otros hechos, como el voto de castigo que, so pretexto de penurias, se haya esgrimido contra el Código de las Familias.

Por encima de la naturaleza política de toda obra humana, a ese cuerpo jurídico lo caracteriza un contenido justiciero, beneficioso para la población en general, no solo para quienes se sientan patriotas de vocación revolucionaria y comunista. Si se conoce el “pensamiento” que particularmente en algunos de los temas del Código tienen las derechas, incluida la de Brasil, se comprenderá lo que está en juego. Aunque resulte arduo, basta ver y oír a Bolsonaro, quien no disimula su desvergüenza fascista.

Para defender bien a la patria y a la Revolución, se debe saber que todo pueblo es heterogéneo, y que —según las circunstancias— puede dar de su seno personas honradas y bandidos, héroes y torturadores. Ante hechos recientes el autor del presente texto retomó uno de hace cuatro años sobre lo que José Martí legó de enseñanza parea tener al pueblo como guía.

Volviendo al título del presente artículo, y a la impertinencia relativa de las comparaciones, cabe también apuntar que difícilmente haya alguna realidad que, de tan absolutamente singular, no admita compararse, de algún modo, con otras. A un amigo sabio le debo el chiste de que la teoría científica del Big-Bang pudiera compararse con la parábola bíblica de Dios creando a la humanidad a partir de una pella de barro.

Después de todo, no parece que nadie haya visto ni la partícula cuya explosión dio origen al mundo según la teoría científica y, hasta donde le es dable afirmar al autor de estos apuntes, nadie tiene la prueba fehaciente de que la parábola bíblica no pueda ser una forma primitiva y religiosa de explicar el origen de las especies. En ambos casos todo empezó por pequeñeces, y líbrennos ciencias y dioses del efecto de ciertas bolas diminutas que pueden dar comienzo a devastadores aludes.

Luis Toledo Sande
Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

One thought on “¡Brasil, Brasil! (¿Y Cuba?)

  1. Excelente análisis. Comparando dos realidades, la de Brasil y la de Cuba, el profesor Toledo nos pone los pies en la tierra, esa que no necesita otros dioses que el actuar conciente de los pueblos y sus líderes verdaderos.

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