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PERIODISMO CULTURAL

Periodismo cultural en Cuba: entre la perla y la hojarasca

La irrupción de la era de la convergencia en el escenario comunicativo cubano ha llevado a replantearse muchas de las interrogantes acerca de la mejor manera de desarrollar el ejercicio profesional.

El periodismo especializado, y particularmente el periodismo cultural, se cuestiona ahora maneras de producir contenidos más atractivos, interactivos e hipermediales. Sin embargo, aunque la forma adquiera protagonismo en el ciberespacio, las discusiones en cuanto a la calidad y profundidad son aún más importantes.

Es necesaria una crítica con nociones de la semiótica, la antropología, la sociología, la ética, la apreciación y la historia del arte. Se requiere de un mayor contraste de fuentes, una búsqueda de historias de vida, antecedentes, entendimiento de los fenómenos culturales vigentes y del patrimonio de la nación. Hay que aspirar a incluir las luchas antirracistas, feministas, temáticas emancipadoras.

Para la vicepresidenta de la UNEAC, Magda Resik, los periodistas deben encontrar lo que hace brillar la perla de la cultura nacional en la hojarasca de medios contemporáneos y ese sistema globalizador de la banalidad, sobre todo en el mundo de las redes sociales. En ese sentido la exploración del patrimonio y la compresión de la historia de Cuba se vuelven fundamentales.

«El periodismo cultural cubano tiene un espacio inmenso a explorar, el de la defensa de los valores patrimoniales, la memoria histórica. Esto implica un compromiso de la ciudadanía por aportar a ese rescate. También es importante que lo atesorado por las familias se incorpore a esa otra gran dimensión del patrimonio: la arquitectura de la ciudad, el urbanismo. Creemos profundamente en el valor de la comunicación para defender el patrimonio nacional. Para Eusebio Leal los medios establecen una comunicación universal que llega a los oídos de todos, lleva a las casas las imágenes y nos permite cumplir con el rol educativo, favorecer la relación de las personas con los bienes patrimoniales», explica la Directora de la Oficina de Comunicación en la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana.

Dicha preparación debe ir a la par de una formación constante por parte del profesional de la prensa. Para José Luis Estrada Betancourt, jefe de la sección cultural del Periódico Juventud Rebelde, la academia debe contribuir al dominio de esas competencias.  El arte tiene la función de producir conocimiento. El periodista tiene que decodificar y evaluar el producto para las audiencias cuestionadoras y prosumidoras.

«Es indiscutible que los cambios recientes en el campo tecnológico y mediático han provocado un nuevo panorama social y revolucionario en nuestra manera de acercarnos al hecho artístico. La democratización de internet propició, no sólo una mayor circulación del arte o de aquello que algunos consideran arte, sino también la visibilidad de las opiniones de los espectadores. Estamos viviendo la época del juicio popular, emitido desde las redes sociales. El periodismo cultural está llamado entonces a fomentar referentes culturales sólidos, propiciar el debate, la confrontación de ideas, a formar un sujeto crítico de profunda formación humanista, capaz de seleccionar en la avalancha de productos culturales lo realmente valioso», considera el Premio Nacional Juan Gualberto Gómez en la categoría de Prensa Escrita, otorgado este 2021.

La manera de narrar las historias y encontrar las esencias es imprescindibles. Bien lo sabe Indira Román, periodista y conductora del Noticiero Cultural.

«Hay que respetar las jerarquías culturales, lo realmente genuino para la cultura cubana y, en sentido general, para el público. Estamos necesitados de una mayor crítica, contraste de fuentes, información más certera, diversidad de enfoques, hacer coincidir la agenda pública y la agenda mediática, que no siempre van de la mano. Los contenidos deben ser visualmente más atractivos, no podemos quedarnos en la relatoría de los hechos, necesitamos ir más allá, contar las historias».

Esta convergencia tecnológica exige una imbricación de las formas tradicionales de hacer periodismo y las nuevas maneras de comunicar en la red de redes. Yasel Toledo Garnache, vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz, llama a analizar los debates intelectuales en torno a esta relación.

«El periodismo cultural en el actual contexto comunicativo implica desafíos adicionales. A las herramientas del conocimiento se añaden otras relacionadas con las plataformas digitales, las redes sociales. Tenemos que pensar un periodismo cultural atractivo para esos espacios», asevera.

Por otra parte, este universo digital genera nuevas maneras de hacer comunicación. Las audiencias a su vez generan sus propios contenidos. Entender estos cambios en la relación emisor-receptor en el ciberespacio es importante para la joven periodista Dailene Dovale, Premio de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena 2020.

«Pienso ahora en internet y en la forma en que la cultura del remix se apropia del espacio público. Pienso en los memes, en los podcasts, en los youtubers, los tik tokers, en esa producción incesante de contenidos, a veces más consumidos que nuestros propios medios. Sería interesante un espacio de crítica para ese contenido viral, que consumen los más jóvenes. Ahora me alejo de internet y me acerco a las comunidades que también deben ser nuestro centro, los proyectos comunitarios, las luchas feministas, antirracistas, contenidos revolucionarios que emancipan las ideas más importantes de nuestro proyecto socialista y anticapitalista».

(Tomado de uneac.org.cu)

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