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El Saratoga en las órdenes de una madre

Cuando, ocurrida la tragedia en el hotel Saratoga, la madre del periodista Dairon Caballero Heredia se enteró de que su muchacho se metía por propia voluntad en noticia «de once varas», lo llamó con uno de esos pedidos terminantes que solo se atreven a hacer las más recias progenitoras: «¡Sal de ahí…!».

Dairon tiene, de veras, cara de hijo respetuoso, pero se animó a colgarle el móvil, considerando que había puesto el altavoz y que, en una circunstancia que exigía toneladas de valor, las personas que le rodeaban podían pensar que en casa le trataban como a un crío.

«Ella no le hablaba al periodista graduado en 2015, sino al hijo que siente de cinco años, de un año… habló primero el susto de madre: ¡sal de ahí, sal de ahí…!», recuerda el reportero de Radio Habana Cuba en diálogo con Cubaperiodistas.

La periodista Patricia María Guerra conversa con el reportero de Radio Habana Cuba, Dairon Caballero. Foto: Stephania Núñez/Cubaperiodistas

Periodista y ser humano

Desde el mismo viernes 6 de mayo, no quiero ser preciso en la hora, yo iba en una guagua desde Lawton hacia casa de mi tía. Venía conectado a WhatsApp y de pronto empiezan a llegarme mensajes:«  ¿qué sabes de esto?», «un atentado en el Hotel Saratoga».

Al bajarme de la guagua, veo todo el ambiente tumultuario y digo: «Tengo que averiguar porque la palabra atentado implica muchas cosas». Esa oportunidad de saber lo que ocurría me la dio mi credencial de prensa.

Necesitaba explotar mi función de periodista para ir más allá de lo que se pudiera estar construyendo como una tergiversación y ver qué aportaba de diferente, sin caer en el sensacionalismo sino en algo que, desde el punto de vista humano, representara un poco de paz, calma y sosiego para las personas que, sin saberlo, tenían un familiar allí dentro contratándose para la reapertura del hotel o porque simplemente estaban de pasada por ahí. Era una cuestión de humanidad, de valores humanos, de familias que sufren.

“Necesitaba explotar mi función de periodista para ir más allá de lo que se pudiera estar construyendo como una tergiversación”. Foto tomada del perfil en Facebook de Dairon Caballero Heredia.

En medio de tanto dolor no se puede pensar ni remotamente  en que una tragedia de este tipo se va a convertir en un mecanismo de juego sucio en cuanto a cuestiones políticas. Eso fue lo primero que me estremeció y me hizo decir: «No me da la gana, a mí como ser humano, como periodista, como cubano, que se manipule esta tragedia. No se podía generar un estado de caos entre personas que en ese momento solo contaba con esa información».

Primeros pasos

Lo primero que hice fue llamar a mi emisora, adonde tengo que responder, porque más allá de un interés personal en saber qué estaba pasando, esta la ética profesional, porque yo respondo a un medio. Entonces empecé a ver cómo, en la medida de mis posibilidades, me involucraba en la construcción de la noticia para poder medir el nivel de impacto o de repercusión de lo que estaba pasando.

Lo único que tenía, porque ni llamadas podía hacer, era WhatsApp, y así hablé con mi directora, con la webmaster.

– ¿Qué más ha pasado, Dairon, cuéntame?

-Hasta el momento se dice que la explosión es por una mala manipulación del gas.

Se dice, todo el tiempo se dice, porque yo no estaba recibiendo la información de primera mano, estaba siendo parte de un ambiente que se estaba tratando de acoplar. Todos estábamos ahí con el afán de poder hacer lo mismo. Fui el primer medio en llegar; después, Rosy Amaro, al frente de Cubavisión Internacional y periodistas de Cubadebate. Enseguida empezamos a colaborar.

Miedos

– ¿Sentiste miedo?

-Mideo como tal, no. Una especie de osadía consecuente y precavida, osadía porque me movió la emoción al negarme a la idea de que fuera un atentado. Empecé a averiguar.

Puedo decir -desde mi desconocimiento de arquitectura- que fue una explosión generada desde adentro, que lanzó como si fueran grandes pedazos de meteoritos, piedras para todos lados. A partir de esta realidad, uno se va metiendo en la piel de todas esas personas y es algo muy sentido y doloroso.

