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No hay nada más irracional que la propiedad privada sobre la libertad de expresión

Quienes conocemos a Rosa Miriam Elizalde desde hace casi veinte años sabemos de su capacidad de trabajo, su constancia y su clarividencia para prever las tendencias tecnológicas y su relación con la geopolítica. Pero eso son competencias y valores profesionales y quisiera destacar otros como su rebeldía dentro de la rebeldía y una humildad que solo se puede tener desde el convencimiento de que la obligación de un revolucionario en Cuba es servir a su pueblo y a su gente sin pedir nada a cambio. Siempre está combatiendo, contra el enemigo externo y contra las absurdas inercias internas. Siempre está desvelando las nuevas formas de agresión que sufre Cuba y las nuevas formas que la isla necesita para enfrentarlas.

Pascual Serrano: En los últimos años, y sobre todo con el acceso a internet, el acceso a la información de los cubanos ha cambiado mucho. Durante décadas se decía que el férreo control gubernamental les impedía conocer lo que sucedía en el resto del mundo. Que si lo supieran serían más críticos con un gobierno que, se decía, les tenía engañados ocultándoles una información que circulaba por el resto del mundo. Hoy eso ya no sucede, el cubano accede a la misma información que puede acceder un estadounidense o un español. ¿Cómo has vivido ese cambio?

Rosa Miriam Elizalde: En realidad, la circulación de contenidos digitales de todo tipo comenzó en Cuba desde mucho antes de que se ampliara el acceso público a Internet y la apertura del servicio de datos móviles.  Con la popularización de los dispositivos para el consumo digital se configuró un mercado lucrativo y organizado en redes informales por toda la Isla, que lograba sostener con eficiencia un flujo estable de contenidos altamente diversificado y a bajo precio o gratuito para aquellos consumidores que lo adquirían a través de amigos o familiares. Los contenidos provenían de la industria cultural estadounidense, lo mejor y lo peor. Cuando hablo de dispositivos me refiero al VHS y diskettes –en un primer momento-, y al CD, el DVD, la memoria flash, el disco duro externo, en etapas más recientes.  Para que tengas una idea de la dimensión de este fenómeno, en el Censo de Población que se realizó en 2012, se reconocía que había en manos de la población cubana más reproductores de video que radiorreceptores. Eso condujo a la aparición de canales “offline”, particularmente el conocido como “Paquete Semanal”, una red privada que no ha dejado de funcionar incluso ahora, cuando el 66% de la población cubana accede por diversas vías a Internet.

Por una parte, estas redes informales prepararon a los cubanos para la llegada masiva de la Internet y moldearon las formas, gustos e intereses del consumo de contenidos digitales, que no se diferencian demasiado del consumidor local en entornos hiperconectados, y por la otra, fueron vistas como una oportunidad para los diseños de “cambio de régimen” del gobierno de Estados Unidos.  Cerca del 80 por ciento de los más de 200 millones de fondos federales estadounidenses para estos programas invertidos en la última década -no sabemos cuánto más ha recibido de manera clandestina la industria anticastrista-, se ha destinado a subvertir al gobierno cubano a través del desarrollo de infraestructuras, medios, contenidos y servicios digitales, además de la capacitación y la “construcción de líderes”, si es que esto último es posible.

Pascual Serrano: Dime los principales beneficios del periodismo cubano y los principales problemas.

Rosa Miriam Elizalde: En Cuba no hay propiedad privada sobre los medios fundamentales. La Revolución democratizó a escala sin precedentes todos los procesos sociales de comunicación e información, y no en términos teóricos o formales, sino reales, porque, como tú sabes, nada hay más irracional en nuestro tiempo que la propiedad privada sobre la libertad de expresión, que en esencia la niega. Ese beneficio enorme que tuvo la Revolución cubana no lo han tenido otros procesos populares en la región, obligados a lidiar con megaempresas mediáticas que suplantan a los partidos políticos.

