COVID-19. Reportes periodísticos

Alrededor de 50 millones de personas sufren hambre en América Latina y el Caribe

América Latina es la región donde la inseguridad alimentaria aumenta más rápidamente, al punto que no cumplirá con el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 que plantea un escenario de hambre cero para ese año, al contrario de la meta, habría 20 millones de personas más con hambre para ubicar el total en 67 millones.

Esas conclusiones forman parte del informe anual Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo, presentado este lunes por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el cual contabiliza que más de 47 millones de personas sufren hambre en la región.

La proyección es alarmante -asegura el estudio- sobre todo porque aún no incorpora el impacto de la pandemia de la COVID-19, el cual agravará la situación, incluso de manera superior a la que muestra el análisis.

Por eso, el representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, dijo que el área necesita una respuesta extraordinaria de los Gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones multilaterales.

Así también, el directivo lamentó que la región esté actualmente en peor situación que en 2015 cuando se comprometió con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Desde entonces-enfatizó-el hambre afecta al 7, 4 por ciento de la población, cifra que aumentará para 2030 hasta el 9, 5 por ciento.

En cuanto a la inseguridad alimentaria-subraya el informe- África es el continente que destaca en términos absolutos, sin embargo, es en América Latina y el Caribe donde esa condición aumenta con mayor velocidad.

Desde esa perspectiva, el nueve por ciento de la población regional sufre inseguridad alimentaria grave, lo que significa que las personas se han quedado sin alimentos y en el peor de los casos, pasan uno o varios días sin comer.

Paralelamente, casi un tercio de los habitantes de la región (205 millones de personas) vive en condiciones de inseguridad alimentaria moderada, es decir con incertidumbre sobre su capacidad de obtener alimentos, lo que determina una reducción en la cantidad o calidad de la comida consumida.

El elevado costo de una dieta saludable en todo el mundo, fue uno de los puntos más relevantes en el análisis. Según la publicación, a nivel global son 3 000 millones de personas las que no pueden permitirse una dieta beneficiosa, condición que impone un agudo incremento de enfermedades no transmisibles como la obesidad, la diabetes y las afecciones cardiovasculares.

La FAO recordó que la mala alimentación tiene un costo elevado en los presupuestos nacionales, que se ven obligados a asignar una gran cantidad de recursos para atender los padecimientos crónicos resultantes de los negativos hábitos alimenticios, por lo que asegurar el acceso de miles de millones de personas que no puedan pagarlas ahorraría billones de dólares a la economía mundial, tal como insiste la investigación.

Para avanzar en esa dirección -concluye- urge el restablecimiento de incentivos agrícolas que permitan un aumento en la producción de frutas, hortalizas y alimentos ricos en proteínas animales y vegetales.

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