Policías, bomberos y rescatistas

La policía, las autoridades, los bomberos y rescatistas colaboraron desde el inicio. Fluyó un ambiente de interrelación entre ellos y conmigo como periodista.

La emisora cambió toda su estrategia de trabajo. A pesar de que la revista terminaba a las dos de la tarde, la directora me dijo: «Tienes todo el tiempo que quieras para seguir hablando y para seguir buscando», y así fueron surgiendo entrevistas exclusivas hasta con Reinaldo García Zapata, el Gobernador de La Habana, en un ambiente de mucha osadía y pocos protocolos.

Hubo mucha tensión, lógicamente, pero siempre mucho respeto hacia la labor del otro. Yo no violentaba los espacios de trabajo de la Cruz Roja; ellos tampoco me impedían proyectar el mío. Y me iban permitiendo hacer mis funciones: «¿Qué quieres saber?» «Mira, yo voy a estar aquí».

Cuando se estableció un perímetro para la prensa yo me mantuve con ellos. La prensa estaba allá y yo ahí con ellos. Ya no era quizás el periodista de Radio Habana Cuba sino que prácticamente también era de la Cruz Roja.

Con los rescatistas, hicimos una familia. Se generó un espacio de familiaridad, de plena cubanía. No me sentí solo.

Foto tomada del perfil en Facebook de Dairon

«Oye periodista, ponte el casco, no salgas así, ¿qué tú quieres, ganarte un premio?», me dijo alguien y le respondí: «No, si ustedes están aquí y no están buscando un premio, qué más premio que compartir con gente así que tienen este nivel de calor humano».

Cuarenta horas después

Cuando yo veo que el viernes a las doce de la noche esta gente estaba como si fuera de día, con el mismo afán de por la mañana, me di cuenta que tampoco quería irme. Ese ambiente me estaba comprometiendo a mí también. Estaba siendo testigo de un hecho sin conocer la verdadera magnitud de lo que estaba pasando, porque yo me fui aclimatando según se aclimataban ellos.

Foto tomada del muro en Facebook de Dairon

Todo el viernes, todo el sábado; amanecí allí el domingo. Fueron más de cuarenta horas que al principio ni sentí.  No por mí, sino por las historias, porque la gente merece el protagonismo, porque casi todas las personas  ayudaron de manera voluntaria, gente que no estaba cobrando por eso y estaban allí con unas ojeras que les llegaban al talón, pero con el mismo compromiso de siempre. Porque hay también emociones en juego, las tuyas y las de muchos.

La realidad en una imagen

Nunca había subido a las redes sociales una imagen tan impactante como mochilas sin niños, y eso da la medida de la salida urgente de esa escuela primaria, mientras se quedaron todas las pertenencias.

No somos nada en materia de existencia porque se nos va la vida en un momento, pero las mochilas estaban allí, yo le tomé una foto porque para mí eso marcaba un antes y un después en la rutina de esa escuela. Es algo con un valor testimonial muy grande, no hace falta ponerle ni texto. Es una referencia.

Nuestra prensa

Creo que se logró lo que hemos defendido siempre desde la dimensión profesional y también política, y es el hecho de que dimos adelante exponiendo la agenda del momento de la manera más coherente y cuidadosa posible, porque también las autoridades respondieron a esos intereses. Cuando una autoridad funciona a la par del periodista entonces eso se convierte en cohesión entre nosotros y en menos fisuras para que otros entren.

Logré descansar después de cuarenta horas anhelando la noticia, no por afán profesional sino por un afán humano, porque muchos mensajes me entraron a mi WhatsApp y a mi Messenger: «Te sigo, estoy aquí, no he dormido en la madrugada porque estoy esperando lo que estás publicando», y eso también me llevó a no irme.

La historia de Leonardo

— Hola, buenas noches. Mi nombre es Dairon Caballero Heredia, soy periodista de Radio Habana Cuba, ¿cómo estás?

—…

—Veo que eres joven, ¿qué estudias?

— Soy médico, cirujano

— ¿Y qué haces aquí?

— Estoy de voluntario desde que comenzó todo

— ¿Me pudieras dar una entrevista para saber por qué estás aquí?

