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Un cachorro de León

Célebre es La columna de Segismundo, que durante muchos años apareció en Alfil Dama, la revista insigne del ajedrez colombiano. ¿Quién era Segismundo? Me resultaba evidente que la escribía Boris de Greiff y un día le pregunté el por qué del seudónimo, sabedor de que detrás de cada nombre oculto se esconde también alguna historia.

Me dijo sencillamente que ese era uno de sus cinco nombres… Ahí me enteré de todos, así como de los de su padre León de Greiff  y los de su hijo, que identificamos como Akiba.

-¿Cuáles son los nombres de tu padre, el poeta nacional colombiano?

Francisco de Asís León Bogislao.

-Qué bueno que prevaleció el León. ¿Y cómo te bautizó a ti?

Luis León Boris Carlos Segismundo.

-¿Continuaste la tradición?

-Sí, mi hijo se nombra Boris Akiba León Valentín… En este caso prevaleció Akiba, un homenaje viviente al gran Rubinstein.

-¿Cómo te presentó Miguel Najdorf en 1956 al campeón mundial Mijail Botvinnik?

-De esta manera: “Es hijo del Pushkin colombiano”, lo cual intrigó e interesó al patriarca de los ajedrecistas soviéticos. Yo iba a fungir como analista del carismático Gran Maestro argentino, a petición del propio Najdorf, en el torneo Memorial Aliojin, en Moscú.

Me cautivaron estas letras de tu papá: Volver a ver tras haber visto siempre la cosa misma. Volver a ver por si se ve cosa distinta. ¿Cuándo fueron escritas?

-En 1946, en La columna de Leo.

-¿Era tu padre extranjero?

León observa a su cachorro

-Hijo de sueco con alemana, León de Greiff Häusler nació en Medellín el 22 de julio de 1895 y vivió hasta el 11 de julio de 1976. En 1927 se casó con Matilde Bernal Nichols, de cuya unión nacimos Astrid, Boris, Hjalmar y Axel.

-¿Te enseñó el ajedrez?

-Era un admirador del noble juego, pero como sucedió en el caso de Morphy, fue mi tío Otto –célebre musicólogo- más que admirador un apasionado del ajedrez y además de enseñarme los rudimentos del juego me llevó con nueve años en 1939 a un espectáculo inusual que me cautivó: una exhibición de simultáneas del entonces campeón mundial Alexander Aliojin, en el teatro Colón de Bogotá.

-En cambio, según se ha dicho en medios colombianos, León tiene el mérito de haber sido quien enseñó el ajedrez a finales de la década del 40 a un joven que en 1982 recibiría el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. ¿Es cierto?

-Pudiera ser. Hay obras suyas en las que se recrea el tema del ajedrez, como El amor en los tiempos del cólera y El General en su laberinto.

-¿Cuándo naciste?

-El 13 de febrero de 1930 en Medellín, capital de Antioquia, en el momento justo para ser protagonista de los primeros acontecimientos del ajedrez colombiano, junto con Luis Augusto Sánchez y Miguel Cuéllar Gacherná. Y para servir de puente con una nueva generación encabezada por Carlos Cuartas, con la cercanía de Juan Minaya y José Salvador Rodríguez.

-¿Pero alternaste con otros?

-Con las generaciones siguientes, en las que resaltan Oscar Castro, José Antonio Gutiérrez, Jorge González, Darío Alzate, Raúl Henao, Antonio Agudelo y los primeros grandes maestros colombianos, Alonso Zapata y Gildardo García.

-Le arrebataste una línea en la cronología de campeones a Sánchez y Cuéllar, quienes se repartían las coronas nacionales indistintamente en las primeras 13 ediciones, entre 1946 y 1962. ¿Cuándo fue?

-Cuando tenía 21 años, en 1951. Ese fue el cuarto campeonato.

-¿Por qué Colombia demoró hasta 1946 para organizar su primer campeonato nacional?

-Porque en Barranquilla se iban a disputar los V Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, y por iniciativa de Cuba figuró dos veces el jugo ciencia a modo de exhibición en tales citas: Panamá 1938 y Barranquilla 1946 (no hubo en 1942, por la II Guerra Mundial). Para elegir el equipo colombiano se organizó el primer campeonato nacional.

