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Che: el periodismo, la fotografía y el monumento que abriga su memoria

“Te mando el periódico y las proclamas que se han impreso. Tengo la esperanza de que su baja calidad te sirva de shock y colabores con algo que tenga tu firma”.

 Así le escribió el Che a Fidel cuando le envió el primer número de El Cubano Libre, órgano que fundó en la Sierra Maestra siguiendo la huella del periódico creado por Antonio Maceo durante la Guerra de Independencia contra los colonialistas españoles.

El antecedente de esta acción del Che había sido el inicio de las trasmisiones de Radio Rebelde, en La Pata de la Mesa, Sierra Maestra, el 24 de febrero de 1958. El medio se convirtió en el más influyente en la esfera periodística de aquel período de la lucha armada que libraba el Ejército Rebelde contra la tiranía de Fulgencio Batista. En ello no determinó la potencia y el alcance de la emisora, sino en el cumplimiento del principio ético no mentir jamás. En muchas casas se escuchaba la trasmisión nocturna de esa emisora de onda corta.

Después Radio Rebelde pasó a la Columna 1, en la Comandancia general de La Plata, bajo la dirección de Fidel Castro.

Che también fue uno de los fundadores de la revista Verde Olivo, el 10 de abril de 1959, así como su principal orientador y colaborador. Esta publicación, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se inscribe como una de las primeras creadas al triunfo de la Revolución.

En Verde Olivo Che publicó vivencias del Ejército Rebelde, las que después aparecerían en el libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria; además en ella tuvo a su cargo la sección  Consejos al Combatiente y una columna que firmaba con el seudónimo El Francotirador.

El 3 de junio de 1960, el Che publica en Verde Olivo el trabajo titulado El Café, el petróleo, el algodón, el cobre y otras cuotas, en el cual refiere a cómo el gobierno de los Estados Unidos de América ha tratado de cortarle a Cuba todos sus ingresos, de aislarla y destruirla.  En este artículo, al hincapié sobre la cuota azucarera, señaló:

 “Estados Unidos nos agredirá bajando la cuota, simplemente porque ése es el camino del imperio, porque no conoce otra actitud, otra negación que la fuerza y porque, en su soberbia, están acostumbrados a tratar a todo el mundo como si fuera su siervo (…) Que no se equivoquen: Con cuota o sin cuota, Cuba seguirá siempre de pie y nunca de rodillas; ésa es una posición que olvidaron hace largos meses los hombres que llegaron de la Sierra”.

Otras de las grandes pasiones de Che fue la fotografía, lo muestran varias imágenes suyas, captadas por profesionales del lente, en las cuales aparece con una cámara fotográfica en las manos. Casi adolescente reveló la afición por la fotografía y de ahí las fotos de su recorrido en motocicleta el 29 de diciembre de 1951 por países de América Latina, y de la cobertura a los juegos Panamericanos de 1955 celebrados en México, por lo que, al no recibir pago por tal trabajo, se dedicó a fotógrafo ambulante en las calles mexicanas  

En la etapa de guerrillero en la Sierra Maestra solía hacer fotos, así como en  sus viajes como dirigente del gobierno revolucionario a Europa, Asia y Medio Oriente.  También se conservan en archivos sus autorretratos. Uno de ellos, de cuando estuvo en Tanzania, tras haber pasado ocho meses en la guerrilla del Congo. Las fotos realizadas por el Che se han mostrado en exposiciones dentro y fuera de Cuba.

De su conmovedora despedida, en carta a Fidel, son estas palabras: “Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos.” Cayó combatiendo en Quebrada del Yuro, Bolivia, el 8 de octubre de 1967. Unas cuatro horas duró el combate.  Lo hieren en las piernas y una bala inutilizó su fusil.  En estas condiciones es apresado y conducido a una escuelita de Higuera, donde lo asesinan.

El pueblo cubano lloró la noche en que Fidel dio a conocer la triste noticia, y esperó durante años a que los restos del Guerrillero Heroico, secretamente enterrados en Bolivia, fueran hallados y trasladados a Cuba. Y, ¿dónde mejor que en Santa Clara para erigir su memorial

La respuesta obliga evocar los finales de diciembre de 1958, cuando en Santa Clara el Comandante Ernesto Che Guevara llevó a cabo la más trascendental de todas sus misiones guerrilleras, al frente de la Columna número 8 Ciro Redondo.  La Batalla de Santa Clara se inició el 29 de diciembre con la toma de las posiciones en la Loma del Capiro, lo que aceleró la derrota de las fuerzas enemigas y la proclamación de la victoria, el 31 de diciembre.