Sin embargo, no es lo mismo propiedad que gestión. Nuestro periodismo pasó por una etapa prolongada de formalismo, inmovilismo y burocratismo muy fuertes, reconocidos en sucesivos congresos de la Unión de Periodistas de Cuba y del Partido Comunista de Cuba. Con la llegada de Internet, se han diversificado los canales y se han fragmentado las audiencias como ocurre en otras sociedades, y esto se produce en un contexto donde prima la regulación analógica de los medios tradicionales y la autorregulación del espacio público digital, intervenido por procesos de contaminación informativa e intentos de subversión del orden político, como te expliqué antes. Súmale el bloqueo y la escalada de sanciones adicionales del gobierno de Donald Trump, que presionan a todo el sistema económico y social cubano, e impone un clima de guerra, amenazas y presiones de todo tipo, sin un mínimo de seguridad y normalidad para el trabajo del país, incluido el de la prensa.

Pascual Serrano: Dime una cosa negativa de ejercer de periodista en Cuba respecto a hacerlo en otro país no socialista y otra cosa positiva.

Rosa Miriam Elizalde: Lo negativo es la interpretación de la crítica pública en la prensa como una catástrofe, tanto por algunos funcionarios como por la prensa hegemónica internacional que amplifica y tergiversa cualquier juicio negativo de lo que aquí acontece. Hemos tenido muchas discusiones en torno a este asunto. El propio Fidel expresó que preferíamos los inconvenientes de los errores que se cometan, a los inconvenientes de la ausencia de crítica.  Lo positivo es que a ningún periodista cubano en 61 años le ha costado la vida ejercer su opinión, equivocada o no. El último periodista asesinado en Cuba fue Carlos Bastidas. Era ecuatoriano, había entrevistado a Fidel en la Sierra Maestra y murió a manos de un esbirro del dictador Fulgencio Batista, en 1958.

Pascual Serrano: ¿Qué crees que podrías haber hecho en el periodismo si hubieras estado fuera de Cuba y no pudiste hacer por estar en Cuba?

Rosa Miriam Elizalde: Ser corresponsal de guerra. Pero no de los empotrados del Ejército de Estados Unidos, sino “de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades”, como diría el Che.

Pascual Serrano: Existe un debate en Cuba en torno a un periodismo a la sombra del sector privado, financiado o patrocinado por diferentes ONG’s o Fundaciones extranjeras. ¿Tú crees que eso ayuda a una mayor pluralidad informativa?

Rosa Miriam Elizalde: Se le está aplicando a Cuba un diseño de laboratorio que han ejecutado ya en otras operaciones de guerra de información. Para los medios privados existe una sola agenda política que expresa la fantasía de un inminente estallido social en la isla. Esa agenda se rempaqueta en maquilas informativas destinadas a diversos públicos y amplificadas a través de las plataformas sociales, fundamentalmente de las empresas de Zuckerberg (Facebook, Instagram y WhatsApp) y de Youtube, propiedad de Google. Han aparecido en la última década, con énfasis a partir del 2017, cientos de medios digitales con la palabra “Cuba” en la raíz de los dominios internacionales de Internet (.com o .org). Tratan de generar la percepción de representatividad y acompañamiento a una oposición organizada en Cuba, que no existe independiente del control de Washington.  Ese clúster de medios digitales, administrado desde Miami y Madrid, es financiado directamente por el contribuyente de Estados Unidos a través de agencias, organizaciones y tapaderas gubernamentales, mientras otros pertenecen a lo que Néstor Kohan llama “la contrainsurgencia soft”, que recibe dinero de fundaciones como la Open Society y se conecta con usinas del neoconservadurismo, como el diario español El País.

LA COMUNICACIÓN ES UN BIEN PÚBLICO Y UN DERECHO CIUDADANO

Pascual Serrano: Algunas veces he tenido la sensación de que el periodista cubano era menos atrevido y audaz en sus coberturas de lo que la revolución cubana le permitía. O dicho de otra forma, que podía tener más libertad de la que usaba. ¿Tú qué crees?

