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La Sima de aquella América

Lo que se anuncia para celebrarse del 8 al 10 del próximo junio en unos Ángeles devenidos diabólicos, no es en realidad una Cumbre, sino una Sima, y no de las Américas, sino de aquella que ya desde su formación se trazó apoderarse de la nuestra, que está al sur, empezando por el país, México, al que a mediados del siglo XIX la rapaz potencia, que entonces emergía, le arrebató más de la mitad de su territorio.

La soberbia con que históricamente los Estados Unidos han tratado a nuestra América se exacerba hoy con la decadencia de una nación desesperada por mantener la hegemonía imperialista que se le escapa, y que intenta calzar con la cínica escenificación de un pensamiento único que, además de nunca haber sido una realidad plena, va cayendo en picada. Y tal caída no es obra únicamente de polos que forcejean en un inesquivable replanteo geopolítico, sino también de países “menores” cuyos gobiernos han decidido cuidar el bien de sus pueblos, no obedecer al imperio.

La previsible, si no avisada, exclusión de Cuba de la Sima de los Ángeles sería un recurso de la potencia para simular que no tiene opositores en la región y que, si los tiene, no merecen asistir al sainete. El anfitrión intentará que la agenda se ajuste a los planes concentrados en la OEA, que hace décadas el eminente intelectual y político argentino Manuel Ugarte llamó ministerio de colonias yanquis, y de la que se rio a carcajadas un cubano esencial, Carlos Puebla.

Los Estados Unidos cuentan con que ahora están en manos de políticos plegados a sus designios algunos gobiernos del área que en foros anteriores reclamaron la presencia de Cuba, incluso su retorno a la OEA, de la que ella fue expulsada y a la que ha decidido no volver. Pero ni así se descarte que en la reunión haya voces que contraríen al anfitrión soberbio, ya más fanfarrón que todopoderoso. La exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua —que por su parte acaba de romper dignamente con la OEA—, facilitaría el guion imperialista preparado para el encuentro.

No obstante, aunque en lo más visible —temporalmente al menos— la tendencia de nuestra América a formar un frente emancipador haya mermado, aparecen señales estimulantes. Bolivia, por ejemplo, echó abajo el régimen golpista afín a los Estados Unidos y retomó su legítimo proyecto plurinacional, y en un gigante como Brasil se prevé la reversión de una derecha que llegó al poder por caminos más que turbios.

Sin llegar a cambios de ese corte, cabe anticipar que otros gobiernos seguirán evidenciando desacuerdos con el que intenta mantenerse como dueño de nuestra América, y del mundo. Huelga vaticinar nombres —los tendrán en mente lectores y lectoras—, pero es difícil imaginar que a México le resulte indiferente el hecho de que la ciudad en que tendrá lugar la reunión es parte del territorio que le fue arrebatado por la potencia que organiza la Sima.

Solo ciegos, sordos e ignorantes —sobre todo si lo son de modo voluntario— creerán o simularán creer que a esa agresiva nación le interesa tratar temas de tanta importancia como la democracia, los derechos humanos y la salud pública, que ella contraviene sistemáticamente. De esos ideales pueden hablar países como Cuba, afanado, pese a obstáculos severos —ninguno más que el bloqueo económico, financiero y comercial que le imponen los Estados Unidos—, en profundizar modos de gobierno propios de una Revolución hecha con los humildes, por los humildes y para los humildes.

Con ese afán respeta Cuba el papel del pueblo —reconocido por José Martí y abrazado por Fidel Castro— como verdadero jefe de las revoluciones, y frente a la tragedia de la covid-19 ha revalidado su trabajo en el terreno de la salud pública. Ese es uno de los terrenos en que su desempeño —que le ha ganado la admiración de las personas honradas del mundo, donde su colaboración internacionalista ha dado frutos— holgadamente vale como lección para los propios Estados Unidos.

No es fruto de sentido democrático alguno, ni de preocupación por los pueblos, que el gobierno de esa nación —donde tantos crímenes se cometen, y que ha segado incontables vidas humanas en el planeta— querrá impedir la presencia de Cuba en el falaz encuentro. Allí ella fustigaría las maniobras de los Estados Unidos, y por eso la querrá excluir la indecencia propia de un imperio, agravada con su declive.

Todo eso ocurre en medio de los manejos con que los Estados Unidos y sus secuaces —ya se trate, entre otros, de un gobierno latinoamericano como el de Colombia, o de naciones europeas, o de Israel, sucursal suya en el Medio Oriente— intentan capitalizar el conflicto entre Rusia y Ucrania. Ellos mismos lo propiciaron con omisiones y actos, en complicidad con elementos fascistas, y ahora violan de modo más palmario que nunca antes la libertad de expresión, de la que tanto alardearon, para coyundear la opinión pública internacional y que parezca no existir otra voz que la suya.

A nuestra región le reservan para ello un papel deplorable en la Sima de Los Ángeles. Cuba hace bien al denunciar enérgicamente tan sucio rejuego, que empieza por excluirla a ella del foro. Su denuncia deja claro que, de no asistir a la reunión, no sería porque ella evadiera la confrontación directa en esa liza, y pone aún más de relieve la índole de una reunión que, en los planes de sus gestores, la Sima solo puede convenir a los intereses de los Estados Unidos.

Sería impensable que el país que asumió como un honor que se le excluyera de la OEA cuando el imperio que la maneja era más potente que hoy, esté rogando un sitio en un convite orquestado desde la desvergüenza. Lo tendrán claro, en primer lugar —y su opinión, junto con la de su pueblo, será la que a ella le interese—, los amigos de Cuba. Pero su dignidad no pueden desconocerla ni sus más encarnizados enemigos, digan lo que digan.

El país agredido y bloqueado por el imperio se mantiene fiel a las lecciones de Martí, quien en uno de sus textos publicados en Patria el 19 de agosto de 1893 escribió: “El mejor modo de hacerse servir, es hacerse respetar. Cuba no anda de pedigüeña por el mundo: anda de hermana, y obra con la autoridad de tal. Al salvarse, salva”. Esa es la luz que Fidel abrazó para la Revolución en lo interno y en sus relaciones internacionales, y en tal continuidad histórica y vital sigue y seguirá Cuba su marcha, en la cual la hostilidad del imperio la honra.

Luis Toledo Sande
Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y subdirector de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

One thought on “La Sima de aquella América

  1. Oportuno y certero el texto del maestro Luis Toledo. El lugar de Cuba en la lucha contra el imperialismo está en la vanguardia. Tan es así, que el posicionamiento político de cara a la Revolución Cubana ha venido sirviendo desde hace ya muchos años como piedra de toque para separar el grano de la paja: la gente honesta y sensible, de los engañados y los viles.
    Llamo la atención sobre el hecho de que aun antes de empezar la llamada Cumbre, el lugar en que cada uno se coloque respecto a la posición de Cuba va definiendo con claridad la ubicación política de cada quien.

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