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A 30 años del inicio del Período Especial en Cuba y las enseñanzas de la Historia (III)

IV

La estrategia para enfrentar la crisis del Período especial en la práctica fue resistir el impacto de la crisis al menor costo social posible y reinsertar la economía cubana en las nuevas condiciones de la economía nacional e internacional, contando con el consenso político indispensable para ello.

Frente a la complejidad de las circunstancias no se elaboró un programa previo para su aplicación, sino que la estrategia se fue conformando de acuerdo al desarrollo de los acontecimientos y tomando en cuenta un conjunto de principios que garantizaran la vigencia del socialismo en la sociedad cubana.

Entre esos principios Fidel destacaría la importancia de preservar el poder y la participación democrática del pueblo para garantizar su apoyo a las decisiones adoptadas, incluso al tratarse de las medidas más complejas.

Precisamente en uno de los discursos medulares de estos años pronunciado el 6 de agosto de 1995, el Comandante en Jefe resaltaba estos principios y las difíciles medidas que el país había tenido que adoptar.

En primer lugar se señalaba: “La clave de todo, compañeras, compañeros y amigos, la clave de todo es la cuestión del poder. (…) ¿Quién tiene el poder? Esa es la clave, porque si lo tiene el pueblo, si lo tienen los trabajadores, no los ricos, no los millonarios, entonces se puede hacer una política a favor del pueblo…” En segundo lugar Fidel subrayaba: “Esta idea clave está asociada a la cuestión de la democracia y (la) participación.”

Solo bajo esos principios fue posible lograr que el pueblo entendiera y aprobara, las decisiones que hubo que adoptar en el Período especial.

Una muestra de esas duras decisiones se encuentran en el mencionado discurso, cuando el máximo dirigente de la Revolución expresaba, con total valentía política y transparencia: “Hemos dicho que estamos introduciendo elementos de capitalismo en nuestro sistema, en nuestra economía, eso es real; hemos hablado, incluso, de consecuencias que observamos del empleo de esos mecanismos. Sí, lo estamos haciendo. (…) Debemos decir la verdad, que iniciamos este camino fundamentalmente porque era la única alternativa para salvar la Revolución y salvar las conquistas del socialismo. (…) Y estábamos conscientes de las desigualdades que creaba, de los privilegios que creaba, pero tuvimos que hacerlo y lo hicimos. (…) Ninguna de estas cosas que nos desagradaban dejaban de desagradar al pueblo, muy sensible, ultrasensible a cualquier desigualdad, a cualquier privilegio, porque en esas ideas lo educó la Revolución, pero también lo educó en la idea de que hay que salvar la patria, hay que salvar la Revolución (…) y es realmente muy estimulante para todos nosotros el captar hasta qué punto el pueblo ha sido capaz de comprender todo esto.” (Castro, 1995).

V

A 30 años de aquellos momentos, no puede olvidarse que la crisis del Período especial produjo un impacto colosal en la sociedad cubana.

En lo económico, entre 1989 y 1993 el PIB cayó un 34,8%; la producción agrícola se redujo un 47,3%; las inversiones disminuyeron un 61,8% y las importaciones se rebajaron un 75,3%; al mismo tiempo se dejó de pagar casi totalmente la deuda externa. Como resultado de esta negativa evolución, la productividad del trabajo sufrió un descenso del 33,7% y en la esfera monetario-financiera, el déficit presupuestario alcanzó en 1993 el 30,4% del PIB.

Los impactos en la población se manifestaron en una reducción del consumo de los hogares por habitante de un 34,6%; la alimentación disminuyó un 34,5% en términos de calorías y un 37,7% en proteínas y la presión inflacionaria aumento 3 veces en términos de liquidez en manos de la población, que llegó al 66,5% del PIB, con el consecuente incremento de los precios en más de 4 veces. También golpearon muy duramente los cortes de electricidad[2] que hubo que aplicar debido a la falta de combustible, cuando la capacidad de generación de energía eléctrica descendió del 77,7% del potencial en 1989 a solo el 38% en 1994.

De no menor importancia, fue la paralización del transporte público en el país, lo que llevó a que –como única alternativa posible- se importaran más de 800 mil bicicletas para asegurar un mínimo la movilidad de la población.

Otros impactos negativos se registraron en la salud pública, asociados a la aparición de una epidemia de neuropatía óptica y periférica, que afectó a 54 294 personas, para una tasa de 493,3 por 100 mil habitantes entre 1992 y 1996. Entre los factores causantes de esta enfermedad se señalaron la presencia de factores nutricionales y tóxico-metabólicos.[3] De igual modo, se presentó una epidemia de conjuntivitis hemorrágica, que entre 1989 y 1994 tuvo una incidencia estimada de 426,5 casos por 100 mil habitantes.[4] A esto se añadió un déficit en la disponibilidad de medicamentos que se estima alcanzó unos 400 renglones en 1994.