— ¿Te la puedo dar después? Tengo a mi papá allá adentro.

Así conversé con Leonardo y su historia fue una de las que más me marcó. A Leonardo no me lo encontré más, y todo el mundo me preguntaba por su papá.

Lo que me impactó por completo es una llamada de la profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Ania Hernández Quintana, a quien admiro mucho.

Ella me dejó este mensaje de voz en Messenger: «Dairon querido, quería mandarte esta nota de voz para agradecerte personalmente todo lo que estás haciendo. Estoy ahora en la funeraria de Zanja con el doctor Leonardo, quien es mi ahijado de bautizo, ese mismo del cual estuviste comentando, cuyo padre se encontró a media noche. Es una familia maravillosa, y tú también eres un hombre maravilloso, así que te agradezco todo, todo lo que has hecho y todo lo que sigues haciendo, un abrazo grande».

Contraorden de mamá

Dairon Caballero Heredia, uno de los soldados más firmes que tuvo la prensa cubana al pie del Hotel Saratoga, es un reportero de carne y hueso —perdónese la redundancia—, así que, agotado de horas fuertes y emociones largas, admite sus humanos límites: «Más que el stress, no sé ni cómo decirlo… por dentro yo estaba como el edificio».

A él le llegó, como a los seres afligidos cuyas historias contó, el apoyo de los suyos: «Mi familia estuvo todo el tiempo preocupada y mi hermano diciendo: “Óyeme, tírame una directa, ¿qué haces?”».

Desde otra esquina del afecto, su jefa, presumiéndolo en peligro cuando él hacía una directa, calcaba el sábado el primer pedido de su madre: «¡Oye, sal de ahí!», pero él, que hubiera querido llegar hasta el último piso de la escuela Concepción Arenal, anduvo solamente hasta donde la seguridad, establecida por sus amigos bomberos, lo permitió.

Por eso lo marcó, entre tantas, una frase: «¡Él es de nosotros!», decían señalándolo los firmes hombres del Cuerpo que lo mismo le soltaban un cubanísimo «¡Oye, caballo…!» para llamarlo que un recordatorio de que no había descansado o para que fuera a comer.

Casi al final de esta historia, cuando el Saratoga quedaba inerte como buque accidentado en bravío mar de fraternidad y «botes» de compatriotas estaban por terminar sus hazañas como salvavidas y salvacuerpos, Dayron Caballero Heredia recibió otra llamada de su madre. La única, la insustituible, la misma que al principio le había exigido que se fuera de allí tenía ahora para el hijo un encargo diferente: «¡Sí, mi hijo, amanece, que tu trabajo lo están siguiendo! ¡Sigue informando!».

Foto de portada: Stephania Núñez/Cubaperiodistas

7 thoughts on “El Saratoga en las órdenes de una madre

  1. Milanés. Gracias por este excelente trabajo. Soy de los lectores camagueyanos que admira como escribes, tu sencillez, objetividad.
    Ese joven periodista Dairon. HIZO UNA LABOR TAN HUMANA Y PROFESIONAL. Me sumo para agradecerle su sacrificio, profesionalismo. Gracias que existen personas como ustedes. Sigan siendo muy humanos, sencillos, objetivos, alejados de maniqueísmos. En una palabra sigan siendo buenos profesionales. Se les agradece mucho. Dios los bendiga.

  2. Gracias miles por estos reportes, de comunicadores estelares, valientes, talentosos. Ante la tragedia, han sabido tener al pueblo informado de lo ocurrido, así como de historias conmovedoras.

  3. Sólo puedo llorar. Este joven se ha vuelto familiar para muchos. Me conmueve todo lo que tiene que ver con el hotel. Le admiro pero hasta ahora no me animaba a decirlo. Ya está! Ya lo sabe… No se puede enmarcar como periodista, allí fue de todo un poco. Uno no conoce la dimensión del ser humano que lleva dentro hasta que un hecho fortuito te obliga a verlo. Gracias Dairon.

  4. Orgullo es lo que sentí al ver a mi alumno de 6to grado Dairon en las noticias en horas de tanto dolor para Cuba. Él siempre fue osado, pero muy humano. Es muy, pero muy bueno leer y sentir orgullo de él. Un abrazo desde tu natal Palma Soriano.

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