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ENTREVISTA

Julio Acanda: un cronista de la cubanía

A pesar de verlo a través de la pantalla chica, Julio Acanda ha logrado convertirse en una figura cercana para los cubanos. Se ha ganado el cariño y la aceptación del público por su presencia constante en Habana Noticiario y otros espacios significativos de la televisión cubana. Con él hemos disfrutado programas musicales, espectáculos nocturnos y, sobre todo, de sus crónicas del domingo, con las que ha expandido los horizontes de muchos que viajan a lugares recónditos o se adentran en las maravillas de Cuba a través de sus historias.

-¿Cómo llegaste al periodismo?

-Yo no llegué al periodismo, el periodismo llegó a mí. Con 9 años tenía un programa de radio que se llamaba Cosas de mi escuela en Radio Caribe, la emisora de la Isla de la Juventud. Desde esa época buscaba hacer crónicas. Quería escribir para la radio, para la televisión… y después supe que eso se llamaba periodismo.

A través de sus crónicas, Acanda le ha mostrado a los cubanos lugares insólitos.

Comencé a estudiar periodismo en la Universidad de La Habana, mientras tenía mi programa de radio Somos Jóvenes en Radio Ciudad de La Habana. Desde niño hasta hoy, lo único que he hecho en mi vida es esto. Es mi vida, mi vocación, el centro de mi existencia.

Al graduarme regresé a La Isla a hacer el servicio social. Radio Caribe había sido mi casa. Yo era el niño que había crecido allí. También soy fundador de Islavisión, donde fui corresponsal del noticiero nacional. Posteriormente vine para La Habana a hacer el Noticiero del Mediodía, que tenía características Aspeciales, era el único noticiero centrado en la figura del presentador. Eso le daba credibilidad y frescura, me permitía ser yo. Ese proyecto duró unos cinco años.

Lo fundamental de este trabajo es hacer que la gente te entienda y ser parte de su realidad de una manera coherente, que no te vean como alguien hierático a través de una pantalla. El kit de la cuestión es poder dar una noticia con naturalidad, llegar a las personas y eso lleva una preparación muy fuerte, mucho conocimiento en todos los sentidos.

Llegué al Canal Habana en su etapa de fundación y hacía falta un noticiero. La directora en aquel momento era Amada Montano y la jefa de información era Caridad Bermúdez, dos personas con las que trabajé muchísimos años. Ellas querían tener una persona que pudiera hacer algo similar a lo que yo había hecho en el noticiero del mediodía.

-¿Qué haces para distribuir tu tiempo entre las crónicas y el noticiero?

Lo tengo incorporado. Mi día está estructurado en función de mi trabajo. A las 5 se rompe todo lo que tenga, todo lo que haya, porque tengo que estar en el noticiero, pero en la semana tengo días que son para filmar las crónicas.

Las crónicas llevan una preparación, a veces de meses, algunas de años. He seguido a personajes como Ania, una niña invidente a la que entrevisté por primera vez cuando tenía siete años, después cuando tenía 14, posteriormente cuando estaba estudiando Psicología, cuando se graduó, y la última crónica que le hice fue como psicóloga. Son crónicas que llevan años haciéndose.

-¿Cómo eliges los temas de las crónicas?

-Ni yo mismo lo sé. Los temas me los traen a veces personas con las que hablo, otras surgen a partir de preocupaciones mías. El concepto general de las crónicas es mostrar lo que nos singulariza, lo que nos hace diferentes, por lo que las personas del mundo nos puedan señalar e identificar como cubanos. Siempre busco ese ángulo. Las crónicas son una gran investigación de cubanía, porque yo aprendo mucho haciéndolas.

Con ellas intento crear la sensación de que somos habitantes de una isla mágica, una isla especial. Quiero que de alguna manera esa sensación de orgullo de ser cubano llegue a mucha gente, más ahora que muchos miran hacia afuera, a lo banal o superficial, no a aquello que nos hace grandes, diferentes. He ido a los lugares más remotos, e incluso allí, hay alguien que conoce algo sobre Cuba.

Las crónicas me permiten ser yo. Se llaman crónicas del domingo porque son una herencia de la prensa escrita. La crónica del domingo era ese espacio que la gente se sentaba a disfrutar con calma, sin la presión de tener que irse a trabajar. Las empecé a hacer con un gran camarógrafo que se llama Antonio Gómez, El Loquillo, él fue mi mentor en muchas de las cosas que hago hoy, y con otro camarógrafo de la Isla de la Juventud, que se llama Jesús Calabuche. Ellos me enseñaron a ser mi propio ojo.

Adrián Migueles es la otra parte. Él es el hombre que sintetiza toda la información que tengo y que de alguna manera quiero transmitir a la gente. Migueles tiene la tarea de decirme: esto no va.  Son solo tres minutos y yo sufro mucho, porque hay cosas maravillosas que se quedan. Adrián a veces me dice que haga otra, pero se pierde la magia. Me he dado cuenta que el exigirme esa síntesis ha contribuido mucho en mi carrera, porque a lo mejor sin ella la crónica no tuviera el mismo impacto.

-¿Cuál ha sido la respuesta del público a las crónicas?

-He sido un periodista afortunado, porque el público me ha mimado. Me hablan de las crónicas, me preguntan, me envían correos diciéndome que hay tal cosa en tal parte… y eso me da una responsabilidad tremenda. Hay una ascensorista en el ICRT que me dice: cuándo vamos a ir a viajar, porque yo viajo contigo,  y yo pienso, que bueno que esta señora siente que yo la llevo a algún lugar, a conocer algo que de otra manera no podría ver, como el círculo polar ártico o la Patagonia. Eso es una responsabilidad tremenda, porque desde mis ojos esa mujer va a ver  y como ella muchos cubanos.

-Has trabajado en varios programas musicales y espectáculos nocturnos…

-Siempre he tenido muchas inquietudes. Julio Pulido me preguntó si podía hacer un programa musical y le dije: ¿Yo? No creo. Pero probamos para ver cómo salía. Eso fue en el año 2000 y estuvimos trabajando hasta el 2019.

El Gato Tuerto es su espacio habitual.

Héctor Quintero también me preguntó si me gustaría trabajar con él y le dije: ¡Que va! ¡Cabaret sí que no! Ahora miro a lo lejos y digo que no sé cómo me atreví a eso. Empecé a trabajar con él y fui cogiéndole el gusto a la noche, al cabaret y a los maravillosos artistas que trabajaban allí, y eso me enriqueció mucho.

Yo disfruto todo lo que hago, las crónicas, el noticiero, la dirección artística, los espectáculos.  No lo hago como un trabajo, lo hago como un disfrute, no me lastra. Pienso que es una dicha tremenda. Me siento realizado en todos los aspectos de mi vida.

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