Para enfrentar estas situaciones críticas, entre 1990 y 1994 se adoptaron un conjunto de medidas en el marco de la estrategia ya apuntada.

Inicialmente la toma de decisiones más complejas se aceleró en el primer semestre de 1993 debido a la caída de la producción azucarera, que provocó la pérdida de ingresos por 450 millones de dólares; la disminución de los precios del níquel en un 23% en un año y a esto se sumó la Tormenta del Siglo, que en marzo causó pérdidas por alrededor de 1 000 millones de dólares.

En el verano de ese año el país encaró una fuerte agudización de la crisis, que provocó la adopción urgente de un conjunto de importantes modificaciones de la política económica vigente hasta esos momentos, lo cual fue explicado por Fidel en el discurso del 26 de julio de 1993.

De tal modo, en un breve plazo se aprobó el Decreto-Ley Nº 140 que despenalizó la tenencia de divisas y autorizó el envío de remesas al país, al tiempo que introducía la segmentación de la economía cubana mediante la dualidad monetaria y cambiaria, como una vía para evitar la devaluación oficial del peso cubano y la pérdida total de confianza en la moneda nacional por parte de la población. Para la captación de las divisas que comenzaban a circular, se creó un sistema de Tiendas de Recaudación de Divisas (TRD), las que –a través de un mecanismo comercial- redistribuían parte de los ingresos captados para satisfacer otras necesidades sociales.

Paralelamente se emitió el peso cubano convertible (CUC) en diciembre de 1994, el que se cotizaría a la par con el USD y en octubre de 1995 se creó el sistema de casas de cambio (CADECA), con el que se cerró el sistema que creaba el vínculo institucional indispensable entre el peso cubano, el CUC y el USD en la circulación monetaria de la población.

De igual modo se emitió el Decreto-Ley Nº 141 que retomó la apertura al sector privado mediante el trabajo por cuenta propia[5] como una vía de generar empleo ante la contracción de las empresas estatales y de brindar un grupo de bienes y servicios, frente a la contracción en la oferta de los mismos.

Como una medida de gran importancia en la esfera agropecuaria se aprobó el Decreto-Ley Nº 142 que traspasó -mediante el  arriendo de las tierras- una parte significativa de la gestión agrícola estatal, a las nuevas Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), como una alternativa para reducir el tamaño de las explotaciones agropecuarias y generar el uso de recursos escasos en pequeña escala, en tanto que se estimulaba directamente a los trabajadores bajo formas de gestión más eficientes al actuar como cooperativistas.

Todas estas medidas fueron precedidas por la Ley de Reforma Constitucional, que se aprobó en la ANPP en julio de 1992 y que reconoció –entre otras importantes medidas- las empresas mixtas con capital extranjero y eliminó el monopolio estatal del comercio exterior.

Finalmente, luego de una amplia discusión popular en los primeros meses de 1994 mediante los denominados Parlamentos Obreros, se aprobó en la Asamblea Nacional de mayo un Programa de Saneamiento Financiero Interno, medida esencial para revertir las crecientes presiones inflacionarias que se registraban, unido a la reducción del déficit presupuestario. Ese programa suponía una elevación de precios minoristas  de productos y servicios no esenciales y la reducción de los subsidios por pérdidas a las empresas estatales.

Estas medidas fundamentales fueron complementadas en agosto por la aprobación de la Ley Nº 73 Del Sistema Tributario, una legislación que adecuaba el sistema fiscal a las nuevas circunstancias.

VI

La batalla del Período especial por la sobrevivencia de la Revolución comenzó a dar los primeros frutos en el propio año 1994.

En efecto, el PIB frenó su caída y aumentó un modesto 0,7%; las inversiones se incrementaron un 1,9%; igualmente crecieron un 15,1% las exportaciones de bienes; el déficit de cuenta corriente se redujo un 30% y el déficit fiscal bajó hasta el 7,4% del PIB. La producción de petróleo se incrementó un 16,6%, la generación eléctrica un 8,7% y los ingresos del turismo un 18,1%. También mejoró la construcción de viviendas, que creció un 23,4% en 1994.

Por su parte la liquidez en manos de la población cayó del 66,5% al 48,8%, en tanto que la cotización del peso, que llegó hasta unos 150 por USD en los primeros meses de 1994, cayó a 35 al abrirse CADECA en octubre de 1995, todo lo cual reflejaba un importante descenso de las presiones inflacionarias.

