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Un virus aislado… en su propia Isla

Este sábado serán 50 días. Ese ha sido el tiempo exacto de una cuarentena que oficialmente aisló a Turiguanó… aún más, cuando todos debieron pensar que la geografía facilitaría las cosas porque allí se sale por donde mismo se entra (y la Cayería Norte vendría siendo una extensión de tales circunstancias).

Pero el mapa del SARS-CoV-2 no se traza en fronteras terrestres y aislarlo, así, no lo ha dejado con signos de debilitamiento. Muy por el contrario, pareciera que se “reactiva” en los tres casos confirmados de esta semana; que acorralado el virus descarga su virulencia, que Turiguanó ha sido un caldo donde se ha cultivado a pesar de pesares que no han tenido mucho peso.

O pareciera, incluso, que los suecos y los ingleses intentan exportarnos su inmunidad de rebaño, estimada en más de un 70 por ciento de la población que tendría que ser infestada para que al virus se le dificulte llegar a personas susceptibles y cortemos, “ sin querer” la transmisión. Una resistencia que podría ser el antídoto mientras las vacunas sigan siendo proyectos.

Sin embargo, bien sabemos que nada de eso explica los acontecimientos de la “isla avileña”. Demostrado está que el virus necesita reproducirse para sobrevivir, que aislado muere si no nos mata primero y que las huellas que dejan sus trazas en los sobrevivientes no alcanzan para enfermar a otros.

Sabemos, además, que en Cuba los eventos de trasmisión se abren y se cierran, y eso se ha ejemplificado unas treinta veces en esta pandemia. Y observamos cómo, mientras no se cierran, hay desvelos y se protege a toda la población, no solo sus grupos vulnerables. Conocemos que la inmunidad la buscamos en los laboratorios y no en las calles.

Por tanto, las razones de Turiguanó apuntan a otros “nortes” que hace casi cincuenta días comenzaron a aflorar en comentarios a nuestro sitio web y cuyos casos confirmados, a la postre, conducen a una evidente admisión: el control ha fallado. Y la enseñanza flota hoy en Turiguanó, insertada a la extensa lista de contrasentidos: el aislamiento no ha sido efectivo ni en una Isla, dentro de otra Isla.

En abril, un comentarista dijo que “al parecer la cuarentena no alcanza para todos, hay trabajadores del cayo, que entran y salen a su antojo”. Una semana después, otro forista expresó que “no hay tal aislamiento, la gente no entiende”. Luego, los nuevos casos desataron otra oleada de comentarios denunciando “que transitan sin nasobuco y visitan vecinos, niños jugando en la calle”, mientras otros cuestionaron “cómo no han organizado la venta de los diferentes productos de forma que se distribuyan por áreas”.

Las redes sociales, a su vez, azuzaron la idea de que allí la falta de restricciones podía representarse con curvas y hasta con picos.

Los tres casos recientes de esta semana, que cortaron la segunda racha de ceros en la provincia, lo confirman, en parte. El caso 94, por ejemplo, fue un joven de 24 años, vecino en ese momento de la señora fallecida (caso 28).

Al cierre del 24 de mayo, mientras se cumplían dos meses exactos de la epidemia llegaría el caso 95, otra vecina del caso índice.

Tampoco esa mujer de 53 años salió como contacto en aquella ocasión y las sospechas podrían indicar eslabones intermedios que al no ser identificados (y asintomáticos) han extendido la cadena de manera retorcida. Por eso, quizá, la geografía de la cuadra no alcance a explicar conexiones tanto tiempo después; si encima coincidimos en que no todos se han quedado en casa.

Y quizás por eso sorprendió a pocos el caso 96 de este miércoles; una mujer de 33 años, vecina también de la fallecida, que declaró 26 contactos. Nótese el número: 26 contactos en medio de una cuarentena. Entonces el asunto está lejos de terminar. Eso, según los epidemiólogos, debe ser 28 días después del último confirmado.

Esa línea de tiempo se ha intentado acortar con estudios casi masivos para despejar dudas. El examen propuesto por el Grupo Técnico provincial y aprobado por el Ministerio de Salud Pública, ha analizado con PCR-RT a más de 800 personas y los resultados pendientes dejan entrever que en esa isla podrían salir a flote otros sustos.

Sobre todo ahora que ya sabemos que el virus transita a su fase endémica y controlarlo, y no desterrarlo, es la opción de un país, cuyos especialistas prevén rebrotes para noviembre y días “normales” de entre 10 y 20 confirmados. Por suerte, es el mismo país que lidera las cifras de recuperados en la región (con el 87,8 por ciento de sus confirmados en casa) y disminuye sus muertes diarias y sus estados críticos y graves.

Dichas estadísticas podrían equipararse a las del estado norteamericano de Pensilvania, con una población similar a la de Cuba, tal y como señalara Rosa Miriam Elizalde en el diario mexicano La Jornada. Solo que allí —hacía notar—, se contaba con 35 veces más casos confirmados y 63 veces más víctimas letales.

“Las cifras, sin importar cuáles sean, son trágicas, pero las comparaciones alimentan la perplejidad”, decía la colega, mientras la portada de obituarios del New York Time ilustraba la magnitud de una epidemia que aquí nos empeñamos en domesticar.

Pero en esta isla avileña, que habita en la otra gran Isla, deben empeñarse más porque todavía no ha podido.

(Tomado del periódico Invasor)

El misterio de Turiguanó
El misterio casi explicado

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