-¿Cómo se explica que Colombia debutara en olimpíadas en sitio tan lejano como Holanda?

-La XI Olimpíada mundial de ajedrez debía efectuarse en 1954 por segunda vez en Buenos Aires, y con el ajedrez ya organizado en casa, Colombia decidió que era el momento del estreno, por lo que se reglamentó que el equipo saldría del campeonato nacional de 1953. Lo ganó Cuéllar y yo fui subcampeón. Pero a menos de dos meses de la cita, Argentina anunció que no podría organizar la olimpíada. Entonces apareció Holanda y en cosa de mes y medio salvó la continuidad histórica.

-¿En cuántas olimpíadas participaste y cuáles fueron tus mayores éxitos?

-Como jugador, en nueve, hasta Buenos Aires 1978. En Niza 1974, la última con eliminatorias y finales, gané la medalla de plata en el quinto tablero, obteniendo el 75 por ciento de los puntos, y en Haifa 1976, primera por Sistema Suizo, me consagré campeón olímpico, el único que ha tenido Colombia, al conquistar el oro igualmente en el quinto tablero, con el 78,6% de los puntos.

-¿Cuándo llegaron los títulos internacionales?

-El de Maestro Internacional en 1957 (tercero de Colombia) y el de Árbitro Internacional en 1978. Como árbitro he estado en el resto de las olimpíadas.

-¿A cuántos campeones mundiales conociste?

-A todos a partir de Aliojin, trabando amistad con algunos, como mi tocayo Spasski.

-Cuando lo visité en su casa de Bogotá me enseñó muchas fotos y le pregunté ¿Cariño especial por alguna?

-Te voy a mostrar la que constituye mi gran orgullo. Fue la portada de la revista Chess (Inglaterra) en junio de 1962. (Es una imagen del I Memorial Capablanca, en la que el joven de 32 años Boris de Greiff batalla frente a Boris Spasski ante la mirada atenta de Ernesto Che Guevara).

-Hombre cultísimo, fue un simpatizante de la Revolución cubana. ¿Cuáles son tus más gratos recuerdos de Cuba?

La foto de su orgullo

-Mis encuentros con Fidel Castro y el Che. Admiraba también el estilo oratorio y de la palabra escrita de Raúl Roa, canciller cubano en la década del 60…

-¿Alguna anécdota?

-En los años 60 estoy en el lobby del hotel Habana Libre viendo por televisión un discurso de Fidel Castro y comento con énfasis: –¡Este Fidel es un berraco! Repito dos o tres veces mi admiración y eso motivó que al rato un par de desconocidos se me acercaran y con amabilidad me convidaran a conversar a solas.

-¿Cómo continuó?

-Alguien había notificado a la Seguridad del Estado las exclamaciones de aquel extranjero y acudieron a averiguar. Cuando me preguntaron, me mantuve en mis trece y se originó un diálogo “de sordos”. Sorprendía a los agentes cubanos que la expresión no se decía con saña, sino con admiración…

-¿Y cómo se aclaró?

– El asunto se aclaró cuando me preguntaron qué cosa era para mí un berraco, y expliqué que un valiente, un tipo duro y otros sinónimos más viriles. Sobre todo en Medellín, se usa mucho la expresión y cuando algo está de maravillas se dice que “¡esto es una berraquera!”

(Por curiosidad para el lector cuidadoso de los términos ortográficos les digo que según mis investigaciones en Colombia, antes el término se escribía lo mismo con uve que con be, hasta que García Márquez escribió berraco, y así se quedó).

El Tiempo, El Espectador, El Colombiano, Cromos, Semana…

Boris de Greiff era un periodista nato. Los periódicos y revistas del subtítulo eran en los que más escribía, sin contar publicaciones especializadas. No pocas veces lo cite en mis crónicas y con sorpresa descubrí una vez que había hecho lo mismo, cuando me enseñó unos ejemplares de la revista Cromos.

