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Marabú "entrevistado". Caricatura de Osval
Marabú “entrevistado”. Caricatura de Osval

Declaraciones “a espina quitada”, de una especie tan invasora por naturaleza como oportunista frente a la inercia humana

Siniestro por naturaleza, el marabú sigue ocupando, en Ciego de Ávila y en todo el país, grandes extensiones de tierra, que bien pudieran—y debieran— estar incorporadas a la producción de alimentos: viandas, vegetales, granos, frutas, madera, carne, leche,…

Consciente de tal realidad, hábil para aprovechar el menor “chance” y no sin esquivar, una y otra vez, mi solicitud de un encuentro para hablar de tú a tú, ese agresivo personaje del reino vegetal accedió, por fin, a un diálogo que pudiera resultar útil para ganaderos, agricultores, campesinos, cañeros, forestales, directivos e, incluso, para el resto de la población.

Periodista: Buenos días, señor; parece obvio que, a pesar del combate que se libra en contra suya, sigue usted gozando de envidiable salud reproductiva.

Muy bueno como carbón, pero como especie invasora no.
Muy bueno como carbón, pero como especie invasora no.

Marabú: Mentiría si te dijera lo contrario. Ando por todo el Archipiélago. Aquí en Ciego de Ávila, por ejemplo, en el sistema de la agricultura, llegué a ocupar unas 120 000 hectáreas hace apenas cuatro años. Debo decirte que se han girado de mala manera para mí. No obstante, todavía dispongo de casi 90 000 hectáreas, de las 93 000 que tenía ociosas ese sector en el último reporte anual.

“En verdad, llevo tiempo oyendo mucho ruido contra mí y pocas nueces, pero ya empiezo a preocuparme: la ganadería me dio duro con hacha, machete y herbicida en 2015; ahora están hablando de hacerme lo mismo en más de 22 000 hectáreas, creo que hasta el producto químico está ahí oyendo el cuento; al país le ha dado por otorgar créditos para pagar en 10, 15 y más años, y subsidiar la chapea; el Estado asume parte de los gastos y todo eso me puede complicar el panorama si de verdad tiran a matarme. Incluso, oí decir que están reclutando hombres allá por las provincias orientales para traerlos, con el objetivo de liquidarme.

Si no se usa la tierra una vez desbrozada, vuelve a suceder lo que se aprecia en la foto
Si no se usa la tierra una vez desbrozada, vuelve a suceder lo que se aprecia en la foto

Periodista: Y, según informaciones, en el sector Azucarero avileño podrías tener los días contados…

Marabú: Ni me hables de eso. Me quieren volver loco. Yo vivía como todo un terrateniente en 17 mil hectáreas donde la caña ni sacaba la cabeza. Pues na´, en menos de dos años me desalojaron como un perro de más de 11 000 hectáreas; casi todas sembradas ya, para no darme oportunidad. ¿Y quieres saber lo peor? Se han propuesto desalojarme totalmente, en 2016, para declarar a la Empresa Azucarera de Ciego de Ávila libre de mi presencia. ¡Qué injusticia!

Periodista: Tú siempre hiciste daño, pero los últimos 25 años has sido brutal. ¿A qué atribuyes ese impetuoso avance tuyo?

Marabú: Mira, no puede haber tierras de nadie: o el hombre las hace producir, o las tomo yo. Lo que no soporto es verlas vacías.

 

Periodista: ¿Me estás diciendo que la causa fundamental de tu escalada ha sido la inercia humana?

Marabú: Digamos mejor —como te expliqué una vez— que esa inercia o incapacidad humanas han sido mis mejores aliadas. Si no, cómo explicar el banquete que nos dimos mi prima, la Aroma, y yo en tierras del municipio de Primero de Enero, los estragos que he hecho en Turiguanó, en zonas de Baraguá o en áreas de la empresa Ruta Invasora… para no hablarte de mi pegada en Sancti-Spíritus,Camagüey, Las Tunas o Guantánamo, provincia donde hace años me agencié la mitad de los suelos que debían producir leche y carne.

Periodista: ¿Te consideras un sujeto invencible?

