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EFEMÉRIDES

El tristemente célebre Don Gonzalo Castañón

Más que por haber sido fundador y director del periódico La Voz de Cuba que preconizaba el exterminio total de los cubanos para repoblar la Isla con españoles, a Don Gonzalo Castañón Escaro (Asturias, 1834-Cayo Hueso, Estados Unidos, 1870) se le conoce por estar su nombre involucrado como pretexto para convertir en culpables a los ocho inocentes estudiantes del primer curso de Medicina de la Universidad de La Habana, acusados —y fusilados el 27 de noviembre de 1871— por ser responsables de una supuesta profanación a la tumba de este periodista y abogado.

Castañón creó su mencionada publicación que vio la luz  el 31 de mayo de 1869 con el fin esencial de combatir a los independentistas cubanos que el 11 de octubre de 1868, en el poblado de Yara, en la antigua provincia de Oriente —hoy Granma— protagonizaron el primer enfrentamiento armado entre cubanos y españoles, encabezados por el General en Jefe del Ejército Libertador Carlos Manuel de Céspedes, gesta en la que murió el primer cubano por la emancipación nacional, Fernando Guardia y Céspedes, mientras que por la parte española cayó un soldado de apellido Aguilera. Este hecho trascendió como El Grito de Yara y dio a conocer a Cuba y al mundo que en esta isla se había iniciado una revolución libertaria, en contra de la opresión y el coloniaje ibérico.

La Voz de Cuba, fundado como una sociedad por acciones y máximo órgano del integrismo peninsular en Cuba, a través de sus páginas convocaba a sus seguidores con textos como este: “Abandonemos ya los términos medios, y las resoluciones que además de no satisfacer a nadie, nada tampoco con ellas se consigue. Si Cuba ha de continuar siendo española, es necesario variar radicalmente su organismo, e infiltrarle nuevos elementos de vida que cumplidamente sustituyan a los degenerados que hoy encierra”.

De tal modo, este medio potencializaba los deseos colonialistas del sector español de línea más dura dentro de Cuba. En sus escritos prevalecía el escándalo, la difamación, la acusación sin pruebas, la atribución de epítetos y el incentivo a la violencia contra sus enemigos. Prácticas periodísticas como las suyas fueron claves en la preparación del clima que llevó a los sucesos brutales del Teatro Villanueva, de la Acera del Louvre y del saqueo del Palacio de Aldama.

Por esa época, el adolescente de 16 años de edad, José Martí, devenido posteriormente Héroe Nacional de Cuba, el 19 de enero de 1869, fundó, con el apoyo de Fermín Valdés Domínguez, el único número de cuatro páginas, de un modesto periódico denominado El Diablo Cojuelo, surgido en la habanera imprenta y librería El Iris, ubicada en la calle de Obispo. En este volumen apareció el primer artículo periodístico de carácter político publicado por el Apóstol, además de algunas notas satíricas, impregnadas de humor, sobre sucesos de la época, entre las que se encontraba un texto que criticaba al periódico bautizado por los patriotas insulares como La voz de Castañón, y mediante una broma muy responsable brevemente escribió:

 “-Señor Castañón?

-¿Qué hay?

-Aquí lo busca a usted la señorita Cuba, que viene a reclamar su voz, que según dice, ha tomado usted sin su licencia.

-¡Ay, cierra, cierra, amigo! Di que me he mudado de casa; que me he ido al infierno, que. . . que qué sé yo.. . en fin… mira… como te atosigue mucho, le dices, de mi parte, que pienso mudar de voz, ¿eh? Pero pronto, ¡pronto!

No sabemos a estas horas si la señorita Cuba entró o no entró, a tiempo avisaremos este fausto acontecimiento”.

Martí denuncia el hecho de que aquel órgano pro-colonialista usurpara el nombre de la isla para asumirlo como “la voz” de un pueblo esclavizado y ultrajado.

El joven periodista asturiano de 33 años de edad en su periódico acoge como propios los más mínimos asuntos relacionados con la administración española en la Isla, pasión que lo condujo a tomar partido en muchos problemas e inmiscuyéndose en polémicas políticas y defendiendo posiciones radicalmente españolistas, que le acarrearon la enemistad de los separatistas e insurrectos.

A través de su publicación, el también  funcionario del gobierno español en Puerto Príncipe (Camagüey) y luego en La Habana, igualmente arremetía en contra de la colonia cubana de Cayo Hueso, Estados Unidos, por ser reservorio principal, junto a Tampa, de propaganda patriótica, envío de armas y trazado de planes revolucionarios. En sus arrebatos periodísticos calificaba de “prostitutas” a las cubanas independentistas y de ellas dijo, además, que habían sido abandonadas por sus esposos, necesitadas de protección española, y entregadas a la promiscuidad del campo insurrecto, pariéndoles hijos a “los negros”.

Sobre este último aspecto, el director fundador de El Republicano —órgano pro-independentista existente en Cayo Hueso—, Juan María Nito Reyes, impugnó en su publicación, de forma valiente, enérgica y viril al periodista español, quien tan pronto tuvo esa respuesta en sus manos, hizo publicar, el 21 de enero de 1870, en La Voz de Cuba, una carta en la que demandaba explicaciones al director de aquel medio, y lo retaba a duelo, los cuales estaban prohibidos.

Sin embargo, Castañón jamás pensó realmente batirse en un duelo con Nito, uno de los miembros más activos de la comunidad cubana en el exilio, abierto a todo empeño de cultura, amén de reputado lector de tabaquería, una ocupación de prestigio. Se trataba de una sucia maniobra cuyo verdadero propósito era deshonrar a los patriotas cubanos a quienes públicamente calificó de personas de baja calaña con las que no estaba dispuesto a batirse.

Otro independentista insular radicado en Cayo Hueso, Mateo Orozco, tras enterarse de aquellas ofensivas palabras del español petulante y extremista, acudió al hotel Russell House, donde se hospedaba, para pedirle explicaciones. Luego de un enfrentamiento verbal se batieron a tiros y  Castañón cae abatido debido a dos mortales heridas de bala, una de estas en la ingle. Cuentan que antes de fallecer grito: “¡Viva España con honra!”.

Concluye así, el 31 de enero de 1870, la existencia efímera de quien prodigó un extraordinario odio hacia los nacionales y con él su ofensiva publicación. Un año después ocurrirían los tristes acontecimientos del asesinato vil de los estudiantes de Medicina.

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