Rosa Miriam Elizalde: Los periodistas cubanos somos muy críticos con nuestro trabajo y existen muchas inconformidades en la sociedad cubana sobre el tipo de periodismo que se ha hecho en 60 años, sin haber logrado construir un modelo de prensa nacional, socialista, dentro una Revolución tan atrevida y audaz, como bien señalas.  Pero soy hija de la generación que comenzó a estudiar o se graduó a comienzos de la década del 90 del siglo pasado, marcada por el debate en torno a la necesidad de ampliar el margen de iniciativa, autonomía operativa, definición de la personalidad editorial y capacidad de decisión de los medios y sus colectivos, a la par que bebíamos en las aguas del mejor periodismo literario latinoamericano y sus discípulos cubanos en las páginas del diario Juventud Rebelde. Era tal nuestro entusiasmo con lo que acontecía a nuestro alrededor, que mi trabajo de Licenciatura la dediqué al estudio de la tradición de la polémica en Cuba. No teníamos ninguna duda de que hacia allá íbamos.

En ese espíritu nos formamos, mientras nuestros compañeros eran corresponsales de guerra en Nicaragua, Angola y Etiopía, y cuando terminó la epopeya cubana en África, nos fuimos a hacer nuestra propia historia en las montañas del país con el proyecto que incorporaba a recién graduados como corresponsales en los lugares más apartados de la isla. Los años 90, en los peores momentos de la crisis que llamamos Período Especial, todavía estaban marcados por esa saga de compromiso ético y profesional.

Creo que no hay periodista en el país que no haya vivido una experiencia que pareciera advertir que la prensa que queremos está en nosotros mismos, de la mano de una Revolución que llama a cambiar todo lo que deba ser cambiado. Por mi trabajo en la Unión de Periodistas de Cuba me he reunido con la mayoría de los profesionales del país, en asambleas o en redacciones, y no hay debate en el que no se confirme que cada uno de nosotros somos también parte de una solución que es preciso configurar, nutrir y fomentar. En otras palabras, nuestro sistema de prensa no es un monolito arrastrado como una piedra pesada por la Revolución. Como en todas partes, en Cuba hay dos géneros de periodismo, el bueno y el malo. Hay redacciones del país multipremiadas que hacen un periodismo de la mayor calidad, en lugares donde se expresan posibilidades de realización, como la voluntad política para abordar temas complejos de la comunidad, el talento y las capacidades profesionales de los periodistas, ciertas condiciones materiales y un contexto mínimamente favorable para poder ejercer la profesión.

Pascual Serrano: Una de las cosas que más me llamaba la atención en el periodismo político cubano es la discreción mediática de la mayoría de los miembros del gobierno y altos dirigentes. Por un lado, y ante la sobreexposición y propaganda a la que recurren en nuestros países, puede parecer un signo de modestia y humildad; pero por otro, parece lógico que tuviesen que dar información y explicaciones sobre su gestión. ¿Tú qué piensas?

Rosa Miriam Elizalde: Por suerte, se ha rectificado la idea de que la exposición del trabajo de las autoridades en los medios eran signos de exhibicionismo y prepotencia, pero también de la mentalidad de fortaleza sitiada. Debido al cerco económico y político a que nos ha sometido el gobierno de Estados Unidos, cualquier información sobre planes y proyectos de desarrollo del país podía conducir al fracaso, aún antes de concretarse, por el acoso a las empresas extranjeras involucradas en ellos. De modo que muchos se acostumbraron a actuar sin que su labor estuviera expuesta al juicio de la opinión pública, y en ocasiones eso fue fuente de corrupción, insensibilidad y tendencias autoritarias. Pero si revisas la prensa cubana, verás a todos los ministros y otras autoridades de gobierno rindiendo cuenta a diario en los medios. Se ha convertido en un estilo de trabajo a partir de la comprensión de que la comunicación es un bien público y un derecho ciudadano, una batalla en la que se ha empeñado, personalmente, el presidente Miguel Díaz-Canel.

Pascual Serrano: El eterno debate sobre los medios públicos o privados es que los primeros, al no necesitar rentabilidad económica, no procuran ser agradables o interesantes para la audiencia, al contrario que los privados, que logran ser más amenos en su intención de captar audiencias. Otra interpretación considera que, precisamente por pensar solo en las audiencias, los medios privados terminan siendo más frívolos, espectaculares e intranscendentes. ¿Qué piensas al respecto?

