fbpx
COLUMNISTAS

Maduro y Cilia: se acomoda un juicio, ¡cuidado con perderlo!

Ante el hecho consumado de un Nicolás Maduro Moros y la primera combatiente Cilia Flores secuestrados en Nueva York no faltaron por estos días los que, en distintas partes del mundo y desde estamentos diversos, seguramente guiados por buena fe, clamaron, al menos, por un “juicio justo”.

Este estado de deseo, por muy buena intensión o sentimiento que lo guíe, ignora dos elementos esenciales:

1.- El cuestionable estado de la justicia norteamericana, sobre el que existe un intenso debate sobre su politización en esa misma sociedad.

2.- Se le salen descaradamente las costuras al enjuiciamiento de ambos líderes de la Revolución Bolivariana como un capítulo, seguramente en modo espectáculo —como gusta a los yanquis, sobre todo a los de la actual administración— de propósitos más aviesos y de mayor alcance estratégico para el nuevo fascismo de Estados Unidos.

Procesos muy famosos, tanto al interior de Estados Unidos, como a figuras de otros países perseguidas por los estamentos “legales” de esa nación demuestran que no falta razón para el profundo e intenso debate que se da en esa sociedad sobre la politización de la justicia. Lo anterior tiene como uno de sus ejes centrales de cuestionamiento, precisamente, la politización del departamento estatal encargado de administrarla.

La polémica llega a límites de plantearse que se rompió la norma post-watergate de independencia de esa instancia, con el propósito de perseguir enemigos políticos.

Como un clásico de esta deriva se muestra el despido de más de una decena de fiscales en 2025, junto al anuncio de un proyecto especial para investigar a representantes públicos que procesaron a los participantes del asalto al Capitolio.

Hasta la llamada Asociación de Agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI, sigla en inglés) se ha lanzado al ruedo de las críticas, ante despidos e investigaciones en curso contra sus miembros, señalándolos como parte de una campaña de represalia errática y arbitraria.

Lo cierto es que existen múltiples escándalos de alto perfil, con gran cobertura mediática, sobre los que bastaría hurgar en el año 2025, donde queda cuestionada la participación del poder ejecutivo yanqui al utilizar herramientas del estado para hostigar y quitarse del medio a oponentes políticos. ¿Si ello es a lo interno, qué quedará hacia los enemigos externos?

Resulta sumamente simbólico que sea precisamente Barry Pollack, el abogado de Estados Unidos que defendió la causa de Julian Assage, el que represente en lo adelante a Maduro. Está muy claro que este prestigioso jurista ha saltado de la defensa de un caso con todos los matices de manipulación política al del secuestrado y prisionero de guerra líder bolivariano, del mismo perfil.

Quienes claman por un juicio justo deberían interrogarse por qué el Gobierno yanqui, aún sin comenzar, ya comenzó a acodar el juicio contra Nicolás Maduro, aparentemente suavizando el tono de la acusación.

Solo que no puede ignorarse que Maduro fue secuestrado en medio de una brutal agresión contra Venezuela, que viola todas las normas del derecho internacional, bajo el supuesto de encabezar un cártel mafioso que fue propagado a los cuatro vientos por los principales personaros del actual Gobierno fascista norteamericano.

Con Maduro secuestrado en Nueva York, el Departamento de Justicia abandonó la narrativa impulsada por el mentiroso y manipulador compulsivo Donald Trump y reformuló el caso para catalogarlo como una red de corrupción estatal y no como un cártel formal de la droga.

Medios internacionales reseñan que mientras en la anterior acusación se referían 32 veces al Cártel de los Soles y se describía a Maduro como su líder, en la “corregida” solo lo menciona dos veces y afirma que este, al igual que Hugo Chávez Frías, participó en este sistema de patrocinio, lo perpetuó y lo protegió.

Ello ocurrió pese a que en la denominada Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas, que por año realiza la Administración de Control de Drogas (DEA), jamás apareció mencionado el Cártel de los Soles, algo que tampoco estuvo nunca en el informe anual de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Cómo queda ahora la acusación contra Maduro ante un gran jurado en el año 2020 sobre su liderazgo en el Cártel de los Soles, redactada por el Departamento de Justicia. Cómo queda el Departamento del Tesoro, que copió texto de ella y designó al Cártel de los Soles como organización terrorista. En los últimos días ni siquiera quisieron responder a las llamadas de la prensa para fundamentar el desarreglo.