En el orden social, la tasa de mortalidad infantil fue de 9,9 por mil nacidos vivos, una cifra inferior al 11,1 de 1989; la esperanza de vida al nacer creció hasta 74.83 años y la cantidad de habitantes por médico se redujo hasta 202. También aumentó un 4,6% el insumo de calorías de la población y un 4,4% el insumo calórico.

Un importante elemento compensatorio fue el seguro de desempleo, que comenzó a aplicarse en 1990 y que alcanzó al pago del 60% del salario de las personas sin empleo durante un número de meses hasta encontrar una ubicación laboral aceptable.

Sin embargo, más allá de los avances alcanzados en el orden económico y social, frente a las dificultades de estos años se registraron negativos impactos no fácilmente conmensurables en la subjetividad de las personas, que provocaron un relajamiento social y conductas socialmente reprochables, lo que derivó en el incremento de las tensiones sociales, las que tendrían su expresión más aguda con la llamada crisis de los balseros en el segundo semestre de 1994.

En la base de estos conflictos, con un impacto de mayor extensión y calado en el tiempo, estaba el deterioro del nivel de vida de la población, que se expresaba -entre otros indicadores- a partir de una caída estimada de 56% del salario real en cuatro años, lo que incidía directamente en su nivel de vida.

Paralelamente, durante esta etapa se inició una distribución regresiva de los ingresos en medio de las presiones inflacionarias presentes en el Período especial, las que se agudizarían con la introducción de las remesas de divisas –captadas por solo una parte de la población- a partir de agosto de 1993. Esta situación llevó a un deterioro del coeficiente GINI, que se estima llegó a una cifra entre 0.38 y 0.40 en los años 90.[6]

De este modo, a pesar de los esfuerzos realizados por el Estado para minorar el impacto de la crisis, no fue posible impedir en estos años el inicio de un proceso de reestratificación social, el que -según la socióloga Mayra Espina-, llevó a que el índice de población en riesgo de no satisfacer sus necesidades elementales aumentara de 6,3% en 1986 a 14,7% en 1995.[7].

Esta polarización social creó condiciones favorables para el incremento de las conductas antisociales, con fenómenos tales como la prostitución[8], la corrupción y el delito, comportamientos en los que también se expresaba una pérdida de valores morales por un segmento de la población, coyuntura que no se superaría rápidamente.

En efecto, años después en el discurso pronunciado por el presidente Raúl Castro ante la Asamblea Nacional en julio de 2013, se reconocería aún el impacto de esta situación al señalar: “Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de Período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.[9]

VII

La experiencia histórica demostró que al iniciarse una gradual recuperación en 1994 muchas cuestiones quedarían aún por resolverse, ya que el nivel del PIB de 1989 solo se recuperaría en el 2004, pero se iniciaba un avance sin retrocesos, aun en medio de un recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos y también de la hostilidad de los gobiernos neoliberales de los países ex socialistas europeos, que presionaban constantemente para cobrar adeudos sin asumir la responsabilidad por los daños causados por la ruptura unilateral de convenios y contratos pactados.[10]

Los primeros años del Período especial dejaron múltiples enseñanzas.

En general, las decisiones en los momentos más agudos de la crisis se adoptaron con rapidez, bajo la dirección del Comandante en Jefe, pero siempre se consultaron masivamente y se tomaron muy en cuenta las opiniones de la población.

No hubo improvisaciones, pues al producirse los cambios estuvo siempre presente la previsión de sus posibles efectos positivos y negativos, rectificándose ágilmente, cuando fue preciso, las medidas que no dieron los resultados esperados. Muchas de las decisiones adoptadas no tendrían un carácter irreversible y otras fueron consideradas concesiones temporales.

En lo económico,  ya desde entonces el modelo adoptado mantuvo el predominio de la propiedad estatal en la economía cubana, al tiempo que se abría un espacio a otras formas de propiedad social como las cooperativas en la agricultura y a esquemas no estatales como el trabajo por cuenta propia en un grupo de ocupaciones, así como la asociación con capital extranjero.

Este proceso fue acompañado por una mayor descentralización de la gestión de las empresas públicas y por el reconocimiento más amplio del mercado junto a una planificación centralizada más flexible.

Fue igualmente un proceso adaptado a las condiciones específicas de Cuba, si bien se estudiaron las experiencias de países como Vietnam y China.

