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Un alma pintada con trazos generosos

Cuando el periodista y crítico de arte Jorge Rivas lo convocó para darle una mano en la entrega de los premios del concurso XVI nacional de poesía Regino Pedroso, que cada año convoca el periódico Trabajadores, el artista de la plástica Ángel Silvestre Díaz Morales no lo pensó dos veces y aportó para el poético acontecimiento la respetable cifra de 10 de sus originales.

Rivas se lo dejó bien en claro: “Silvestre, ¡pero estas obras valen mucho dinero, como mil dólares cada una!”. Silvestre no se dio por enterado. Sí, valían bastante. Sin embargo, lo verdaderamente significativo no era la cuantía monetaria de cada pieza, o el acto de llenarse los bolsillos y de paso mejorarle la cara a la despensa, sino que los ganadores del certamen volvieran a casa con una obra tan bella como original.

No solo en esta ocasión se ha portado así este pintor sexagenario, incansable creador, promotor cultural, diseñador e ilustrador, con obras aportadas para diversos libros, revistas, semanas de la cultura, ferias del libro y eventos, casi siempre de manera absolutamente gratuita, como en el caso del concurso Regino Pedroso. No. No ha sido la única. Se ha vuelto hábito en él esta clase de desprendimientos, en los cuales invierte materiales bien costosos y a veces difíciles de hallar en predios de intramuros.

Su historia como creador ya es larga y fecunda. Metido fervientemente en labores constructivas, convirtiendo proyectos de arquitectura en realidad palpable en Cuba y fuera de ella, tal vez no imaginó que un día iba a despojarse de su porte de funcionario, de todas sus guayaberas bien planchadas y sus bolígrafos multicolores para meterse de lleno en los misterios y desafíos inagotables del lienzo y el óleo.

Si antes había dirigido la construcción de casas, edificios, albergues, círculos infantiles…, ahora construiría, de modo más íntimo, otras realidades: criaturas llenas de fervor erótico, mulatas de porte estupendo y libertario, callejones pueblerinos, costas tranquilas, ciudades en ebullición, tejados criollos, barcazas, payasos tristes y alegres, símbolos religiosos, niños en medio de su cotidiana esperanza…Un universo, en fin, totalmente crepitante y hereje.

De él aseguró, precisamente, el crítico Jorge Rivas en el artículo titulado Más sabe el diablo, por diablo, que por Ángel: “Silvestre, quiérase o no, remueve nuestra geología interior y en ello encuentra simpáticas y alucinadoras vetas de inspiración, que luego disfrutamos mediante un entretejido de pérfidos desciframientos humanos, en los que el poder del ritmo y de lo sensual anida delirios por el goce y lo erótico; asuntos que, aunque no únicos, preponderan el barroquismo de su producción iconográfica. Tales sortilegios del pensamiento humano solamente pueden ser originados por la absoluta libertad con que este hombre siempre ha creado y ha trascendido más allá de las fronteras de la isla”.

Ángel Silvestre Díaz Morales.

Ha participado Ángel Silvestre en más de 200 exposiciones personales y colectivas en su Patria y el extranjero y hoy goza de especial prestigio entre los alumnos y profesores de la Universidad de Carolina del Norte, quienes han compartido ampliamente con él en tierra cubana, aunque ahora ciertas imposiciones imperiales parecen destinadas a enfriar este tipo de intercambios culturales.

Hombre culto, en nada reducido a los marcos del lienzo y la cartulina, sino abierto a todos los caminos de la libertad en el arte, Ángel Silvestre se desparrama, de manera abierta y generosa, sobre el fragoroso ejercicio plástico de cada día de su existencia.

Decidió servir de otro modo a los seres humanos y a los deseos impostergables de su espíritu. De este modo estaba abriendo de par en par las puertas que lo conducirían a un nuevo universo, a un rico imaginario del que ya no podría marcharse jamás, cautivado por ese encanto infinito que habita en los predios de las artes plásticas.

Hace apenas unos días, el escritor Luis Carmona Ymas, profesor principal del curso de técnicas narrativas Cirilo Villaverde, en Artemisa, decidió echar el resto, y también parte de su bolsillo, para organizar un breve agasajo a los alumnos que concluyeron este curso, el cual tendría como punto de cierre la entrega de premios a los ganadores de un concurso de poesía y narrativa convocado exclusivamente para estos alumnos.

Quise de inmediato colaborar y le dije a Carmona que estaba seguro de que el pintor Ángel Silvestre estaría dispuesto a donar dos de sus obras para entregarlas a los ganadores. Una interrogante y un signo de duda se dibujaron en el rostro del respetable profesor.

Pero no dije más. Una semana más tarde llamé a casa del profesor Luis Carmona: “Las dos obras de Silvestre ya están conmigo, son dos originales muy bellos, hechos a plumilla; los ganadores del concurso se van a poner muy contentos cuando los reciban”.

2 thoughts on “Un alma pintada con trazos generosos

  1. Ese es mi padre El Ángel Silvestre!!! mi gran orgullo, gran entereza, siempre dedicado a lo que le gusta y le hace feliz, aún sacrificando muchas cosas, desde mi niñez recuerdo verlo pintar sin parar aún a la luz de una vela, ni la falta de electricidad lo detenía !!!!

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