También podría preguntarse cómo queda la orden de Marco Rubio al Departamento de Estado para hacer lo mismo. El muy mentiroso congénito sigue especulando en los medios sobre un cartel que ya su departamento de Justicia reconoce que no existe.

Y, sobre todo, ¿cómo queda el asalto prepotente y brutal contra tierra venezolana y contra el actual orden mundial con el costo de un centenar de vidas humanas, entre estos 32 héroes cubanos? Una agresión contra todas las normas elementales de derecho, después de lo cual es muy cuestionable plantearse la idea de un “juicio justo”.

Sería imposible aceptar la idea de un juicio justo frente a un acto de agresión contra un país y un secuestro absolutamente ilegal. Y no es que lo afirmemos desde Cuba, con relaciones de hermandad abiertamente reconocidas con la Revolución Bolivariana y su actual presidente constitucional. Los expertos internacionales admiten que tanto la agresión como el secuestro fueron claramente, absolutamente, incontrovertidamente ilegales.

Lo absolutamente cierto es que el fantasma del Cártel de los Soles fue una creación engañosa y malvada de la maquinaria compulsiva de manipulación del imperio con varios intereses. El primero de ellos, señalar a Maduro como un delincuente internacional, no únicamente para tener una justificación frente a la comunidad mundial, y sus propias instancias internas, para agredir a Venezuela y secuestrarlo, sino para establecer que el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana había derivado en un grupo delincuencial que debía ser cercado, acosado, agredido salvajemente y eliminado. Esa narrativa fue expandida sin escrúpulos por toda la maquinaria erosiva del imperialismo.

Al señalar a Maduro como un delincuente internacional, que debía ser “capturado”, tramaron y lo hicieron, burlar el Congreso de Estados Unidos, pues hasta hoy sostienen con cinismo que no se trató de una agresión militar a Venezuela —para lo cual tendrán que tener el visto bueno de esa instancia— sino de una acción policial, con el apoyo del ejército, para “capturar”, nunca le oirán decir “secuestrar”, al presidente constitucional venezolano.

Por las declaraciones, manipulaciones, chantajes y presiones indecibles a la que ahora someten a la dirección revolucionaria venezolana desde las élites y aparatos imperiales, una vez secuestrado Maduro y su esposa combatiente, pretenden la humillación mayor, contra la cual tienen que lidiar con astucia y honor las nuevas autoridades venezolanas: desmontar a la Revolución Bolivariana contando con la rendición y la traición de su propio aparato y sistema institucional.

Esta sería su victoria mayor, porque constituiría el secuestro del ideal bolivariano de independencia, justicia y dignidad continental frente a los malsanamente retocados postulados de la Doctrina Monroe en el siglo XXI. Que en esta región nadie toque nada, porque solo el nuevo imperio puede tocar.

Los fascistas yanquis del siglo XXI actualizan la concepción hitleriana del espacio vital, para lo cual ya no les alcanza con los territorios de la América nuestra, por lo que dicen ir por los de Canadá, Groenlandia, y quien sabe cuántos otros rincones del mundo buscando como primera conquista los territorios mentales.

Por eso, casi sería una ingenuidad muy costosa para este mundo manipulado y burlado por las apetencias imperialistas y neofascistas apostar a un juicio justo contra Maduro y Cilia. Si solo a eso nos atreviéramos frente a la prepotencia y arrogancia de los nuevos césares, no solo los cubanos y los venezolanos, sino todos los terrícolas habríamos perdido el juicio… (Tomado de Juventud Rebelde)

Imagen de portada: Con Maduro secuestrado en Nueva York, el Departamento de Justicia abandonó la narrativa impulsada por el mentiroso y manipulador compulsivo Donald Trump. Autor: Ares.

Foto del avatar
Ricardo Ronquillo
Periodista cubano. Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap