MARTÍ

El periodismo magno de José Martí

Periodismo magno el de quienes en papeles condenados a desaparecer en horas o días, escriben para años. Así escribió José Martí en el diario La Nación, en 1895 y justo así escribió toda su vida, un periodismo magno que fue profesión, oficio y modo de existir.

Dieciséis años y ya había publicado sus primeros trabajos en El Diablo Cojuelo, periódico creado por él y su amigo Fermín Valdés Domínguez. Apenas nueve días más tarde, La Patria Libre fue el nuevo diario que recogió sus letras.

La prolijidad de su práctica periodística es indiscutible y la prueba está en las más renombradas publicaciones de la época, en las que apareció su nombre acompañando artículos, críticas de arte, crónicas. Sin importar el género o el tema, Martí escribió sobre historia, literatura, filosofía, guerras, política, educación, arquitectura, moda, ciencia, haciendo de su obra una auténtica crónica periodística, como señaló la ensayista, investigadora y martiana, Fina García Marruz.

Los mejores periódicos de Hispanoamérica fueron testigos de un periodismo que encaminaba, explicaba, enseñaba, cumpliendo la máxima que él mismo ideó cuando en 1875 escribió en la Revista Universal: “Tócale (a la prensa) examinar los conflictos, no irritarlos con un juicio apasionado, no encarnizarlos con un alarde de adhesión tal vez extemporánea, tócale proponer soluciones, madurarlas y hacerlas fáciles”.

Para el Apóstol, la prensa periódica debía explicar en la paz, fortalecer y aconsejar en la lucha, estudiar las graves necesidades del país, fundar sus mejoras y facilitar así la obra a la administración que rige.

Desde Cuba, España, Venezuela, Guatemala, Honduras, México, Uruguay, Argentina, Nueva York, José Martí trazaría un modelo de periodismo que rebasó los caracteres publicados en los diarios nacionales, que rebasó los límites físicos de aquellas regiones y que se incluyó, como necesidad de referencia, en las prácticas universales.

Martí odiaba “las plumas que no servían para clavar la verdad en los corazones” porque creyó en la prensa como vigía, “capaz de desenterrarlo todo” y en los periódicos como “espadas con empuñaduras de razón”.

El intelectual cubano Juan Marinello dijo que el periodismo del Maestro era distinto, por volcarse en uno solo el gran escritor, el gran revolucionario y el gran artista.

Hoy, vuelve a ser Martí esa amalgama críptica indescifrable en la conjunción de letra y lucha, como cualidad misteriosa por eterna y a la vez humana.

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