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COLUMNISTAS

La Uneac y la cultura que nos une

Hay instituciones cuya historia puede contarse a través de fechas, presidentes, congresos y documentos. La de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), sin embargo, difícilmente cabe en una infografía. Sus 65 años son, también, parte de la vida cultural de la nación.

Desde su fundación, el 22 de agosto de 1961, la organización ha sido mucho más que un gremio. Ha constituido una casa de encuentro para generaciones, disciplinas, tradiciones y maneras diversas de entender la creación. En sus espacios han convivido la memoria y la renovación, las certezas y las preguntas que acompañan a toda cultura viva.

Bajo la presidencia fundacional de Nicolás Guillén, y a lo largo de estas seis décadas y media, escritores, músicos, artistas visuales, actores, bailarines, arquitectos, investigadores, críticos, periodistas y una larga lista de creadores de todas las disciplinas, han hecho de la Uneac un lugar para crear, debatir, disentir, intercambiar y crecer. Algunos llegaron con una obra ya consagrada. Otros encontraron en ella parte del impulso necesario para construirla. Esa convivencia constituye uno de los mayores patrimonios de la organización.

A sus 65 años, la Uneac enfrenta el desafío de renovarse sin comprometer esencias. El país ha cambiado y también las maneras de crear y relacionarse con el arte. Las redes han transformado las jerarquías comunicacionales y la inteligencia artificial comienza a modificar procesos creativos y profesionales. Buena parte de los referentes culturales se construyen hoy en espacios que desbordan las instituciones.

Nada de ello reduce la necesidad de una organización como la Uneac. Por el contrario, la hace más necesaria como espacio de pensamiento, comunidad, memoria, diálogo, criterio y pertenencia.

Celebrar este aniversario significa agradecer a quienes construyeron esa historia, recordar a quienes ya no están y reconocer a quienes la sostienen. También implica preguntarnos qué cultura queremos legar, qué condiciones necesitan nuestros artistas para seguir creando y cuáles son los espacios que debemos fortalecer para hacerlo posible.

Para quienes ejercemos el periodismo y la escritura, la relación con la Uneac tiene una significación particular. Buena parte de la cultura que conocemos y contamos ha pasado por sus asociaciones, congresos, plenos, publicaciones, debates y escenarios. Pero el periodista cultural no puede conformarse con ser un espectador distante. Su rol es preguntar, interpretar, registrar y contribuir a preservar la memoria.

Cuando el oficio se ejerce con rigor, hay que trascender el estreno, la apertura de una exposición, el elenco de un espectáculo… Es preciso ayudar a comprender qué significan esos acontecimientos. De ahí la presencia histórica en la Uneac de escritores vinculados al periodismo, profesionales dedicados a la crítica y la investigación cultural, fotógrafos, realizadores audiovisuales, diseñadores y otros especialistas de la comunicación.

La cultura necesita ser narrada desde dentro, con conocimiento de sus códigos, conflictos y desafíos. Exige además de un periodismo capaz de acompañar la creación. Nos corresponde propiciar “conversaciones” que permitan descubrir al artista más allá de su obra.

Delegación para conversar

En ese contexto adquiere especial significación la reciente reactivación de la delegación de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) en la Uneac.

Más que recuperar una estructura organizativa, se trata de abrir una oportunidad para fortalecer el diálogo entre periodistas y creadores, intercambiar saberes y pensar juntos los desafíos de la comunicación cultural.

Las transformaciones provocadas por las plataformas digitales, el crecimiento de las redes sociales y la irrupción de la inteligencia artificial, modifican las formas de producir, comunicar y consumir contenidos. Obligan a repensar las herramientas del oficio y hacen imprescindible la superación profesional para ejercer una crítica más profunda y pertinente.

La delegación de la Upec está llamada a contribuir a ese intercambio y a esa “conversación” con los artistas, dar a conocer detalles antes del estreno, escuchar al escritor más allá de la promoción de su libro, descubrir los procesos creativos detrás de una obra, acercarse a los más jóvenes para debatir sobre las nuevas formas de relación con los públicos… Tales son algunas de las posibilidades concretas de ese vínculo que beneficia tanto al periodismo como a la creación.

En esa “conversación”, la delegación de la Upec puede contribuir además a identificar a los nuevos públicos. Si algo demuestra la historia de la Uneac es que la cultura no solo necesita creadores: necesita también de quienes sepan escucharla y y reconocerse en ella.

Trabajar por ese propósito representa una de las mejores maneras de celebrar a la Uneac, casa que, desde hace seis décadas y media, ha sido insustituible hacedora de buenas noticias.

Imagen de portada: Cubarte

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