Rosa Miriam Elizalde: Creo que hay de ambas cosas, pero en los últimos tiempos la razón por la cual se ha abaratado tanto el periodismo que hacen los medios privados, es porque han terminado siendo rehenes de la economía de la atención. Se han adscrito a un modelo de negocio que gana dinero en dependencia de cuánto tiempo inviertes en su plataforma y cuántos datos dejas a su resguardo. Mientras más valioso es su banco de datos, más ganan. Ya casi no existe publicación en Internet que no haya incorporado técnicas de “clickbait”, titulares sensacionalistas y engañosos para atraer la mayor proporción de clics posibles, del tipo “cómo aprender inglés en una semana” o “mira cómo viven los famosos”.  En el clúster contrarrevolucionario de la Florida, estas técnicas están a la orden del día, lo que significa que la agenda política está entrelazada con intereses económico, y de hecho es un negocio muy lucrativo.  Es importante entender que no solo están interesados en intoxicar la opinión pública con toda suerte de teorías conspirativas, escenarios apocalípticos y análisis de estallidos inminentes, sino en obtener una base de datos de usuarios interesados en temas cubanos que pueda ser monetizable y reutilizada para otras campañas políticas.

“Necesitamos políticas nacionales y globales contra las ‘fake news’ y abordar el tema como lo que es: un asunto de seguridad nacional para cualquier país”

Por otro lado, recuerdo a Eduardo Galeano quejarse con amargura de “la incapacidad patética de la izquierda para comunicar”.  Con honrosas excepciones, hemos tenido una visión desde arriba, una sobrevaloración de la racionalidad y una distinción maniquea entre razón y emoción. Siempre ha sido problemático para nosotros la relación entre la estética, la emoción y nuestra idea de verdad, pero ahora es suicida en términos comunicacionales y políticos desdeñar la importancia que tiene la persuasión. El marketing político está basado en la idea obsesiva de llegar a los influenciables para arrastrarlos a tomar decisiones a partir de desencadenantes emocionales en contra de sus propios intereses, como hemos visto tan repetidamente desde el Brexit hasta acá.  El sentimiento que más moviliza hoy en las plataformas sociales es el odio, que es el núcleo duro de las armas de manipulación masiva contemporáneas.

ESPIONAJE, SABOTAJE Y PROPAGANDA

Pascual Serrano: Uno de los temas que ocupan el debate del periodismo son las fake news. ¿Cómo las afronta el periodismo cubano y las instituciones cubanas? ¿cómo las combate o las evita?

Rosa Miriam Elizalde: Las combate con información verificable y hemos ganado agilidad en los desmentidos, pero no es suficiente. La “teoría del tweet incorrecto”, desarrollada por Craig Silverman, nos dice que solo el 30 por ciento de las personas expuestas a una noticia falsa alcanzan a ver el desmentido. Cuanto más sensacionalista es una historia, más probabilidad tiene de viajar lejos, por dos causas fundamentales: la información incorrecta está destinada a ser más provocativa e interesante que un desmentido, y se presta poca atención a las correcciones. Cuando la desinformación se sale de control cobra vidas, como hemos visto durante la pandemia o como ha ocurrido en varios países cada vez que las plataformas de redes sociales se hacen de la vista gorda ante el discurso de odio y ante las evidencias de organización de acciones violentas, en su afán de rentabilizar a toda costa los bosques oscuros de Internet. En 2018, para poner un ejemplo del que se habla solo entre especialistas, Facebook admitió su responsabilidad en la difusión de la violencia étnica contra los rohingya en Myanmar, que costó la vida a unas 25 000 personas, mientras otras 700 000 fueron desplazadas.  Por tanto, creo que hay que ir más allá de los desmentidos. Necesitamos políticas nacionales, regionales y globales, con sus observatorios, y abordar el tema como lo que es: un asunto de seguridad nacional para cualquier país.

Pascual Serrano: Es frecuente conocer las agresiones y los sufrimientos que sufren los cubanos mediante el bloqueo estadounidense, pero tú también has hablado en muchas ocasiones de guerra cibernética contra Cuba, terrorismo de internet e intentos de desestabilización a través de la red. De eso se habla menos. ¿Puedes explicarlo?

