COVID-19

Niños y niñas sin escuelas, “una tragedia para el futuro de la humanidad”

En un amplio terreno al aire libre, cubierto de césped y frente a un inmenso pizarrón, 168 pupitres le recuerdan al mundo que la emergencia sanitaria no es la única en medio del caos que ha inyectado la pandemia de la COVID-19 a la sociedad global.

“La clase de la pandemia”, ubicada en la sede de Naciones Unidas (ONU), es una instalación creada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) con el propósito de llamar la atención de los Gobiernos a la crisis educativa y promover la búsqueda de soluciones que eviten el cierre total de los centros docentes.

Cada pupitre vacío, representa a un millón de niños y niñas que viven en las naciones donde las escuelas han permanecido cerradas desde marzo de 2020 cuando el virus fue declarado pandemia. Las mochilas que cuelgan de los espaldares también están vacías, como símbolo de la postergación del potencial de los infantes.

Un reciente informe de Unicef expuso que estos cierres totales se han vivido en 14 países del mundo, nueve de los cuales pertenecen a América Latina y el Caribe.

Henrietta Fore, la directora ejecutiva de esa agencia de Naciones Unidas, fue enfática al respecto y ha dicho que, conforme se acerca el primer aniversario del comienzo de la pandemia, “la realidad vuelve a recordarnos la catastrófica emergencia educativa generada por los confinamientos mundiales”, frente a lo cual no puede ser permisible que, por segundo año consecutivo, “estos niños sigan sin poder asistir a la escuela de forma presencial o que la presencialidad siga siendo limitada”.

De acuerdo con datos de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) citados por Unicef, más de 888 millones de niños continúan sufriendo las consecuencias de las interrupciones de su educación. Aquellos que viven en extrema pobreza o que no disponen de los medios para acceder a la enseñanza por vía virtual, tienen las mayores probabilidades de no regresar nunca a la escuela e incluso, ser víctimas de la explotación sexual, el matrimonio y el trabajo infantil.

Para la mayoría de los niños en edad escolar, los centros educativos constituyen el único sitio en el que pueden relacionarse con sus compañeros y tener acceso a servicios de salud, inmunización y alimentación; condiciones de vida fundamentales que, en estos momentos, están siendo afectadas.

Fuera de las instituciones educativas, los problemas se magnifican. Por ejemplo, esta semana, Unicef también alertó de las consecuencias que el confinamiento implica para la salud mental y el bienestar psicosocial de niños y jóvenes.

El nuevo análisis basado en los datos del Registro de Respuestas Gubernamentales a la COVID-19 de Oxford, indica que al menos 332 millones de niños en todo el mundo han vivido bajo políticas de confinamiento obligatorias o recomendadas a nivel nacional. No obstante, estos datos no incluyen a los países que aplicaron confinamientos regionales o locales, por lo que hay un número desconocido de niños afectados psicológicamente.

Unicef señala que los cierres totales de las escuelas han dejado a los niños que sufren situaciones de violencia, abandono o abusos, cerca de sus maltratadores y sin el apoyo de los maestros y de las comunidades. Peor aún para los que pertenecen a los grupos de población vulnerables, como los que viven y trabajan en las calles, los discapacitados y los que residen en zonas de conflicto, quienes corren aún más el riesgo de que sus necesidades de salud mental no sean tenidas en cuenta.

Desde diciembre pasado, Robert Jenkins, jefe de Educación de la Unicef, alertó sobre la rapidez con la que los países del mundo se movían en la dirección equivocada al cerrar las escuelas como primer recurso tras el aumento de casos, a pesar de las pruebas que demuestran que los centros educacionales no son los principales puntos de propagación de la enfermedad.

En consecuencia, Fore recalcó que las naciones del mundo no deben escatimar esfuerzos para mantener las escuelas abiertas o darles prioridad en los planes de apertura.

Con el objetivo de asesorar a las autoridades nacionales y locales en ese proceso de incorporación a las actividades docentes que demanda Unicef, la agencia de la ONU en conjunto con la Unesco, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el Programa Mundial de Alimentos y el Banco Mundial, emitieron el “Marco para la reapertura de las escuelas” que dirige dicho proceso mediante el cumplimiento de seis dimensiones clave: el planteamiento de políticas eficaces, financiación, operaciones seguras, aprendizaje, atención a los niños más marginados y bienestar.

El mundo enfrenta otra prueba que exige acompañar a los niños y niñas en medio de una crisis sin precedentes, prolongada hasta tanto no sean efectivas las vacunas y las políticas de vacunación a nivel global.

Mientras, la realidad se resume a una situación crítica en la que, como afirmó el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, “tenemos millones de niños sin escolarizar”, una verdadera “tragedia para ellos, para sus países y para el futuro de la humanidad”.

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