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Reporte del pinchazo en brazo propio

Cazadores de noticias, cazados en la operación que impulsa Cuba para salvar vidas frente a la pandemia, se convirtieron en protagonistas de esa hazaña, tras la inclusión de un grupo de profesionales de la prensa en el estudio de intervención sanitaria que se lleva a cabo en el país. Desde  este martes 1 de junio comenzó su  inmunización con el candidato vacunal Abdala, fruto del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.

Gracias a un acuerdo entre el Ministerio de Salud Pública y la Unión de Periodistas de Cuba se hizo posible que cambiaran por un rato su rol de espectadores críticos de la realidad, para formar parte como voluntarios en ese estudio, luego de meses de sortear los riesgos de contagio, dado que el sector periodístico no ha parado sus labores desde que fuera decretada la pandemia.

Quienes nos encontramos en la Casa de la Prensa de La Habana para recibir la primera dosis del fármaco, cuyos resultados están bajo la lupa de los científicos, expresaban gratitud a Jorge Legañoa, vicepresidente de la UPEC encargado de dirigir in situ la operación.

Agradecidos porque como es obvio no es lo mismo reportar lo que se ha vivido en tiempos de pandemia, escribir de la atención del personal de salud, de los enfermos y del avance de los investigadores con los candidatos vacunales, que vivir la experiencia en brazo propio, e intercambiar con médicos y enfermeras que posibilitaron la vacunación al grupo incluido en el estudio.

De la proeza cubana con las cinco formulaciones en proceso de ensayo clínico contra esa enfermedad nos tocará seguir hablando durante mucho tiempo, y también de lo que representa para una pequeña isla cumplir el propósito de inmunizar con esos productos a toda su población, en medio de tanto cerco imperial, absurdamente empecinado en impedirlo.

Pese a carencias materiales se trazó una estrategia, asentada en una industria biotecnológica y farmacéutica consolidada y dispuesta a poner a Cuba en los titulares del mundo, aunque todavía abundan quienes no quieren ver o silencian tamaña faena, y, peor aún, los que niegan y manipulan con mentiras la obra que médicos y enfermeros del país han hecho y hacen por la salud de decenas de pueblos, incluido el combate a la Covid-19 en naciones desarrolladas que solicitaron esa ayuda.

Frente a tales desafíos, el país encaró no solo el desarrollo de protocolos de atención y diversos fármacos para mejorar el estado de los contagiados, sino esos preparados que pronto serán vacunas con nombre propio.

Los candidatos Soberana 02 y Abdala, cuyas terceras fases de ensayo clínico están a punto de concluir en la primera y concluyó ya en la segunda, prosiguen etapas de estudio para medir su impacto en grupos poblacionales y territorios de riesgo, cuyos resultados servirán para seguir haciendo ciencia, determinar el grado de efectividad de esos fármacos, la duración de la inmunogenicidad…

Al quehacer entrelazado entre el Instituto Finlay de Vacunas, el Centro de Inmunología Molecular, el de Ingeniería Genética, el de Biopreparados, y otros, más el personal de salud actuando casi sin descanso en la primera línea, se debe que podamos repetir lo que dice el dúo Buena Fe: En esta dosis/ están la fe y la fuerza de un país/ más protegido, más inmune/ más feliz”.

(Tomado de Bohemia)

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