Rosa Miriam Elizalde: Los expertos que estudian la guerra cibernética alucinan cuando descubren que el primer país acusado de ciberterrorismo en el mundo fue Cuba, en febrero de 2001. En ese momento la isla tenía un ancho de banda internacional total de solo 832 kbps, “menos que el de un hogar con un servicio DSL o conexión por cable de alta velocidad y menos de la cincuentava parte del ancho de banda del acceso a Internet de mi campus de la Universidad de California”, según el investigador norteamericano Larry Press. Esa desmesura solo se explica porque los halcones estadounidenses se preparaban para llevar la guerra contra la Revolución cubana por estas vías e impedir que la Internet se convirtiera en un entorno de acceso al conocimiento y a fuentes de ingresos para Cuba. Es a partir de ese año, con la administración Bush en la Casa Blanca, que los fondos para la subversión en Cuba anclados a los “programas de cambio de régimen” se redireccionaron fundamentalmente al ámbito digital.  A partir de ahí hemos visto todo tipo de conspiraciones y herramientas de guerra no convencional aplicadas contra mi país, que deberían haber hecho saltar las alarmas de todo el mundo, porque sirvieron de polígono de pruebas para estrategias de guerra cibernética que han aplicado contra otros. Por ejemplo, del Grupo de Tareas para la Libertad de la Internet Global, creado en 2006 para monitorear a tres países (China, Irán y Cuba), salió el proyecto del gusano Stuxnet, que tomó control de las máquinas vinculadas al desarrollo del programa nuclear iraní y les ordenó autodestruirse.

Te diría que han aplicado contra Cuba todo tipo de acciones descritas en las diferentes categorías en que los analistas distinguen las acciones bélicas en el ciberespacio: espionaje, sabotaje y propaganda. En este último campo, han apostado por la posibilidad de que una glasnost virtual derrumbe al sistema político cubano. Existe una amplia y documentada evidencia del financiamiento y puesta en práctica de esta guerra que no se detiene ante violaciones flagrantes de la legalidad cubana e internacional.

José Martí, el escritor y pensador más brillante del siglo XIX en América Latina

El Premio Nacional de Periodismo José Martí es el máximo reconocimiento que se le entrega a un periodista en Cuba. Se concede de forma anual en reconocimiento a la labor de toda su vida u obra en el periodismo cubano. Lo convoca la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) desde 1987. Rosa Miriam Elizalde fue elegida entre 36 candidaturas presentadas por las diferentes delegaciones de la UPEC. Ya había recibido antes en varias ocasiones el Premio Juan Gualberto Gómez que distingue el trabajo excepcional de un año en los medios de comunicación.

Es doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros Antes de que se me olvide, Jineteros en La Habana y Chávez Nuestro, entre otros. Fue subdirectora del diario Juventud Rebelde hasta 2002, editora y fundadora del sitio digital La Jiribilla, directora del portal web Cubasí y fundadora del portal Cubadebate y su editora jefe hasta enero de 2017. En la actualidad es columnista del diario mexicano La Jornada y dirige el proyecto Dominio Cuba de innovación digital en la UPEC. Es también vicepresidenta primera de la UPEC y vicepresidenta de la Federación Latinoamericana de Periodistas.

Así valora el premio recibido: “La trascendencia que tiene es el reconocimiento de tus pares, las expresiones de alegría de muchos colegas y amigos que lo han celebrado más que yo. Y sobre todo que lleve el nombre de José Martí, el héroe nacional cubano, el escritor y pensador más brillante del siglo XIX en América Latina, el organizador de la última guerra anticolonial en Cuba, el que abrió ‘la era de la posibilidad infinita’ para nuestro país, como escribió el poeta José Lezama Lima. Siendo todo eso, cuando le preguntaban cuál era su profesión decía, humildemente, que era periodista”.

(Publicado originalmente en Mundo Obrero, España)

Pascual Serrano
Pascual Serrano
Periodista español. Se licenció en Periodismo en 1993 en la Universidad Complutense de Madrid, trabajando en el diario español ABC. Fue fundador y redactor jefe de la revista Voces, editada por la organización política Izquierda Unida. (Valencia, 1964)

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