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Dora y el sinsonte

En una pequeña casa de madera y tejas vive Pelusín del Monte. En las mañanas se despierta con el canto del gallo y entona una décima mientras su abuela Pirula hace café. Esta es una de las escenas que rescata el video clip para niños Sinsonte, estrenado recientemente en las redes sociales del Teatro Guiñol.

El audiovisual, dirigido por Ivette Ávila y Ramiro Zardoya, muestra al Títere Nacional, a través de la técnica de stop motion en papel, cantando una tonada campesina. El poema musicalizado constituye, entre tantas cosas, un homenaje a Dora Alonso, la mujer que logró plasmar en sus textos las particularidades de la vida rural como expresión de cubanía.

Este mes de marzo se cumplieron 20 años de su deceso, pero resulta casi imposible no recordarla, porque Dora está presente en el imaginario de varias generaciones que crecieron acompañados del cochero azul, de la Pájara Pinta, o que siguieron junto a Guille el rastro de la gaviota negra. Ella le dio color a los paisajes naturales donde transcurren sus historias y a través de su lenguaje sencillo se convirtió en la autora cubana para niños más traducida a nivel mundial.

Nació bajo el nombre de Doralina de la Caridad Alonso y Pérez-Corcho en el pueblo de Recreo, Matanzas, hija de un emigrante español y una cubana criolla. “Desde niña pensé que podía, que quería, que iba a ser escritora. Era muy precoz y sumamente receptiva. Inventaba mil imaginerías, soñaba por horas y horas, refugiada bajo la sombra de un árbol, envuelta en una naturaleza casi virginal, cuyos ruidos conformaron mi gusto y mi pensamiento. Por eso fui escritora antes de saber escribir”, contó alguna vez.

A los nueve años ganó el concurso de literatura Estela Brochs de la Torriente y a los 16 publicó en el diario El Mundo su poema Amor. Su inclinación por las letras pavimentó el camino hacia el periodismo y en 1933 comenzó a trabajar como corresponsal del diario Prensa Libre de Cárdenas. Posteriormente formó parte del equipo de la revista Bohemia, donde tuvo la oportunidad de cubrir el ataque a Playa Girón y la Crisis de Octubre.

Ella logró plasmar los primeros albores del proceso revolucionario en su libro El año 61, donde narra la Campaña de Alfabetización, así como otros de los cambios ocurridos en ese período. En sus años de reportera llegó a entrevistar al poeta Pablo Neruda, al embajador de China y a varias personalidades.

La radio constituyó un hito significativo en su carrera como guionista, medio para el que creó algunas de las novelas más emblemáticas producidas en Cuba. Sol de Batey, Tierra Brava, entre otras, fueron adaptadas a varios formatos y transmitidas en gran parte de América Latina. En ellas abordaba temas referentes al racismo, la esclavitud, los conflictos entre los campesinos y la guardia rural.

A pesar de su éxito en otros formatos fue en la narrativa infantil donde alcanzó mayor notoriedad. En 1988 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura. En su larga trayectoria creó varias obras de teatro, manifestación artística en la que nació su personaje más famoso, Pelusín del Monte, quien fue a su vez llevado a la televisión.

Ella continuó escribiendo y componiendo. Niñito cubano, El cuento del conejo y Niño pionero son algunos de sus versos que fueron acompañados con música, como lo es ahora Sinsonte, que, gracias a la magia de la televisión y las redes sociales, puede ser escuchado por los pequeños de la isla.

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