COVID-19. Reportes periodísticos

“Mensajera” del alma

─¡Alipio!…, Buenos días, ¿cómo anda esa salud hoy? ¿Y la viejuca?, pregunta la joven alta, de tez negra y voz fuerte y segura. Se refiere a Luz María, la esposa del señor que es diabética y al igual que otras personas del Consejo Popular Pueblo Nuevo sobrepasa los 60 años y viven solos.

─Ahí…, ya usted sabe…a mi edad no se puede esperar mucho. Oye nos extrañó que no llamaras, el fin de semana fue mi cumpleaños.

─¡Ay, verdad!…casi ni tuve tiempo, aproveché para hacerlo todo rápido e ir a ver a mami. Responde la morena; lleva consigo una improvisada carretilla cargada de pomos, jabas, botellas. En una mano tiene un lapicero, en la otra unas hojas blancas presilladas para anotar las necesidades básicas de Haydée, Fina, Martha, Lázara, Nidia, Bárbaro, Roberto…., vecinos de las 15 viviendas asignadas.

─Alipio, hoy trajeron una bolsa de puré de tomate, cebolla, vino seco, vinagre, vitanuova; además pan de tres pesos, yogur de soya… ¿Quiere que le compre sus tabaquitos hoy?

─Sí, ahora te alcanzo los envases, el dinero y las jabas. Amor, ¿sabes cuándo traerán el pollo de 20 pesos la libra por persona?

─Ya nos dijeron que deben distribuirlo mañana, le aviso con tiempo.

─Usted cree que me podrá comprar también los medicamentos del tarjetón y si hay alguna pomadita para las peladas, solicita Luz María.

─Sí, cómo no, por la tarde se los traigo, subraya Aray Frómeta Contreras, cuadro de la CTC de la esfera educacional y una de los seis “mensajeros” de ese Consejo Popular, hoy en cuarentena, como parte de la prevención contra el nuevo coronavirus.

Aray Frómeta Contreras, cuadro de la CTC de la esfera educacional y una de los seis “mensajeros” de ese Consejo Popular

“Iniciamos censando la zona para conocer rangos de edades y quiénes vivían solos; después me encargaron 15 hogares con alrededor de 32 personas, entre ellas seis ancianos y cinco niños; en las calles 47 entre 20 y 22, y 22 entre 47 y 49. Soy la responsable de traerles los elementos básicos por encontrarse aislados precisamente en la manzana del primer caso positivo del territorio”.

–Haydée, Fina, Martha…, hoy nos trajeron al Consejo…, repite en cada casa, anota, recoge jabas, envases, dinero y prosigue con la rústica carretilla facilitada por uno de los vecinos. Dobla entre viviendas dentro de la cinta naranja que señaliza el acceso restringido.

“Ha pasado casi un mes de aquel inicio, –prosigue Aray- soy maestra de profesión y cada día los pequeños me sacaban lágrimas en el aula por sus ocurrencias y avances; aunque esta altruista labor me absorbe por completo apenas siento el cansancio.

“El sol es fuerte y agota caminar de aquí para allá, pero sé de mi utilidad para que ellos continúen sanos sin salir de casa”.

–Lázara, Nidia, miren, hoy nos trajeron…, continúa de puerta en puerta.

–Oiga… recuerde ver si entraron los medicamentos para la presión; ¿venderán de nuevo paquetes de galletas?…, resaltan los beneficiados. Así fue mientras intercambiaba con Aray.

“Vivo sola con mi esposo, él se encarga de los mandados y atender a sus padres, también ancianos. Esa ayuda es fundamental para cumplir cualquier deber, más en estas circunstancias”.

-¡Aray…!, la llaman desde la casa biplanta, ya conocen su nombre, no digo yo, es la “mensajera” del alma, no solo les lleva alimentos básicos, está al tanto de cada necesidad, de la receta de loratadina para la alergia, de informales la retrasmisión de la comparecencia del doctor Durán…

“Gracias, hasta mañana, cómo amaneciste y cuídate mucho… son las palabras que a diario me dicen”.

De cuidarse no solo ellos le alertan, su mamá Marbina también cuando habla con ella por teléfono, y sí que le hace caso, al punto de no reconocerla con guantes, nasobuco, bata larga, pañuelo, gorra.

“Tenemos botas de tela, pero a veces no me las pongo y ando en tenis porque es más cómodo, los cepillo y fumigo bien con cloro. Nos hicieron la prueba rápida y dio negativa, llamé a mami y está más tranquila, aunque recalca lo del cuidado, no tocar superficies ni objetos, claro que me cuido, cuando llego a casa entro por el pasillo, me baño y lavo todo”, aclara.

Ella, como otras representantes de las organizaciones políticas y de masa, se ha convertido por estos días de cuarentena y aislamiento social en el rostro amigo que jamás olvidarán. Por su parte tampoco borrará de su memoria a Haydée, Fina, Martha, Lázara, Nidia, Bárbaro, Roberto…

(Tomado del periódico Victoria)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *