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Barbados, 50 años después: 73 vidas y una deuda de justicia

El 6 de octubre de 1976, el vuelo 455 de Cubana de Aviación despegó de Barbados rumbo a Jamaica como parte de una ruta que debía terminar en La Habana. Minutos después, dos explosiones estremecieron el Douglas DC-8. La tripulación intentó regresar al aeropuerto, pero la aeronave cayó al mar. Murieron sus 73 ocupantes: 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos. Entre las víctimas estaban los 24 integrantes del equipo cubano de esgrima que regresaban de una competencia regional y varios jóvenes guyaneses que viajaban a Cuba para estudiar.

Medio siglo después, el atentado de Barbados continúa siendo uno de los episodios más graves de terrorismo contra la aviación civil ocurridos en el continente americano y, al mismo tiempo, un caso marcado por la ausencia de una rendición de cuentas completa. En la Declaración de Bridgetown de 2022, los países de la Comunidad del Caribe (CARICOM) y Cuba establecieron el 6 de octubre como Día CARICOM-Cuba contra el Terrorismo, precisamente en memoria de las víctimas y recordando que por aquel crimen «no ha habido rendición de cuentas».

La investigación comenzó prácticamente de inmediato. Horas después de la destrucción del avión fueron detenidos en Trinidad y Tobago los venezolanos Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo, quienes habían viajado en el vuelo y descendido en Barbados antes de las explosiones. Ambos trabajaban para una empresa de seguridad dirigida por Luis Posada Carriles. Los dos fueron posteriormente condenados en Venezuela a 20 años de prisión.

Las investigaciones también condujeron hacia Posada Carriles y Orlando Bosch, dos terroristas vinculados durante diferentes momentos de sus trayectorias con los servicios de inteligencia estadounidenses. Documentos desclasificados décadas después añadieron elementos de considerable peso sobre el conocimiento y la planificación previa del atentado. Un informe del Departamento de Estado recogió información de una fuente según la cual Posada había dicho, días antes del ataque: «We are going to hit a Cuban airliner» (“Vamos a atacar un avión cubano”), y que «Orlando has the details» (“Orlando tiene los detalles”).. Otro documento del FBI señaló que los dos hombres que colocaron las bombas formaban parte del grupo de apoyo de la operación contra el vuelo 455.

Los documentos desclasificados documentan los vínculos de Posada con la Agencia, información previa sobre planes de sectores violentos de los extremistas cubanos en la Florida para atacar aeronaves y comunicaciones de inteligencia que situaban a Posada y Bosch en el entorno inmediato de la operación.

Los autores intelectuales no cumplieron condena por Barbados

La historia judicial posterior explica por qué el cincuentenario llega acompañado de una persistente demanda de justicia.

Orlando Bosch permaneció encarcelado durante años en Venezuela, pero fue absuelto en los procesos relacionados con el atentado y salió en libertad en 1987. Posteriormente regresó a Estados Unidos. Las autoridades migratorias estadounidenses intentaron deportarlo y el propio Departamento de Justicia lo consideró una amenaza para la seguridad pública, pero en 1990 la administración de George H. W. Bush permitió finalmente que permaneciera en el país. Bosch vivió en Miami hasta su muerte, en 2011.

Luis Posada Carriles tampoco fue condenado por la destrucción del vuelo 455. Permaneció detenido en Venezuela mientras se desarrollaba el proceso, pero escapó de prisión en 1985 antes de que existiera una sentencia definitiva contra él. Años después reapareció en Estados Unidos. Venezuela solicitó su extradición, pero nunca regresó para enfrentar el proceso por Barbados. Murió en 2018 en Miami.

De ese modo, los dos hombres señalados durante décadas como principales organizadores del atentado murieron sin cumplir una condena por la muerte de las 73 personas del vuelo 455. Incluso una fuente oficial del Caribe como el Ministerio de Relaciones Exteriores de Trinidad y Tobago resume el caso señalando que Posada y Bosch, identificados como presuntos autores intelectuales, «nunca pagaron un precio por sus papeles en aquel acto de terrorismo».

Un crimen con una memoria periodística desigual

El tratamiento periodístico del atentado ofrece también una dimensión relevante al cumplirse medio siglo. Barbados tuvo amplia repercusión internacional cuando ocurrió y medios estadounidenses siguieron posteriormente los procesos contra Bosch y Posada. The Washington Post, por ejemplo, informaba ya en 1977 sobre el encarcelamiento de Bosch en Venezuela y los cargos relacionados con la muerte de las 73 personas.

Sin embargo, con el paso de los años el caso perdió presencia en la memoria mediática internacional. Al cumplirse cuatro décadas del atentado, The Washington Post llamó precisamente la atención sobre esa asimetría: señaló que el asesinato de los integrantes del equipo cubano de esgrima no había quedado fijado en la memoria colectiva internacional de la misma manera que otros ataques contra deportistas, como el cometido en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972.

La prensa estadounidense recuperó periódicamente el caso cuando Posada Carriles volvió a convertirse en asunto judicial y migratorio en Estados Unidos. En 2006, a treinta años del atentado, The Washington Post presentó su presencia en territorio estadounidense como una prueba de incoherencia para la política de Washington contra el terrorismo después del 11 de septiembre: Estados Unidos reclamaba que ningún país ofreciera refugio a terroristas mientras Posada permanecía bajo su jurisdicción sin ser procesado por Barbados.

Los documentos desclasificados por el National Security Archive también modificaron el tratamiento periodístico del caso. Permitieron pasar de una reconstrucción sustentada principalmente en acusaciones políticas y testimonios judiciales a otra respaldada por informes internos del FBI, la CIA y el Departamento de Estado. El archivo estadounidense ha publicado, entre otros documentos, comunicaciones que muestran que las agencias norteamericanas disponían de información sobre proyectos para atacar aviones cubanos antes del 6 de octubre y que, después del atentado, sus propias fuentes situaron a Posada y Bosch en el centro de las pesquisas.

El cincuentenario vuelve así sobre una historia con dos dimensiones inseparables. La primera es humana: 73 personas que emprendieron un vuelo comercial y nunca llegaron a su destino. La segunda es judicial y política: los ejecutores materiales fueron condenados, pero quienes fueron señalados como principales organizadores de la operación no cumplieron una condena por el crimen.

En Barbados permanece un monumento con los nombres de las víctimas frente al mar donde cayó el avión. En Guyana y Trinidad y Tobago existen también espacios de recordación. Y desde 2022 el Caribe convirtió cada 6 de octubre en una jornada regional contra el terrorismo.

Cincuenta años después, recordar el vuelo 455 supone, además de honrar a sus víctimas, regresar a los documentos, a los procesos judiciales y a una pregunta que ha acompañado al caso durante medio siglo: cómo uno de los atentados más mortíferos contra un avión civil en la historia de América pudo terminar sin que los hombres señalados como sus principales organizadores fueran condenados por él.

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Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

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