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Tributo a la memoria histórica cubana

De tributo a la memoria histórica cubana y a los valores de la cubanidad y la cubanía, pudiera catalogarse la declaratoria de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM) como Monumento Nacional de la República Cuba por parte de la Comisión Nacional de Monumentos del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

La ceremonia el miércoles 30 de junio fue propicia para evocar el 60 aniversario de la alocución  “Palabras a los intelectuales”, pronunciada por el Comandante Fidel Castro Ruz, quien en igual fecha hace 60 años y ocupando el cargo de primer ministro, se reunió en el salón de actos de la propia BNJM con importantes artistas e intelectuales cubanos, encuentro que trazaría las pautas fundamentales de la política cultural de la entonces naciente Revolución cubana.

Y es que el flamante edificio en la Plaza de la Revolución que acoge desde 1957 a la BNJM — salvaguardia del tesoro documental, bibliográfico, artístico y sonoro del país y  rectora del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas Cubanas, con casi 400 integrantes—  fue resultado de un persistente movimiento de intelectuales cubanos que en la década de los años 30 del pasado siglo XX, agrupados en la sociedad Amigos de la Biblioteca Nacional, no cejaron hasta lograr para la entidad una sede digna.

Uno de sus más activos miembros fue el ya entonces reconocido periodista, orador, escritor… Emilio Roig de Leuchsenring, nombrado el primero de julio de 1935 Historiador de la Ciudad de La Habana, cargo que ejerció hasta su muerte en 1964. Precisamente en memoria del primer Historiador de La Habana, maestro y predecesor de Eusebio Leal Spengler —que le sucediera de 1967 a 2020—,  la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, estableció la fecha para honrar a los historiadores del país.

Apenas unos meses después de ser el Historiador de La Habana, por iniciativa de Roig de Leuchsenring el 13 de diciembre de aquel año 1935, se constituye la sociedad Amigos de la Biblioteca Nacional cuyo propósito, según su reglamento, era rescatar del estado desastroso en el que se hallaba la corporación, nacida el 18 de octubre de 1901 en una pequeña nave del Castillo de la Fuerza, y que desde 1902 había sido trasladada para la Maestranza de la Antigua Artillería, en La Habana Vieja.

Sin edificio propio, bibliotecarios ni recursos, en peregrinación por diversas partes de la ciudad, sometidas sus colecciones a la humedad, bacterias, y desastres naturales, se hizo necesario dar la voz de alarma.

Sabedor de la importancia de los medios, Roig de Leuchsenring divulga en la prensa radial y escrita los motivos para la fundación de la Sociedad así como sus objetivos.  Hizo de esta una de sus principales batallas. Así lo recuerda el testimonio de la voz autorizada de Araceli García-Carranza, con más de 50 años de trabajo en la institución y actual jefa de su Departamento de Investigaciones y Profesora Titular Adjunta de la Universidad de La Habana:

Durante la República, las bibliotecas nunca contaron con el sostén oficial. Sin embargo, cubanos y cubanas ilustres impulsaron un digno movimiento bibliotecario. En este sentido, es válido destacar los esfuerzos llevados a cabo por la Asociación Cubana de Bibliotecarios y su revista Cuba Bibliotecológica, así como el empeño del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, desde la Oficina del Historiador de la Ciudad, y los de otras prestigiosas instituciones como el Lyceum Lawn Tennis Club (En Cremata Ferrán, 2017, p.303).

Ya en febrero de 1936, se hizo necesaria la intervención de Roig de Leuchsenring para poner a buen resguardo los libros y enseres de la Biblioteca cuando demolieron la Maestranza de la Antigua Artillería. Por eso se entrevista con el ingeniero Eduardo Bastón, jefe de la ciudad, para velar por el destino de libros y enseres, a la vez que demanda las mejores condiciones posibles para el depósito de los volúmenes que esta atesoraba hasta tanto fueran ubicados convenientemente (García-Carranza, 2007).

