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LA CRÓNICA

Factoría

El ir y venir de los carros cargados de pacas de yute con hojas destinadas a la tripa de los tabacos y los paquetes de yagua donde se embalaban, desde entonces las hojas de capa conferían a la calle no sólo un rumoroso bullicio, sino también oloroso. Los aromas embelesaban a los caminantes, a los vecinos y eran acompañados por el tono sepia de la yagua, la útil hoja de la Palma Real que al secarse, tenía consistencia ideal y gran facilidad de aireación y transpiración propiciadoras del añejamiento.

Desde Vuelta Abajo hasta La Habana habían recorrido su largo y tradicional camino los cargamentos que desembocaban en los almacenes de la Factoría de aquella calle de la ciudad, donde las apreciadas hojas serían desempacadas, humedecidas, colocadas en el reposo de unas setenta y dos horas para luego ser seleccionadas de acuerdo con su tamaño, tipo, color y conservación.

Por ese mismo sendero de tránsitos vertiginosos y aromáticos, andaban los torcedores de la fábrica. En las amanecidas conversaban sus desvelos hasta la entrada misma del edificio y daban el de pie mañanero al vecindario, lo mismo en días de agobiantes calores, que en aquellos del invierno pasajero de la Isla. Vendedores de empanadillas, café recién colado o frugales desayunos se agolpaban con sus ofrecimientos por allí, en la certidumbre de que tenían una clientela segura que frente a sus puestos de venta, terminaban de sacudirse la modorra del sueño para llegar espabilados a la ardua y fina tarea de producir habanos.

El amplio salón de la galera transpiraba su olor a goma vegetal, en medio de la ruidosa faena de las chavetas y la silenciosa prontitud de las manos en el enrollado de las ciento veinte unidades que como promedio debían torcer al día, sin descuidar las proporciones para una fortaleza, combustibilidad y fragancia que permitirán después una placentera fumada. Los obreros también trabajaban en la escogida y en el anillado.

Concluida la jornada laboral regresaban en rumoroso tropel por toda la calle que los añoró, cuando la fábrica cerró sus puertas definitivamente para entrar en la leyenda pues la calle se llamaría por siempre, en el corazón y la historia de la ciudad: Factoría.

Imagen de portada: Ilustración de Isis de Lázaro.

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Katiuska Blanco Castiñeira
Katiuska Blanco Castiñeira (La Habana, 1964). Periodista y ensayista. Fue corresponsal de guerra en Angola y redactora del diario Granma durante más de diez años. Es autora de libros como Ángel, la raíz gallega de Fidel, Fidel Castro Ruz, guerrillero del tiempo. Conversaciones con el líder histórico de la Revolución Cubana, y Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz.

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