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OBITUARIO OTRAS NOTICIAS

Karl Kirchen en mi memoria

Lo recordaré siempre con rostro plácido, sonriente, amigo para todo momento, ejemplo de sobrellevar una diabetes que no le permitía excesos, inteligente en el trato y en su profesión, la que nos hermanó desde que nuestros pequeños hijos (que hoy nos han hecho abuelos) confraternizaron en mi primera misión al frente de una oficina de Prensa Latina (República Democrática Alemana 1976-1979) en su tránsito a la aún más lejana de Japón.

Si es cierto que la estancia en el extranjero, sin el control o presión social del entorno habitual, saca a relucir los mejores o peores rasgos de cada persona que enfrenta esa situación, aquel contacto –personal y familiar—nos hizo establecer una relación de afecto y admiración, más allá de lo profesional, que perduró aún sin que nos viéramos con frecuencia en los últimos años.

Su salida hacia el ICRT, primero, y más tarde, simultaneando tareas con un medio japonés acreditado en nuestro país, coincidió con mi distinto derrotero en el periodismo cubano pero nunca nos sentimos ajenos al encontrarnos, aún con episodios familiares complejos y diferentes.

De compartir con su eterna y animosa compañera de toda la vida, Isabel Ramírez, en parajes foráneos como el berlinés a concurrir a las fiestas que tenían por sede su vivienda de Lawton, nuestras familias, por momentos, parecían una sola.

Estuvimos al tanto de padecimientos y otras laceraciones recíprocas; y en temporadas sin contacto directo siempre había lugar para saber de nuestras respectivas familias y salud. Incluso en diciembre de 2019 reanudamos, con su breve visita, las relaciones de parejas que tanto lugar ocuparon en una etapa importante de nuestras vidas.

Por eso, al enterarnos la víspera de su fallecimiento, por comunicación de nuestra hija que la había visto anunciada en Facebook por Tamara, la suya, no he podido apaciguar el dolor que me produce su pérdida, como a todos los que le conocieron y saben de su calidad humana.

Y por eso escribo, el antídoto para el pesar al que, lamentablemente, apelo con más frecuencia en la medida que envejezco. Mi pésame ayer lo dio mi compañera en la cercana funeraria viboreña porque soy de los que no debe (y ahora no puedo) caminar por las calles de mi barrio.

Hace un rato, un hermano no de sangre, al intentar informarme de lo ya sabido pero que solo comuniqué a la Upec de Prensa Latina, me recordaba que juntos habían estado en las Tropas Coheteriles Antiaéreas, en el primer llamado (1963) al que no pude concurrir yo por estar becado. Otro eslabón de la fructífera cadena que fue su vida, la que merece ser homenajeada, como lo hizo el Noticiero de la Televisión Cubana este mediodía.

Hasta siempre Karl Kirchen (su nombre en alemán, como acostumbraba a llamarle en broma desde aquel lejano 1978 en que por primera vez compartimos). O simplemente CIC, las iniciales con las que identificaremos su labor, muchas veces anónima aunque siempre eficaz, que dejó libros y textos aún válidos para conocer e interpretar facetas de este mundo complejo que nos tocó compartir

José Dos Santos
José Dos Santos
José Dos Santos (1947) Periodista cubano. Bachiller en Ciencia. Licenciado en Ciencias Políticas. Comenzó su vida periodística en 1969 en la Agencia Prensa Latina, donde fue desde auxiliar de redacción y Jefe de Servicios Gráficos, corresponsal jefe en la RDA y la RFA y vicepresidente para la Información (1984-1993). Quince años vicepresidente primero de la UPEC (1993-2008) y dos años subdirector de la revista Bohemia (2014-2014). Entre sus condecoraciones cuenta con cinco Distinciones, tres Medallas y dos Sellos. Es autor de varios libros testimoniales y sobre el jazz, materia sobre la que es fundador de un sitio web del Ministerio de Cultura y escritor y productor de programa radial La Esquina del Jazz, desde 1993.

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