Como han demostrado los análisis realizados por el gobierno cubano en los años más recientes, hoy se demandan cambios que permitan superar las insuficiencias del modelo económico cubano, propósitos  plasmados en la Conceptualización aprobada en el 2016.

En las actuales circunstancias, cuando se enfrenta una crisis económica internacional y se combaten los efectos de la COVID-19, las experiencias exitosas del Período especial resultan de un significativo valor y no deben ser ignoradas, especialmente en lo que se refiere al enfrentamiento a las situaciones más críticas.

BIBLIOGRAFIA

Batista, Ricardo y Carmen Serrano (1997) “Neuropatía epidémica. Descripción clínicopatológica y epidemiológica” Revista Cubana de Medicina General Integral, La Habana, Nº 3, Mayo-Junio de 1997 en www.scielo.sld.cu

-Castro, Fidel (1995) “Discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro en la clausura del Festival Internacional Juvenil Cuba Vive, el 6 de agosto de 1995” en www.cuba.cu

-Castro, Raúl (2013) “Raúl Castro: Orden Disciplina y Exigencia en la sociedad cubana, premisa indispensable para consolidar el avance de la actualización del modelo económico” julio 7 del 2013 en www.cubadebate.cu

-Elizalde, Rosa Miriam (1996) “Flores desechables. ¿Prostitución en Cuba? Editora Abril, La Habana, 1996.

-Espina, Mayra, Lucy Martín y Lilia Núñez (2001) “Reajuste económico y cambios socioculturales” Cuba Socialista Nº 21, 2001.

-INFOMED (2017) “La conjuntivitis hemorrágica en Cuba y en las Américas. Actualización” Temas de Salud. Vigilancia en Salud Pública, La Habana, junio 30 del 2017 en www.temas.sld.cu

-Rodríguez, José Luis (2015) “Cuba: A 25 años del inicio del Período especial” CUBAINFORMACION 19 de septiembre del 2015 en www.historico.cubainformacion.tv

[1] Este trabajo es un resumen de los capítulos 1 y 2 del libro inédito del autor “El Período especial en Cuba: La batalla económica” Ver también Rodríguez (2015).

[2] Estos cortes llegaron a ser de 12 horas diarias en muchas partes del país.

[3] Ver Batista y Serrano (1997). Esta situación condujo a la necesidad de distribuir masivamente complementos vitamínicos para la población.

[4] Ver INFOMED (2017).

[5] El ejercicio del trabajo por cuenta propia fue autorizado por primera vez en 1978 mediante el Decreto Ley Nº 14, pero esta decisión fue prácticamente revertida en el proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas a partir de 1986.

[6] Otros estimados no oficiales lo ubican en torno a 0.50.

[7] Ver Espina et al (2001).

[8] Ver Elizalde (1996).

[9] Ver Castro (2013).

[10] En el caso de Rusia, estas condiciones comenzaron a modificarse bajo el gobierno de Vladimir Putin a partir del año 2000. En el año 2013 se renegoció en condiciones favorables para nuestro país el pago de la deuda reclamada a Cuba por Rusia.

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Puede ver los artículos anteriores en este enlace:

José Luis Rodríguez
José Luis Rodríguez
Asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Fue Ministro de Economía de Cuba.

One thought on “A 30 años del inicio del Período Especial en Cuba y las enseñanzas de la Historia (III)

  1. Opino que las mejores enseñanzas no las aprendimos. No hemos a prendido a ser previsores en la economía. O lo que es peor, cuando somos capaces de prever que vamos por el camino equivocado no somos capaces de tomar medidas rápidamente. Y lo otro que si hemos a prendido y que hoy nos hace mucho daño porque le quita credibilidad a lo que decimos y hacemos es que cuando percibimos que la situación dejar de ser todo lo mala que era comenzamos a desmontar lo que hicimos sin importarnos nada ni nadie. Hemos a prendido a luchar contra el burocratismo con más burocratismo a tal punto que ya no sabemos implementar nada sin él. Hemos aprendido a implementar medidas como última y única alternativa lo que no nos permite evaluarlas bien ni monitorear su marcha objetivamente. Y todo esto es una verdadera lástima porque no hay mejor idea de proyecto social que esté en la historia de la humanidad. Es tan noble que a pesar de todo hoy muestra logros sociales imposibles de alcanzar por sociedades verdaderamente ricas. No tiremos por la borda con decisiones tardías el mayor bien con que cuenta el proceso: el apoyo de la mayoría y la unidad en torno a la idea. Respetemos el enorme sacrificio del pueblo durante tanto tiempo. Démosle lo que tanto anhela. Si vemos que no podemos, démosle paso a otros más capacitados y comprometidos.

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