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ESTUDIANTES REPORTEROS

Ocaso de un sepulcro

Por Rafael Mena Brito, estudiante de primer año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

Dicen que ocho de cada diez entierros diarios en la capital ocurren en el Cementerio de Colón. Visité el sepulcro de Dulce María Loynaz un domingo y me pareció muy tranquila la necrópolis, ¿quizás porque las personas fallecen menos ese día? Con una rosa y una carta en mis manos deambulaba por todo el lugar, en busca de su tumba, tan especial y querida. Necesitaba hacer una promesa.

Iba por primera vez y la tranquilidad del recinto me asombró. Los árboles ofrecían sombra, pero las pocas flores que vi estaban mustias y se notaba cierto “olor incómodo”.

Me dejé abrumar por la cantidad de lápidas, el cementerio estaba repleto; las más suntuosas, de apellidos ilustres, asombraban de tan solo verlas, en cambio abundan otras cuyos nombres jamás había oído, y las anónimas, tras haberse gastado por el paso del tiempo.

En mi búsqueda, entré a algunas bóvedas grandes, muchas abiertas y con basura en su interior: huesos al descubierto, que se confundían con las “ofrendas de animales”, vitrales rotos y hasta latas de cerveza. ¿Acaso alguien podía encontrar apropiado el lugar para disfrutar de unos tragos?

Tal era el abandono que ciertos tramos me recordaron al jardín selvático descrito por Dulce María en la novela Jardín. La maleza se torcía sobre el mármol blanco, reclamando lo que antes fue suyo. Pensé con frustración en la poetisa, porque todavía no encontraba su tumba.

Yo iba en su búsqueda, necesitaba de su ayuda. Pero, ¿por qué ella habría de cumplir mi promesa? ¿Por qué buscaba a alguien que, en vida, prefirió la intimidad, anticipó el silencio al que fue condenada y se mantuvo como una dama espectral, cuya existencia era un secreto a voces?

Algunas estatuas parecían tener un semblante triste. Las de mujeres eran las más hermosas, en su mayoría, cuales Venus de Milo, condenadas a carecer de extremidades. Sabrá Dios a dónde habrán llegado a parar sus brazos…

La primera tumba que llamó mi atención fue la de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, aristócratas del siglo XX. Cuentan las historias que, cuando el sol arribaba a su cúspide, los vitrales formaban rosas; casi todos están rotos y las lápidas de los enamorados, saqueadas.

José Miguel Gómez, el expresidente republicano, tampoco se libró del abandono. Me bastó asomarme a la puerta para ver que todo era polvo y destrozos en el interior de su sepulcro.

Seguí caminando, no perdí de vista los epitafios: “Justicia”, pude leer en una de las lápidas; “Nos volveremos a encontrar”, decía otra. “¡Amar es perdonar!”, rezaba la tercera, seguido de unos versos. Ahí supe que había encontrado a la poetisa.

Su tumba era más pequeña de lo que había imaginado. Aún después de la muerte su carácter le imponía la humildad. Y sin saber qué decir, me senté a leer algunos de sus poemas y hablé con ella. Charlamos largo y tendido, la mayor parte del tiempo en silencio.

Al rato, un hombre con machete en mano pasó cerca de mí. Me preguntó si quería chapear la tumba de “mi familiar”. Me sentí honrado, tanto que accedí a sus servicios, no sin antes regatear el precio.

“Si mi madre se entera de las cosas en las que yo gasto dinero, me mata”, pensé. El individuo comenzó a cortar la maleza y mantuvimos una breve conversación.

― ¿Y esa señora de la tumba es pariente tuyo?, me preguntó.

―Sí, ella es una tía lejana, familia de mi madre, suelo venir a verla, mentí.

Mientras, me fue contando los reveses de su oficio, que no eran pocos. Cuando terminó su labor, me vio colocar la rosa y la carta: “Hasta te puedo vender una losa de mármol, para que eso no se te vaya volando”, expresó.

Aunque extrañado por todo el cúmulo de acontecimientos de esa tarde, marché complacido. Esa misma noche, sin demoras, “mi tía lejana” me ayudó en mi petición personal. Lástima que al Cementerio de Colón no le bastan rosas y cartas para devolverle su antiguo esplendor.

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Rafael Mena Brito
Estudiante de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

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