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Roberto Fernández Retamar, un cubano universal

Se le conoce por su vasta cultura y su especial conocimiento por la vida y obra de nuestro Apóstol. En una ocasión, durante una entrevista, confesó que “queriendo salir de un ambiente poético enrarecido”, se dio a la tarea de “buscar una poesía que se acercara a la conversación en su idioma, a lo inmediato en sus asuntos (…) pero no fue sino hasta la Revolución Cubana, en 1959, que empecé a trabajar con ese idioma que había intuido, necesitado”.

En esta oportunidad, y presionado por el tiempo con el que siempre sostiene compromisos (diariamente) para un sinnúmero de menesteres de trabajo y ya muy próximo a las jornadas (¡¡magníficas!!) con vistas al otorgamiento de los Premios Casa de las Américas 2012, no pone reparos a la petición de entrevista del Periódico Cubarte. Mas, ¿cómo retratar a este poeta y ensayista a quien se le han conferido diversas condecoraciones y distinciones nacionales e internacionales a lo largo de su vida como intelectual revolucionario? ¿Cómo retratar a este escultor del verso y de la prosa, merecedor del Premio ALBA de las Letras, Director de la Academia Cubana de la Lengua y de la Casa de todos los hermanos solidarios y amigos de este continente: de la Casa de las Américas? ¿Cómo retratar a este intelectual cuya consagración en el trabajo ha contribuido al desarrollo y engrandecimiento del patrimonio cultural de este lado del mundo, de Nuestra América india, mestiza y negra, de Nuestra América martiana?

Unas líneas del inolvidable escritor, José Lezama Lima, serían recurso inobjetable ante este problema: “Roberto Fernández Retamar es uno de los más significativos poetas de su generación […] Es muy cubano, curtido por el árbol que golpea el árbol universal del conocimiento. Se esboza en él una alegría que marcha acompañada del destino opulento del cubano, del cubano mejor, que es universalmente sencillo”.
Roberto Fernández Retamar, un cubano universalmente sencillo.

Ensayista, poeta, articulista, crítico literario…Con el correr de los años, ¿qué le ha atraído más?

—Desde muy temprano, la poesía. Y algo después, el ensayo. Articulista, fuera de algunos textos aparecidos en la prensa clandestina, no vine a serlo sino a partir de 1959, cuando comencé a colaborar en el periódico Revolución. Y en algunas ocasiones he practicado la crítica sobre todo literaria, pero también, ocasionalmente, sobre artes plásticas. Director de la Nueva Revista Cubana (1959-60) y de la revista Casa de las Américas (desde 1965).

En dicha labor, y teniendo en cuenta el tiempo de existencia transcurrido entre una y otra, ¿qué paralelo trazar en cuanto a estrategia de trabajo editorial de ambas revistas? Satisfacciones, insatisfacciones, logros, ideas o proyectos inconclusos.

—Además de las revistas que usted menciona, fui codirector entre 1962 y 1964 de la revista Unión. Así que cuando en 1965 empecé a dirigir la revista Casa, tenía experiencia en la tarea. Cada una de las revistas mencionadas ha tenido su propio perfil. La Nueva Revista Cubana y Unión privilegiaban textos cubanos, y Casa de las Américas textos de nuestra América, pero todas trataron de publicar tanto materiales cubanos como de otros países. Hace poco invité al ensayista y crítico Jorge Fornet a codirigir la revista Casa, lo que sin duda la rejuvenecerá. Una revista está siempre abierta al porvenir, por lo que nunca se sabe con exactitud qué va a aparecer en ella.

— Su labor al frente del Centro de Estudios Martianos (1977-86) y su acercamiento a la obra del Maestro…

—Desde muy temprano me familiaricé con la formidable obra martiana. En relación con ella, ya maduro, publiqué en enero de 1965, en la revista Cuba Socialista, mi ensayo “Martí en su (tercer) mundo”. Y desde entonces hasta hoy he seguido escribiendo sobre el Maestro. Varios de esos trabajos están incluidos en mi libro Introducción a José Martí, editado varias veces.

—Recién nombrado el compañero Armando Hart Ministro de Cultura, le propuse la creación del Centro de Estudios Martianos, que debía ser dirigido por Juan Marinello. Como él murió antes de crearse el Centro, asumí su dirección, y con un puñado de entusiastas echamos las bases de la flamante institución. Así, publicamos libros y el Anuario del Centro de Estudios Martianos, organizamos exposiciones y un ciclo de conferencias por televisión. El Centro ha proseguido hasta nuestros días su útil labor.

—Uno de los mayores regalos que la vida me dio fue haber trabajado durante quince años, bajo la luminosa dirección de Haydée Santamaría; sin duda, una de las personas más deslumbrantes que he conocido. Le dediqué dos libros, escribí varios textos en prosa y un poema sobre ella, hablé ante su tumba cuando sus restos fueron trasladados al cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. Su inolvidable memoria me acompaña siempre.

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