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COLUMNISTAS

El que vibra en las montañas

La excepcionalidad puede tener diversos formatos y lo sorprendente también. Si no, ¿cómo explicar que en un territorio tan pequeño nacieran científicos como Carlos J. Finlay, deportistas de alta talla  -es el caso de Font y Capablanca-, o,  en el terreno de la genialidad precursora y combatiente, Martí y Fidel?

Se extraña al Comandante en Jefe en días como estos, de epidemia y zozobras. Por fortuna, dejó simiente bien sembrada para encarar retos poderosos.

Para muchos periodistas dejó imborrables recuerdos. Bendecida fue mi generación con la oportunidad de estar cerca muchas veces de este hombre inmenso, verlo predecir cuanto pudo entenderse como un imposible, pero finalmente ocurrido.

Esa luz larga de estratega o gran visionario,  le hizo anticiparse al problema climático, tan en boga después y tan urgente según transita el tiempo. Su humanismo, junto con un acendrado concepto de solidaridad, le llevó a crear un potente sistema sanitario y darle oportunidad a muchos jóvenes latinoamericanos de formarse como médicos.

En este amplio mundo hay miles de ellos y también ingenieros y técnicos diversos, salidos de las universidades y escuelas cubanas. Como quien vigila la siembra, Fidel visitaba esos centros de enseñanza con cierta asiduidad. Fue hermoso, estimulante y comprometedor, verlo dialogar con africanos, asiáticos o indígenas de nuestro continente.

Fue de los que meten el cuerpo en aquello promovido. Le recuerdo en un improvisado campamente camagüeyano en abril de 1965, cortando caña en la primera Jornada de la Victoria. Allí nos dio lecciones de varios calibres cuando respondía a preguntas capciosas de corresponsales extranjeros llegados para preguntarle dónde estaba el Ché.

De Angola hay grandes anécdotas. Él mismo nos contó en un pleno de la UPEC en el Palacio de Convenciones, cómo fue, paso a paso, la Batalla de Cangamba, que con la de Cuito Canavale, estuvo entre la decisivas para la victoria sobre la reacción interna y vía para el derrumbe del apartheid sudafricano y la independencia de Namibia y Zimbabwe.

No por curioso azar, fue una derrota del imperialismo en África, tal como fue la primera en nuestra región, la paliza a los mercenarios entrenados por la CIA para invadirnos por  Girón.

La agenda del pleno en cuestión fue concebida para debatir asuntos profesionales. Fue la primera oportunidad en la que habló sobre “el caballo con mataduras” que debía ser curado. Esa imagen contenía una autocrítica sobre nuestro proceso y una advertencia  con respecto a lo por reparar

Fue en una madrugada inspiradora, cuando nos contó lo de Cangamba, con tanto detalle, que se hizo obvia su participación directa en el complicado escenario de combate, asistido a distancia.

Durante la inmensa campaña por la deuda externa le vimos en otras larguísimas jornadas de debate con delegados  de América  Latina y en aleccionantes encuentros donde trató la inviabilidad del neoliberalismo, que puede tragarse hasta lo mejor de sus propios promotores.

Fue capaz –parece increíble- de anticipar uno de los acontecimientos más fuertes y de terribles consecuencias ocurridos en el siglo XX: La implosión de la URSS. Y lo dijo en plaza pública con la naturalidad de quien, tristemente convencido, advierte.

Estuvimos cerca -privilegio que agradezco a esta profesión- cuando dio inicio a los trabajos para la ampliación del polo científico con el centro de biotecnología. Muchos le creyeron alucinado, porque ya transitábamos por el Periodo Especial.

Concebir una obra de tanta envergadura y perspectiva, en medio de una crisis económica descomunal, abandonados a nuestra suerte, resultó una venturosa hazaña, lo estamos comprobando hoy, en medio de una voraz pandemia, cuando cumple 94 años y sigue ahí, en su obra, por donde quiera.

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