COLUMNISTAS

De ángeles y demonios

Nadie con un mínimo de sensatez desea que se desate una guerra, que con facilidad adquiría proporciones mundiales. Mucho menos cuando los vaticinios de los expertos inidican un pobre desenvolvimiento económico este año, tanto en las naciones encumbradas como en las de menor desarrollo. Hasta el FMI ha comenzado a sugerir un aumento de los impuestos para aquellos con demasiados caudales, dado que la desigualdad hoy es enorme y está amenazando la supervivencia del propio capitalismo.

El señor Donald Trump es incapaz de acercarse a estas eventualidades con la correspondiente cordura e inteligencia. Su desproporción sobre cuanto le rodea se lo impide o, para mejor decir, le resulta más fácil dejarse llevar por los impulsos que pensar con detenimiento o quizá permitir le aconsejen los mejor intencionados de su entorno. No hablo de asesores y presuntuosos funcionarios susurrándole alarmantes disposiciones, sino de aquellos simplemente prudentes y conocedores.

Por eso a cada rato tienen que desdecirse. No avanzó el acuerdo con Corea del Norte porque le exigieron lo inaceptable, o con Irán, país al cual pretenden –eso dice- llevar a nuevas negociaciones pero después de desactivar un pacto importante. Si rompes los platos no tienes donde depositar la comida, dice un refrán, pero el magnate no ha reparado en lecciones de esa naturaleza. Lo demostró con el asesinato en Bagdad del representante de los persas, quien estaba en misión diplomática.

Según afirman especialistas en la zona, Soleiman estaba en medio de gestiones tendientes a buscar avenencia entre varias naciones del Medio Oriente, hoy separadas sobre todo por asuntos confesionales, estimulados desde fuera de forma malsana. El viejo divide y vencerás reactualizado.

Hasta suponiendo que fueran otras las misiones encaradas por el inmolado, el crimen tampoco se justifica, como tampoco es admisible haberlo hecho sin contar con los anfitriones. Por eso no es nada del otro viernes que el parlamento iraquí haya votado, incluso al unísono por parte de facciones opuestas, que el gobierno proceda a vetar la estancia de tropas extranjeras en su territorio. Se entiende por tales a las norteamericanas, por haber violado la soberanía nacional y las condiciones y propósitos de su estancia.

Estados Unidos no es bienquerido en esta parte del planeta hace mucho, y según acomete acciones agresivas e imprudentes, menos crédito le va quedando. Reconocen que carecían de evidencias definidas sobre los peligros que dijeron eliminar con la muerte del alto militar y se dan circunstancias contraproducentes como la esgrimida cuando dicen eliminar el peligro de que los persas tengan armas nucleares, pero rompieron el mecanismo concebido para evitar ese desarrollo y, además, siguen dando motivos para  que los iraníes rechacen futuros tratos.

Encima, no aplican similar enfoque hacia aquellos en la zona, poseedores hace rato de arsenales ofensivos, pero no sujetos a ningún control, pese a que en muchas oportunidades agredieron a sus vecinos o continúan violentando a los palestinos, quitándoles tierras ocupadas y bombardeándolos un día sí y otro también.

Es increíble el alboroto que hacen ciertos gobiernos europeos, por ejemplo, que suscribieron el mismo tratado nuclear Washington-Teherán y  solo encuentran culpable de la crispación actual, a la parte más débil y hayan sido incapaces hasta el momento de defender lo que antes aprobaran, o de presentar una batalla honesta y fuerte contra las malaventuras sionistas en la zona.

A todas estas, comenzó a barajarse el traslado de las 50 bombas atómicas emplazadas en Turquía por el Pentágono estadunidense. El motivo está en que Ankara modificó algunos itinerarios de su política exterior. Sigue en la OTAN, pero no tanto, o al menos no tan ciegamente. Eso le convierte ante EE.UU. en  no confiable.

Como la Casa Blanca no va a retornar a casa aquellos artilugios, se están manejando posibles sitios para reubicarlas. Uno, entre los favoritos, es Italia. De ocurrir, se convertiría en el mayor centro de almacenamiento en Europa de ese tipo de recursos ofensivos. Así lo destacan en su crítica el partido ecologista italiano, Federación de Los Verdes, desde donde exigen tratar en el parlamento algo que afecta a la nación.

Estados Unidos tiene diseminadas en Alemania, Bélgica y los Países Bajos 100 cabezas nucleares y su correspondiente parafernalia. Si se mudan  del territorio turco las 50 allí ubicadas, serían 150 en el Viejo Continente. En el prepotente y muy unilateral enfoque de la administración norteamericana ello no supone un riesgo para los anfitriones ni estos paran mientes en los apuros en que colocan a sus ciudadanos.

El plan es desplegar en el espacio europeo estos artefactos de alcance intermedio  similares a los llamados euromisiles, que fueron eliminados por el Tratado INF suscrito en 1987 por EE.UU. y la URSS, después ratificado por la Federación rusa, pero recién abandonado por Trump en agosto pasado. ‎Entre las bombas de nuevo tipo están las denominadas B61-12, capaces de dirigirse hacia el blanco y de penetrar refugios fortificados.

Sin entrar en detalles sobre proceder y metas igualmente arbitrarios, reales y alarmantes, ¿quién es más peligroso, aquel erigido en guardián universal sin que se lo hayan pedido, o sus víctimas de ahora o potenciales?

Los demonios suelen vestirse de ángeles, pero no lo son.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *