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León Cotayo: “El mundo está en peligro”

Palabras de homenaje al periodista y escritor Nicanor León Cotayo

Estimados familiares, amigos y compañeros:

Las palabras de despedida suelen ser difíciles porque son una mezcla de tristeza acompañada de los mejores recuerdos y hechos de la vida. Faltaríamos hoy a la objetividad y a la verdad por la que tanto batalló Nicanor León Cotayo, si estas remembranzas no fueran sencillas y humildes como fue su paso, su corto paso de 82 años por esta tierra de todos, a la que adoró y por la que luchó con devoción y le llamó su Patria.

Orgulloso de serlo, hasta su último aliento, vivió pendiente de cuanto aconteciera en su natal San Antonio de los Baños: las bienales del humor, la humoranga, el ajetreo cotidiano del parque y las calles principales.

Allí guardaremos sus cenizas, junto a la de otros tantos luchadores, porque el Ariguanabo fue testigo de sus empeños por la libertad de Cuba, cuando aún no tenía 20 años y desde el clandestinaje accionaba para darle un tiro de gracia a la dictadura de Fulgencio Batista.

El lugar escogido para rendirle merecido homenaje es esta casa, la de la prensa. Claro, como periodista;  pero pudieron serlo igualmente muchos otros sitios de Cuba, porque él fue, en primer lugar y hasta el último momento de su existencia, un soldado de la Revolución, invariablemente dispuesto a cumplir las tareas que fueran necesarias.

Al periodismo estuvo ligado desde muy joven. Fue contenido esencial y motivación de su extensa obra creadora. Luego del triunfo del Primero de Enero, se sumó con pasión y entrega a la construcción de la Cuba nueva. Estuvo entre los primeros Jóvenes Rebeldes, milicianos y cederistas.

En ese camino de trabajo y sacrificio mereció la militancia del Partido en 1962. Desde entonces desempeñó diversas responsabilidades, y lo siguió haciendo en diferentes etapas de su vida, incluida la estructura auxiliar del Comité Central.

Con esa vocación de maestro y pensador agudo sobre la realidad internacional, impartió tantas conferencias y conversatorios que perdemos la cuenta. Lo hizo durante décadas mientras lo acompañó la salud y donde quiera lo solicitaran. Fue docente en la Escuela Superior del Partido Ñico López y la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona.

El Partido le propuso en los años ’70 una nueva tarea: estudiar Periodismo. Cosa que aceptó de buen agrado porque encausaba su vocación. El sentido del deber y la decisión de graduarse se unieron para vencer el principal obstáculo: un nivel cultural inferior al exigido para la carrera. Pero lo logró además sin dejar de cumplir importantes responsabilidades como dirigente partidista en la Universidad de La Habana.

Desde que comenzó a trabajar en Prensa Latina y posteriormente en el periódico Granma, convirtió el ejercicio de la profesión en su más poderosa arma para defender a la Revolución de las agresiones imperialistas.

Consagró su pluma al acucioso trabajo de denunciar el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, los actos de terrorismo que se sucedían uno tras otro con la anuencia de Washington; y dejarnos al descubierto el lado oscuro que el capitalismo se empeña en ocultar tras los oropeles de la sociedad de consumo.

Tal impacto causó su trabajo y las denuncias certeras, que fuentes confiables afirman que la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, llegó a pensar que tras su firma Nicanor León Cotayo, no estaba un hombre de carne y hueso, sino todo un equipo de agentes del gobierno cubano.

Dejó de escribir apenas pocas semanas antes de partir. Así lo atestiguan casi la totalidad de los medios de comunicación nacionales. En los últimos años sobre todo en Radio Reloj y en CubaSí, pues su edad no fue óbice para que ejerciera también el periodismo digital.

¿Quién no recuerda sus comentarios en Radio Reloj en los matutinos de lunes? Las voces de los locutores traducían su agudo y contrastado ejercicio del análisis, ese que lo caracterizó, que fue su sello. No era pródigo en elogios, pero cuando escuchaba algún atinado comentario internacional de este periodista, él, que era un veterano maestro en estas lides, lo resumía con una frase que era un flashazo lleno de cariño, pero también un reto porque la llamada era corta y solo para decirme: “Vas bien”. Era su mejor elogio y para evitar vanidades.

Las ofrendas florales aquí presentes son expresión del reconocimiento de nuestro pueblo al valioso aporte de Nicanor León Cotayo a la Patria. Es incuestionable su lealtad a la Revolución, al Partido, al Comandante en Jefe Fidel Castro y al General de Ejército Raúl Castro.

Hoy cumplimos con el deber del homenaje. Sin pompas hablamos aquí de él. Sencillamente hacemos justicia a su pensamiento y acción, presente en 16 libros, entre ellos los acuciosos “Crimen de Barbados”, “El bloqueo a Cuba” y “Sitiada la esperanza”, algunos de ellos editados también en otras naciones.

Son incontables los trabajos periodísticos, que continuarán siendo efectiva arma de combate para los revolucionarios.

Este Hijo Ilustre de San Antonio de los Baños vivió con desinterés, al punto de que cedió siempre sus derechos de autor, o donó los ingresos por ese concepto a la defensa del país. Fue un orgulloso miembro de la Unión de Periodistas y de la Unión de Escritores de Cuba.

Recibió varias medallas, distinciones y reconocimientos, entre estas: Medalla Vanguardia de las Tropas Guardafronteras por su actitud en las cercanías de la Base Naval de Guantánamo durante el ataque a Playa Girón; medalla Combatiente de la lucha Clandestina, XX Aniversario de las FAR, la Félix Elmusa, la 28 de septiembre, entre otras. Es Huésped de Honor de la provincia de Camagüey, le otorgaron en Sancti Spíritus la réplica del machete del General mambí Serafín Sánchez y en Artemisa la réplica de La pluma de Rubén Martínez Villena, otorgada por la Universidad de Ciencias Pedagógicas.

Fiel a su existencia –sabiéndose herido en el combate de la vida– nos dejó una última alerta viendo el panorama mundial: EL MUNDO ESTÁ EN PELIGRO. Así se lo dijo a Pupi, compañera inseparable durante 56 años. No te preocupes, Nicanor, lo sabemos, seguiremos luchando por tus ideas y por un mundo mejor, que es posible.

Para Nicanor solo me queda pedir un nutrido aplauso, porque ante una vida consagrada a la Revolución, no cabe el silencio, sino el homenaje y cumplir con su legado.

Muchas gracias.

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