Un espaldarazo a tales afanes, resultaron su nombramiento en marzo de 1936 de director de Cultura por el alcalde Beruff Mendieta, además de la designación de presidente de la Sección de Intercambio Cultural Iberoamericano del Instituto del Libro, cuyo titular era Luis A. Baralt. A los pocos días apoderado por los Amigos… encabeza un homenaje a la memoria del primer director de la Biblioteca Nacional, el bibliógrafo e historiador Domingo Figarola-Caneda en el décimo aniversario de su muerte; junto a una comitiva visita al secretario de Obras Públicas para interesarse por la pronta edificación del anhelado inmueble.

El primer reconocimiento a  aquellas gestiones por mantener viva la institución no se hizo esperar. Pronto debió firmar el acta del donativo a la Biblioteca Nacional de la totalidad de los documentos relacionados con la carrera artística del maestro Guillermo Tomás, eminente músico, ensayista y compositor cubano fallecido en octubre de 1933.

No ceja en sus empeños, por eso, a mediados de 1936 en una sesión del Club Rotario  de La Habana, presenta un informe sobre la situación de la cultura cubana en el que expresa “la vergüenza que significaba el abandono de la Biblioteca Nacional y, por tanto, la necesidad de construir un edificio para esta institución” (García-Carranza, p.37).

Para los entendidos, tal documento constituye una verdadera denuncia de la realidad de la Cuba de entonces, pues con pelos y señales, proclama que eran inexistentes las bibliotecas públicas, los archivos, museos, centros de cultura y educación, todo lo cual, a su entender, revelaba un penoso estado de ruina social y cultural.

En 1939, a propuesta suya, la Sociedad acuerda solicitar a los miembros de la Comisión Central Pro Monumento a Martí que destinaran las cantidades recaudadas y presupuestadas a la compra del terreno de los Catalanes, donde se levantaría la Biblioteca Nacional, como el mejor homenaje que pudieran tributar los cubanos al Apóstol y Libertador de la Patria.

Dos años después forma parte del Patronato (o Junta de Patronos) de la Biblioteca Nacional, un organismo autónomo con personalidad jurídica propia que, creado en junio de 1941 por el Senado de la República, integraron 11 miembros; Roig de Leuchsenring sería encargado de redactar su reglamento junto a los Doctores Emeterio Santovenia y Salvador Massip.

De conformidad con la Ley no. 20,  del 21 de marzo de 1941, se fijó un impuesto de medio centavo sobre cada saco producido de azúcar de 325 libras. El Patronato recogería la recaudación y se encargaría de la compra del terreno y la construcción de una edificación, la cual debía dotarse de estantería, mobiliario y equipamiento necesario,

Ya en 1949, por iniciativa del sabio cubano Don Fernando Ortiz, dicha Junta acuerda designar con el nombre de José Martí a la obra que se construiría años después. La colocación de su primera piedra tuvo lugar el 28 de enero de 1952 y el 12 de junio de 1957 es entregado el inmueble, más de dos décadas después de haber sido creada la sociedad Amigos de la Biblioteca Nacional.

Bibliografía básica:

García-Carranza, A. (2007). Bibliografía. Emilio Roig de Leuchsenring. 1889-1964. Ediciones Boloña. La Habana.

Cremata F., M. (2017) La voluntad de prevalecer. Ediciones Boloña. La Habana.

Maria Grant Gonzalez.
(Manzanillo, 1945) Doctora en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Comenzó sus labores periodísticas en 1968 en el entonces suplemento literario El Caimán Barbudo del periódico Juventud Rebelde. Después ejerció en los diarios Venceremos, de Guantánamo, y Sierra Maestra, de Santiago de Cuba, así como en el Informativo de Radio Granma, en Manzanillo. A partir de 1974 y durante casi tres décadas trabajó en la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina, donde se desempeñó como jefa de Redacción de la revista Cuba, primero en su edición en español y luego, en ruso. Pasó a la Central de la Agencia para ser redactora, reportera, editora, jefa de redacción, enviada especial a países de Europa y América Latina; además de corresponsal permanente en Bucarest y Moscú. En 1996 forma parte del grupo fundacional de la revista Opus Habana, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, de la que fue su Editora ejecutiva hasta 2016. Es profesora Auxiliar de la Facultad de Comunicación y del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana.

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