Recoger su periodismo diverso daría varios libros. Parafraseando un conocido proverbio, cachorro de león caza ratón, porque la mayor popularidad de Boris de Greiff en el ajedrez fue por lo mucho que escribió sobre el tema, exhibiendo un estilo (a diferencia de León, más complicado) tan culto como sencillo, capaz de atrapar hasta a quienes pasan por jaque al rey durante el enroque.

En la medida que fue disminuyendo su producción periodística, creció la literaria. Ocurrió inspirado en su tío Otto de Greiff, quien le había regalado su numerosa biblioteca, la cual incluía muchos ejemplares adquiridos en Europa. Boris se encargó de enriquecerla y cuenta que cierto día sintió una voz interior que le decía “Dale utilidad a esa biblioteca”.

Gracias a esa “voz” surgieron los libros: Año 2000: Grandes partidas del Siglo XX. 222 páginas. Lo dedicó a la memoria de Otto de Greiff. Año 2002: Las 500 grandes partidas de la historia. 240 páginas. Año 2004: Jaque al olvido  (Del café al ajedrez magistral en Colombia). 197 páginas. Año 2006: Mil y una partidas. 542 páginas.

Estrictamente personal

Comencé a conocer a Boris de Greiff, en el XI Memorial Capablanca que tuvo por sede a la ciudad de Camagüey, en 1974. No sospechaba entonces que aquel colombiano se iba a convertir en uno de esos amigos imprescindibles, aunque solo coincidiéramos cada cierto tiempo en Cuba, Colombia o un tercer país.

Tuvo la audacia de invitarme en 1996 a una conferencia científica en Medellín, a efectuarse junto con el mundial juvenil. Me pidió que hablara de algo que él conocía muy bien: Periodismo de ajedrez. Le agradezco el honor de haber compartido cátedra con figuras del ajedrez mundial, entre ellas Judith Polgar.

Cuando concluyó la última partida en la olimpíada de Calviá 2004, con la mejor actuación histórica de Cuba, el amigo Boris me trasmitió una efusiva felicitación, y sin proponérselo me dio el título para mi reporte para Juventud Rebelde.

Me dijo eufórico: -El séptimo es excelente, pero es que Cuba no ha quedado séptima, sino tercera, porque Ucrania, Rusia, Armenia, Estados Unidos e Israel, son todos lo mismo, equipos con jugadores de la ex URSS, de modo que es como si la India hubiera sido plata y Cuba bronce.

Coincidimos por última vez en la olimpíada de Turín 2006. Con 76 años continuaba ágil, de cuerpo y de mente. Las distancias que los más jóvenes solo concebíamos en autobús o taxi, para él eran alegres caminatas. Últimamente se le había despertado una afición desaforada por los sudocus. Continuaba levantándose bien temprano, y con la costumbre de salir a comprar los diarios, en cualquier ciudad del mundo en que estuviera.

Pero ahora más que las noticias priorizaba esos “crucigramas de números”, que ya se le hacían imprescindibles para alternarlos con el desayuno. Me preguntó, entre el café y el lápiz sobre el papel, mi opinión sobre el sudocu. Le dije, sin pensar: – Me parece interesante… Es como el ajedrez. Dejó el café y el lápiz. Me miró fijo, serio. Pensé que iba a regañarme, hasta que su rostro se trocó festivo y explotó en expresión que consideré elogio: –¡Eso mismo dice Anand!

 En Turín me habló de Mil y una partidas, su libro a punto de editarse, que me llegó al año siguiente, pero sobre todo platicamos sobre la idea de agregarle otro tomo a Jaque al olvido, ante la gran acogida que había tenido. No sé hasta donde haya avanzado el proyecto. Si sé que para Boris de Greiff no hay olvido.

Fue inscripto en el Libro de oro de la Fide en 2002. Falleció el lunes 31 de octubre de 2011 en su casa de Bogotá, a los 81 años.

La partida suya que les muestro (Ámsterdam, 1954) podría estar entre las 500 mejores de la historia, y si él no la incluyó en su libro, usted y yo, de común acuerdo, podemos darle el número 501.

Blancas: De Greiff  –   Negras: Reilly

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Jesús G. Bayolo
Jesús G. Bayolo
Es periodista e historiador del ajedrez, toda una autoridad del tema en Cuba.

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