Marabú: En verdad nunca lo fui. Hay formas eficaces para vencerme. Basta rememorar los tiempos en que ganadería no era solo halarle las tetas a la vaca y llenar un cubo de leche, como ocurre ahora en muchas partes. Recuerdo que los vaqueros se armaban hasta los dientes con machete, lima y hasta petróleo en una botella. Fueron años terribles.

“No me dejaban respirar. Me mantenían a raya, sobre todo con el ganado. Cada vez que recibían nuevas reses, las concentraban varios días en una especie de manga (área cercada) para que expulsaran allí todas mis semillas, en el estiércol, e impedir, así, que yo infectara los potreros. Yo creo que de eso ni se habla hoy, a pesar de que hay talleres, foros científicos y no sé cuántos eventos más…

“Mucha gente no sabe que, por poseer una cubierta muy dura, mis semillas tienen pobre germinación en condiciones normales. Sin embargo, bajo el influjo de la digestión vacuna la posibilidad de germinar se dispara y eso me viene muy bien porque, al ser poliembrionarias, cada semillita mía puede proporcionar hasta tres envidiables matas.

“Pero volviendo al tema, me han tirado también con buldózeres aquí y en toda Cuba; los pinareños me atacaron hace años con un equipo que denominaron desbrozadora FS-450 y con motosierras, los holguineros me echaron encima un ejército de chivos en un lugar irónicamente llamado Sabanazo; hace poco oí hablar de una máquina que me arranca de raíz sin dañar los suelos, inventada por dos profesores de la Universidad de Camagüey, en tanto investigadores tuneros tienen listo un libro acerca del manejo y control sobre mí…

“Todo eso puede ser efectivo de verdad si detrás se hace lo que no siempre sucede: sembrar viandas, granos, árboles, pastos, frutas, introducir rebaños… Esa es la macabra intención que tienen ahí en la Empresa de Cultivos Varios La Cuba. Ustedes mismos publicaron en Invasor una información el 4 de marzo, en la que anuncian mi sepelio en 2 600 hectáreas para plantarlas de frijol y maíz. ¿Tú crees que yo pueda dormir tranquilo con esos truenos?

Periodista: Pero no todo lo que se dice de ti es malo. He oído hablar muy bien del carbón que da tu leña…

Marabú: ¿Y de qué me sirve?, si de todos modos, para hacerme carbón, me cortan si piedad cuando más rollizo estoy. Al principio, me alegré por la fama que adquiría mi carbón en algunos países de Europa. Creo que, con esto del restablecimiento de relaciones, hasta en Estados Unidos están medio interesados en esa producción, pero al final es una elegante manera de eliminarme y de tornar divisas mi indeseable existencia.

Periodista: Resulta paradójico que te hayas convertido en plaga cuando, según se dice, llegaste a Cuba como planta ornamental.

Marabú: Es una de las teorías. Afirman que una señora camagüeyana, llamada Monserrat Canalejo, me introdujo como especie exótica a mediados del siglo XIX, pero esa es historia pasada. Ahora lo único que me interesa es sobrevivir.

Periodista: ¿Le temes a la muerte?

Marabú: Lo que se dice miedo, nunca tuve. Pero cada vez que me viene a la memoria el llamado que hizo el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en Camagüey, para que acaben conmigo, se me erizan hasta las espinas, porque si las empresas, unidades productoras, organismos, campesinos y población hacen de verdad lo que él ha pedido, no tengo futuro.

Periodista: ¿Puedes decirme algo acerca de tu nombre?

Marabú: Científicamente, me llaman Dichrostachys cinerea, pero según contaba mi tatarabuelo, nuestro nombre tiene algo en común con la palabra árabe marabut, que significa “maldito”.

Periodista: Muchas gracias, señor marabú. Espero entonces que, en honor a la ascendencia de tu nombre, me permitas despedirme con la misma frase que en 2012 empleó el usufructuario avileño Próspero Díaz Portela cuando, al verte dueño y señor de la tierra que él acababa de recibir, empuñó el machete, se lanzó contra ti y dijo: ¡Maldito seas!

(Tomado de Invasor)

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Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba