El 6 de marzo pasado, un despacho de AFP informaba que Israel atacó la ciudad libanesa de Tiro, situada en la costa oriental del mar Mediterráneo. En apariencia, el saldo de la agresión fue la muerte de una persona. Sin embargo, los ataques contra Tiro, como los perpetrados años atrás por el Estado Islámico en Palmira, Siria; o los lanzados en el último mes por Estados Unidos e Israel contra más de 100 sitios históricos en Irán, son un doloroso recordatorio de que la guerra atenta no solo contra la vida humana, sino también contra la memoria e historia de la Humanidad.
Lo han denunciado organismos internacionales como la UNESCO, funcionarios de los países afectados por conflictos, instituciones científicas y académicas, pero el mundo continúa sumido en una voráginedonde la destrucción y el odio parecen enseñorearse.
En tal sentido y apenas un día después del ataque a Tiro, el 7 de marzo pasado, el ministro libanés de Cultura, Ghassan Salameh, informó las afectaciones causadas por el bombardeo israelí al perímetro de la necrópolis de Al Bass, un complejo milenario de ruinas romanas, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El organismo internacional también se pronunció sobre el hecho, cuando su portavoz declaró a EFE el 10 de marzo que habían podido “confirmar daños” en Tiro durante la actual guerra perpetrada por Israel contra suelo libanés.
Pero las vejaciones contra la hermosa ciudad mediterránea, —fundada en el año 2750 antes de Cristo y reconocida por sus vestigios fenicios, romanos y bizantinos—, no datan de este 2026.
La urbe, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984, figura entre las ciudades del Líbano más laceradas por las constantes agresiones sionistas desde la segunda mitad del siglo XX, debido a su cercanía con los territorios ocupados por Israel.
Dos décadas atrás, en 2006, durante otra campaña bélica israelí contra el Líbano, expertos de la UNESCO confirmaron daños en las estructuras milenarias de Tiro, pues muchos bombardeos tuvieron lugar cerca de esas áreas.
En ese entonces, los especialistas expresaron preocupación por la integridad de la necrópolis, el arco triunfal, el acueducto y el hipódromo más grande del mundo, construcciones romanas que conforman el antes referido complejo Al Bass.
Los informes alegaron que, de las cinco zonas patrimoniales libanesas, dos habían sufrido serios daños, en referencia a Tiro y Balbek (otra localidad cuyas estructuras son ejemplo de la arquitectura romana imperial).
Palmira: otra joya antigua vejada por la barbarie
Una suerte similar ha tocado a la urbe siria de Palmira, que al ser un valioso repositorio de restos arqueológicos y ruinas monumentales de una gran ciudad, es reconocida como centro cultural crucial en el mundo antiguo.
Se trata de otro antiquísimo núcleo urbano romano en pleno corazón de Oriente Medio, situadoen un oasis en el norte del desierto de Siria, actual provincia de Homs. Los hallazgos más antiguos de Palmira datan de finales de la Edad de Piedra. Antes del inicio de la guerra civil en 2011, alrededor de 150 mil turistas acudían cada mes a la ciudad.
También inscrita en la lista del Patrimonio Mundial desde 1980, Palmira exhibe un alto grado de destrucción debido a los conflictos armados acontecidos en suelo sirio.
En un informe publicado en 2025 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, arqueólogos y otros profesionales de Siria documentaron el deterioro en los 12 monumentos y sitios arqueológicos más importantes de Palmira, especialmente en vestigios de conjuntos monumentales romanos del siglo II como Tetrapylon, el teatro romano, el Campamento de Diocleciano del siglo III, hasta el Castillo de Palmyra o Qal`atIbn Ma`n (del siglo XIII).
Los expertos enfatizan en las cuatro estructuras del conjunto Tetrapylon, “objeto de explosiones que redujeron sus columnas a un montón de fragmentos de piedra dispersos”, según refiere el documento publicado por el CSIC, que también menciona daños en el teatro romano, donde “los investigadores atestiguan un derrumbe en su fachada”.
Entre los ejemplos más ilustrativos de la degradación del patrimonio edificado en Siria aparece la destrucción del Templo de Bel, de 2000 años de antigüedad, en la propia ciudad de Palmira. En 2015, el Estado Islámico hizo estallar el milenario edificio.
Al referirse al impacto del ataque, el departamento de Antigüedades y Museos en Damasco informó que los explosivos destruyeron por completo el Templo, y solo quedó en pie su fachada, precisó la fuente.
Dos años antes, el 20 de junio de 2013, la UNESCO había incluido a todos los sitios sirios en la Lista de Patrimonio de la Humanidad en peligro, a modo de alerta sobre los riesgos que corrían debido a la guerra civil.
Babilonia: del reino de Nabucodonosor a base militar
Parece una secuencia de un filme de ciencia ficciónque las ruinas de Babilonia, en Irak, albergaran alguna vez un emplazamiento militar de Estados Unidos. Sin embargo, informes de la UNESCO de los años 2008 y 2009 indican que se trata de un suceso real: el sitio arqueológico de la antigua ciudad fue utilizado por las fuerzas de la coalición entre Estados Unidos y países de la OTAN durante la invasión a Irak, iniciada en 2003.
Según datos emitidos por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, los vestigios de Babilonia, clasificada como sitio arqueológico desde 1935, sufrieron “graves deterioros debido a la realización de excavaciones, cavados de zanjas, desmantelamientos y nivelaciones en el terreno”. El organismo también menciona daños considerables en algunos elementos estructurales importantes como la Puerta Ishtar y la Vía Procesional, entre otros.
Situada a unos 90 kilómetros al sur de Bagdad, Babilonia fue la capital de dos famosos reyes de la Antigüedad: Hammurabi y Nabucodonosor, el monarca que mandó construir sus Jardines Colgantes, una de las Siete Maravillas del Mundo.
Durante la guerra iniciada en 2003, la urbe padeció no solo por la presencia de tropas entre sus ruinashasta 2004, sino también por saqueos. Se perpetraron robos y destrucciones de colecciones de los museos dedicados a Hammurabi y Nabucodonosor, así como en la Biblioteca y los Archivos de Babilonia. El hecho, recurrente en los conflictos armados, demuestra la vulnerabilidad de los bienes culturales en estos casos.
Si bien la UNESCO regula su salvaguardia mediante la Convención para la protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado, firmada en La Haya el 14 de mayo de 1954, y norma la identificación, resguardo, respeto y deberes militares para con los bienes culturales, la realidad indica que estos, junto al patrimonio edificado, han quedado muy expuestos en los escenarios bélicos que afectan con frecuencia a Oriente Medio.
Lo demuestran los mencionados saqueos a museos en Irak; el robo desde 2011en Yemen de monedas, estatuas, manuscritos e inscripciones antiguas, luego vendidos en casas de subastas de Europa o Estados Unidos por un millón de dólares; y las 10000 piezas sustraídas en 2015 del museo de la ciudad de Idlib, en Siria, por solo citar algunos ejemplos.
Isfahán: la humanidad no ha aprendido la lección
Como si no bastara la huella demoledora de la guerra en el Patrimonio cultural de Siria, Líbano, Irak, Yemen y otros países de la región, la destrucción ha vuelto a la revancha este 2026, y aproximadamente 120 sitios patrimoniales y culturales en Irán han sido atacados directa o indirectamente por Estados Unidos e Israel, según confirmó a finales de marzo el Secretario General de la Comisión Nacional Iraní para la UNESCO, Hassan Fartousi.
Buena parte de los lugares dañados constituyen verdaderos tesoros patrimoniales de Isfahán, una de las ciudades más importantes de Irán, rica en historia, y anfitriona de varios sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por el organismo internacional.
La urbe floreció entre los siglos IX y XVIII. Llegó a ser incluso la capital iraní bajo el reinado de Abbas el Grande. Es conocida por su arquitectura persa-musulmana, sus grandes bulevares, puentes cubiertos, palacios y mezquitas con azulejos y minaretes.
Entre los inmuebles agredidos aparece el Palacio de ChehelSotoun, uno de los monumentos históricos más famosos de la ciudad de Isfahán, situada a unos 450 kilómetros al sur de Teherán.
La UNESCO confirmó que diversos elementos del inmueble resultaron dañados durante ataques del 10 de marzo contra un edificio gubernamental adyacente. El organismo internacional mencionó igualmente que las ondas expansivas de los bombardeos también afectaron la estructura, los azulejos y elementos decorativos de Masjed-e Jame, la mezquita de los viernes más antigua de Irán, otro de los enclaves persas declarado Patrimonio Mundial en Isfahán.
Según la organización, “el monumento ilustra una secuencia de construcción arquitectónica y estilos decorativos de diferentes períodos de la arquitectura islámica iraní, que abarca 12 siglos”.
Otra joya arquitectónica, el palacio real de Ali Qapu, incluido en la lista de Patrimonio Mundial en 1979, sufrió igualmente vejaciones, al reportarse ventanas y puertas rotas, así como azulejos desprendidos.
Fuera de Isfahán, el patrimonio cultural iraní también ha sufrido agresiones en sitios de importancia histórica ubicados por ejemplo enKhorramabad y en la capital, Teherán, donde el 2 de marzo pasado, tras un ataque con misiles contra la plaza Arag, el Palacio de Golestán sufrió daños infraestructurales.
Ese día, con sus vitrales y arcos, también se quebró la esperanza de que las armas dejen de mutilar la historia de los pueblos. En las sucesivas guerras en Oriente Medio, los pobladores han perdido sus casas, sus empleos, sus futuros y sus vidas. En tales conflagraciones arden no solo bases militares, aeropuertos, hospitales o sitios donde viven civiles inocentes. Arde también la Memoria, ese sensible repositorio donde descansan la cultura eidentidad de una nación.
Imagen de portada: UNESCO condena los ataques contra importantes enclaves históricos en Libia y Siria. Foto: UNESCO.

