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COLUMNISTAS

El CUC ¿la papa caliente?

Por Francisco Rodríguez Cruz

Seguramente muchas personas adultas recordarán aquel juego infantil donde había que pasarse una pelota de papel u otro objeto similar al que se nombraba la papa caliente, y quien se quedaba con ella, perdía.

Algo similar parecería estar sucediendo durante esta primera semana del ordenamiento monetario y cambiario con el peso convertible o CUC.

Fui testigo de un cliente que casi rogaba a un trabajador por cuenta propia para pagarle dos jugos con billete de un CUC, mientras el vendedor se mantenía inflexible en su postura de no aceptarlo.

Por supuesto, este rechazo al peso convertible no es un fenómeno nuevo. Ya desde el anuncio de que empezaría el proceso de unificación monetaria y cambiaria, e incluso antes, en no pocos comercios particulares y estatales empezaron a aparecer letreros de que no se aceptaban los CUC.

Pero ahora la situación es bastante más complicada, a pesar de que se ha reiterado por el gobierno la validez del peso convertible durante al menos seis meses para su progresiva retirada de circulación.

No obstante a ello, las posteriores explicaciones ofrecidas sobre la imposibilidad de operar con ambas monedas a partir del primero de enero en un grupo de establecimientos y cadenas, por dificultades en los programas contables o para manejar el dinero en efectivo, no parecen ser suficientemente convincentes, ni del todo apropiadas en estas circunstancias tan especiales.

¿Cómo antes podían hacerlo y ahora no? ¿Es tan diferente la cantidad de operaciones en todos los casos, como para impedir ese manejo de ambas monedas, o el más fácil cerrarles las cajas a los CUC?

Lo cierto es que esta restricción actual durante las primeras jornadas del año ha sobrecargado la afluencia de personas a las oficinas de cambio y las agencias bancarias, con la consiguiente incomodidad que ello provoca, justo lo que se dijo que se quería evitar con buena parte de esas medidas financieras.

Se ha dicho también que se continuarían incorporando comercios para recibir los pesos convertibles, pero la percepción generalizada es que incluso en las tiendas con este fin, a veces es difícil comprar o cambiar el CUC.

Ni siquiera el menudo o moneda fraccionaria del CUC a veces lo quieren aceptar, por ejemplo, en el transporte público, algo que sí hicieron de muy buena gana durante mucho, mucho tiempo, mientras les convino a sus conductores.

Es preciso entonces buscar nuevas soluciones para resolver este atolladero. La idea de brindar mayores facilidades para la retirada gradual de los pesos convertibles de la circulación debería continuar en el centro de la atención de las entidades del comercio y la gastronomía.

En la medida en que esto se logre, ese pánico hacia el CUC podría quizás mermar un poco también en el sector no estatal, donde es más difícil influir directamente sobre este asunto.

Lo que sí no debe suceder es que las personas anden en sus bolsillos y carteras con un dinero que conserva su valor, pero no puedan realizar con él los pagos más elementales. Hay que dejar de jugar a la papa caliente con el CUC, porque eso les quema las manos a muchas personas que todavía los tienen y, como en aquel juego infantil, tampoco quieren ni deben perder.

(Tomado de Trabajadores)

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