Desde 1997 los restos del Che, junto a los de sus compañeros caídos en Bolivia, reposan en el Conjunto Escultórico Memorial Comandante Ernesto Che Guevara, ubicado en la avenida de Los Delfines, entre Circunvalación y Avenida 9 de abril, cerca de la entrada a Santa Clara.

El Complejo está integrado por la plaza, la tribuna (con 2000 metros cuadrados de extensión y capacidad para unas 900 personas), el memorial, el museo, el salón de protocolo y el memorial. Ostenta la condición de Monumento Nacional, otorgado en  2002. 

El artífice de la magna obra fue el destacado artista de la plástica José Delarra. “Como arquitecta decidí aceptar el desafío de hacer edificable el proyecto que él había ideado, y nunca me he arrepentido, dijo Blanca Hernández en entrevista para la revista Bohemia. “Él concibió todo el exterior del monumento, incluso las formas que iba a tener la base; no solo los murales y la figura. En este caso, hay un trabajo avanzado del escultor, muy poco frecuente”.

En dicho texto, titulado Una historia compartida, la arquitecta cuenta que en aquella etapa ella le hizo a Delarra algunas propuestas de cambios que él aceptó. “La primera, elevar la base del terreno para ventilar las locaciones de abajo (el museo y la sala de protocolo) y retirar hacia el interior las vigas y estructuras de esta. Otras dos fueron: añadir el pretil que rodea al monumento para dar unidad a la base y tapar la estructura y, además, agregar una tercera escalera en la parte de atrás, que da acceso al monumento y al actual Memorial”.

Luego —agrega la entrevistada— le planteé la idea de reducir la base del monumento, pero él no estuvo de acuerdo”. Posteriormente, el proyecto sufrió otras variaciones a partir de decisiones directivas: la disminución de la altura del pedestal (de 18 a 10 metros), la eliminación de una torre y del poliedro” (esfera de tres metros de diámetro que giraría sobre su eje); sin contar que en sus orígenes se contempló la posibilidad de colocar la escultura en la Loma del Capiro y de hacer un parque en vez de una plaza, dada las características del terreno.

En cuanto al área de la Plaza, agregó Blanca, Delarra había previsto una dimensión general de ese espacio y algunas características, pero el proyecto arquitectónico fue diseñado por Jorge Cao, de la EMPROY 9. Y el escultor estuvo de acuerdo con dicha propuesta.

“Seis años de labor intensa y de tensiones concluyeron el 28 de diciembre de 1988, con la inauguración hace casi 30 años del entonces llamado Conjunto Monumentario, hoy Complejo Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara”.

En el mismo reporte se expresa cómo la oportunidad de poner en ese lugar de memoria los restos del Che y sus compañeros (casi diez años después de su inauguración), dio total sentido a todo aquel trabajo de seis años, dijo el escultor al periodista Carlos Rafael Jiménez, de Radio Rebelde.

“La obra, sin embargo, también trasciende por sus valores artísticos. Como monumento a un personaje histórico, esta escultura del Che es atrevida. Su presentación es informal: tiene el brazo enyesado y un gesto del andar cotidiano. Se torna mística debido al tratamiento del modelado, que exhibe un cierto estilo expresionista, apreciable desde varios ángulos; y por el alma que le puso el artista. Al observarse desde abajo, parece que al mismo tiempo levita y se conecta con la realidad. La proyección de la escultura en el espacio trasmite una fuerza y energía que cautiva. Su factura no es, en consecuencia, portadora del realismo frío de una estatua conmemorativa, como algunos han querido estigmatizarla”.

Por otra parte, “el Memorial, sitio donde desde 1997 reposan los restos de los guerrilleros, tomó su área de aquel enorme salón de protocolo concebido en la segunda fase del proyecto presentado por el escultor.

“Los arquitectos Blanca Hernández y Jorge Cao fueron los proyectistas de la nueva ocupación del espacio; Delarra concordó con el planteo y, además, modeló los 38 rostros de los héroes que están en los nichos, aunque no estaba previsto en la concepción de dichos especialistas. También diseñó los osarios que se hallan en el interior de los mismos”.

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