PERIODISMO CIENTÍFICO

¿Pueden ser nocivos los alimentos transgénicos?

En días recientes, varios medios de prensa nacionales informaron sobre los resultados alcanzados por el país en la obtención y uso de maíz híbrido modificado genéticamente, que en las pruebas experimentales de campo muestra un notable incremento en los rendimientos de ese cultivo, conocido por los pueblos indígenas de Centroamérica hace más de 7 000 años.

Teniendo en cuenta la polémica desatada en el mundo en torno a la seguridad de los alimentos transgénicos producidos a partir de plantas genéticamente modificadas, Granma intercambió con el doctor en Ciencias, Mario Pablo Estrada García, director de Investigaciones Agropecuarias del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), y reconocido especialista en el controvertido tema.

«Los llamados Organismos Modificados Genéticamente (OMG) comprenden aquellas plantas, animales y microorganismos, cuyo material genético (ADN) ha sido alterado con el objetivo de conferirle características mejoradas específicas, que lo hacen comportarse de manera diferente, a la expresada antes de ser sometidos a tal proceder».

En el caso particular de los transgénicos en plantas, subrayó el doctor Estrada García, estos comenzaron a concebirse en 1986 y consisten en la inserción de uno o varios genes dentro del genoma de un organismo, con la finalidad de incrementar su productividad.

Gracias al desarrollo alcanzado hoy con la referida tecnología, es posible conocer el sitio exacto de implantación del gen foráneo en el genoma modificado, manifestó.

«No pocos de los criterios opuestos a los organismos genéticamente modificados se sustentan en experiencias referidas al mal uso de las indicaciones tecnológicas, la falta de información, deficiente capacitación y las prácticas abusivas de determinadas empresas productoras de semillas a escala mundial.

«De manera general, se manejan miedos relacionados a eventuales efectos dañinos, que podrían tener en la salud humana o la biodiversidad ambiental, pero generalmente, el público no indaga más allá de lo que aparece en medios de comunicación o informes de organizaciones no gubernamentales, que pueden no haberse asesorado con expertos en la materia. Entonces, la pregunta que aparece es: ¿Qué dice la comunidad técnica y científica respecto a esta polémica?».

Quizá para muchos sea novedad, y para algunos sea algo ya conocido, pero a diferencia del ámbito social y político, a nivel científico no existe polémica o controversia respecto a la seguridad de los cultivos genéticamente modificados, resaltó el doctor Mario Pablo Estrada.

«En la actualidad existen más de 280 entidades técnicas y científicas a nivel global, que ratifican la seguridad de los cultivos transgénicos y sus productos derivados. Entre ellas figuran la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la Comisión Europea, la Asociación Médica Estadounidense, la Sociedad de Toxicología Estadounidense, la Unión Internacional de Ciencias de la Nutrición y diversas academias de ciencias de países como EE. UU., Canadá, Australia, Sudáfrica, China, India, México, Chile, Brasil; todas las academias científicas de Europa, por mencionar algunos ejemplos».

Según puntualizó el experto, cuando se afirma que los «cultivos transgénicos son seguros», significa que estos no presentan mayores riesgos que sus similares convencionales no transgénicos, ya que ninguna actividad humana, incluida la agricultura y el mejoramiento genético vegetal, presenta riesgo cero.

«Por más de 10 000 años, el ser humano ha modificado genética y morfológicamente, mediante selección artificial, los cultivos alimentarios. Esta selección de cultivos, sumada a otras técnicas modernas de mejoramiento convencional del siglo pasado, como la hibridación (o cruce) y la mutagénesis radioactiva/química,  produjo cambios genéticos enormes, los cuales son desconocidos, aleatorios y azarosos, sin embargo, han sido la fuente del mejoramiento de los cultivos en los últimos siglos».

A diferencia de los métodos convencionales, los cultivos genéticamente modificados son sometidos a rigurosos y variados análisis de inocuidad antes de salir al mercado. Ello permite evitar lo que ha ocurrido en algunas ocasiones con los producidos por mejoramiento convencional, que resultaron dañinos, apuntó el experto.

«Resulta oportuno señalar que la Comisión Europea financió 130 proyectos de investigación en bioseguridad, donde trabajaron 500 grupos de investigación independientes  durante 25 años. La conclusión fue que no hay pruebas científicas que asocien a los organismos genéticamente modificados, con riesgos más altos para el medioambiente o la seguridad alimentaria, que las plantas y organismos sin someter a ese proceso».

Como asevera el doctor Estrada García, el Gobierno de Alemania ha apoyado alrededor de 300 proyectos de investigación de bioseguridad desde finales de 1980, en los cuales participaron más de 60 universidades e instituciones de investigación. Los resultados demostraron que no hay más riesgo en cultivar OGM que con los cultivos tradicionales.

En el 2014 se publicó, en el Journal of Animal Science, una revisión de la literatura sobre el rendimiento y la salud de los animales que consumen piensos que contienen ingredientes derivados de cultivos OGM, no reveló tendencias desfavorables o perturbadoras en la salud del ganado y la productividad, acotó.

«Vale mencionar que de los más de 3 000 estudios actuales que apoyan la seguridad de los cultivos transgénicos en términos de inocuidad alimentaria y seguridad ambiental, alrededor de la mitad son de financiamiento independiente o gubernamental (no de empresas privadas).

«Tras 40 años de investigaciones a nivel de laboratorios y en campos de prueba, así como dos décadas de consumo humano y animal de cultivos transgénicos en más de 60 países, no se han reportado efectos nocivos a la salud y al medioambiente, muestra de la seguridad de esta tecnología agrícola.

«Otros problemas que se le achacan, erróneamente, como “exclusivos’’ a los cultivos genéticamente modificados, son, por ejemplo, las malezas o insectos resistentes, algo que ocurre por presión selectiva en cualquier cultivo  ya sea convencional, transgénico u orgánico, o la tan mencionada “pérdida de biodiversidad’’, fenómenos biológicos/agrícolas que la agricultura genera desde mucho antes de la introducción de los cultivos genéticamente modificados».

También, explicó el Director de Investigaciones Agropecuarias del cigb, que persisten dudas referentes a los Monocultivos y las Patentes de semillas. Dichos fenómenos aparecieron en la década de 1930 del pasado siglo, cuando se comenzaron a utilizar variedades de alto rendimiento. Por ello no son algo propio ni exclusivo de los cultivos genéticamente modificados. No se debe confundir una tecnología, con aristas que son propias del ámbito económico, político o modelo de desarrollo agroindustrial, resaltó.

«Podríamos eliminar los cultivos genéticamente modificados del mundo, y seguirán existiendo los monocultivos, las patentes, los pesticidas, herbicidas, reducción o recambio de variedades.

«Integrar todas las formas productivas, tener un marco regulatorio fuerte y proactivo,  adoptar manejos de agricultura de conservación, agroecología, junto a los cultivos genéticamente modificados generados por la ciencia nacional, a partir de variedades cubanas, es lo que nos hace únicos, y posibilitará introducir a mayor escala esta tecnología capaz de aportarnos independencia y soberanía», concluyó el científico.

En contexto

Cuba empezará a aplicar a mayor escala el proyecto de maíz híbrido transgénico, el cual tiene como destino la alimentación animal.

Las potencialidades del maíz híbrido transgénico del CIGB se ubican en el entorno de las nueve toneladas por hectárea.

El maíz híbrido transgénico del cigb se adecua a lo establecido en el marco legal que rige en Cuba el desarrollo y empleo de los organismos genéticamente modificados.

La CIGB es resistente a la palomilla del maíz –un gusano que es la plaga que mayormente afecta a estos cultivares en la Isla– y al herbicida más empleado para controlar la maleza; es, además, muchísimo más productiva que las variedades habituales, como ya describimos arriba.

La variedad, al mismo tiempo, requiere del mismo paquete tecnológico (insumos y otros productos) que exigen las que ya se siembran en Cuba; o sea, no tendrán ninguna excepcionalidad, excepto el esmero de los agricultores.

(Tomado de Granma)

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