fbpx
FOTOCRÓNICAS

Ramón y Cajal, científico y fotógrafo

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) es reconocido como el padre de la Histología por sus extraordinarias investigaciones y descubrimientos que contribuyeron al conocimiento de los tejidos orgánicos y por cuya meritoria obra le fue otorgado en 1906 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina.

No tan conocidos en el mundo son sus aportes a la fotografía y sus habilidades como fotógrafo, aunque en España lo consideran el pionero en estudiarla científicamente. Allí el Real Club de Fotografía de Madrid lo nombró en 1900 su Presidente de Honor.

Con su uniforme de Capitán de Sanidad del Ejército español, utilizado en Cuba. Al lado, una foto del fortín y hospital de San Isidro, en la región de Puerto Príncipe, actual Camagüey, donde prestó servicios durante un año, durante la Guerra de los Diez Años

Menos aún se recuerda que construyó en Cuba su primer cuarto oscuro, en tiempos en los que combinó su práctica médico-militar con la curiosidad por la fotografía y la uniera a sus estudios  histológicos y de las neurociencias.

El 17 de junio de 1874 llegó Ramón y Cajal a La Habana. Graduado de médico,  había sido reclutado por el servicio militar español y transferido a esta isla con el grado de capitán. En su bolsillo traía una carta de recomendación que le hicieron para el Capitán General pidiendo una ubicación tranquila,  pero como aborrecía los privilegios rehusó entregarla. “Mi dignidad me ordena compartir la suerte de mis compañeros de guerra”, afirmó.

Fue destinado al departamento central de Puerto Príncipe, actual provincia de Camagüey, donde empezaría a prestar asistencia médica y a profundizar en ideas que contribuirían al desarrollo de las neurociencias y también de la fotografía.

Inicialmente, el joven médico la pasó bastante bien, atendía a sus numerosos enfermos y en sus ratos de ocio se entretenía con la lectura, el dibujo, la fotografía y el estudio del idioma inglés. En su libro de memorias titulado “Recuerdos de mi vida”, recordaba que “Dormía yo junto a mis pacientes, dentro de la gran barraca, en un cuartito separado del resto por tabique de tablas. Además de cama y mesa, contenía mi departamento, en pintoresca mezcolanza, fusiles de los soldados muertos, cartucheras y fornituras de todas clases, cajas de galletas y azúcar, botes de medicamentos, singularmente de sulfato de quinina, providencia del palúdico en los países tropicales. Con cajones y latas vacías dispuse en un rinconcito un laboratorio fotográfico y construí el estante destinado a mi exigua biblioteca”.

Sus escritos y experiencias sobre la fotografía fueron muy amplios, arriba a la izquierda uno de los articulos publicados en la revista La Fotografía, órgano de la Real Sociedad de Fotografía de Madrid, referido a la estereoscopía y los binoculares. A la derecha el libro titulado La fotografía de los colores y abajo, al centro, el sabio con su nieta, una de las tantas experiencias que hizo de la fotografía en colores.

Debido a que enfermó gravemente en Cuba, sólo estuvo en la isla por espacio de un año. Aquí, trabajando como médico militar, se dio cuenta de que la práctica asistencial no era su destino vocacional, sino la investigación y el profesorado universitario, en lo cual influyó también su padre.

Al regresar a España, Santiago Ramón y Cajal obtuvo una cátedra en Valencia y al tiempo que se mantenía en sus estudios científicos, desarrolló su pasión por la fotografía. Junto a su esposa Silveria Fañanás comenzó a fabricar placas de vidrio emulsionadas al gelatino bromuro o plata seca, una técnica desarrollada por Richard Leach Maddox que terminó por desplazar a la fotografía al colodión húmedo.

Según cuenta el propio Cajal, aquellas placas eran fabricadas por la casa Monckoven a un precio demasiado alto para los aficionados españoles. Tras experimentar en el laboratorio y gracias a sus conocimientos en química, Cajal dio con la fórmula para producirlas a un precio más bajo.

Como dichas placas no eran sensibles al color rojo, Santiago y Silveria debían manipularlas a la luz de una linterna de tonalidad encarnada. La razón es que eran placas ortocromáticas, es decir, los rojos no llegaban a impresionarse sobre la placa, por lo que se “traducían” a un tono negro.

En Cuba se recuerda el paso del notable médico y científico español, en la tarja ubicada actualmente en el Instituto Superior de Ciencias Médicas Victoria de Girón.

Por lo anterior es que historiadores e investigadores de la fotografía consideran que Ramón y Cajal fue un adelantado en su tiempo, si se tiene en cuenta que las placas ortocromáticas se introdujeron a nivel mundial en 1878; solo un año después, el científico había modificado la técnica para poder comercializarlas en Valencia. Posteriormente, en 1904 se introduciría la emulsión pancromática, sensible a todos los colores del espectro visible.

Aunque siempre será recordado por las contribuciones científicas que le valieron el  Nobel de Fisiología y Medicina,  por la formulación de la teoría de la sinapsis y los principios de la interconexión neuronal, en lo tocante a la fotografía, puede afirmarse que este ilustre español fue también un notable precursor.

En Cuba se perpetúa su memoria en una tarja de bronce ubicada actualmente en el Instituto Superior de Ciencias Médicas “Victoria de Girón” y  con un busto ubicado en el Parque Humboldt, en La Habana.

Fuentes:

  • Santiago Ramón y Cajal: Recuerdos de mi vida 2.ª edición, tomo I, Mi infancia y juventud , Madrid, Imprenta y librería de Nicolás Moya .1917
  • La Fotografia: órgano de la Sociedad Fotográfica de Madrid, números 1 al 5 1901 al 1902
Jorge Oller Oller
Fotógrafo, reportero gráfico. Fundador de la Unión de Periodistas de Cuba y del Periódico Granma. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap