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Mi paso por Granma…

Recuerdo una tarde-noche, cuando participaba en la habitual Mesa Redonda sobre temas internacionales, en el ICRT, que, concluida la misma, nos esperaba Fidel a la entrada del ascensor, para decirnos entre otras cosas, que había seguido con interés el tema del Oriente Medio —tratado por nosotros—.

En el diálogo se le preguntó al Comandante sobre la Unión Africana (UA) y su desempeño para aquella fecha. Fidel hizo un recorrido por la situación del continente, los procesos de independencia que dieron origen al citado organismo llamado inicialmente Organización para la Unidad Africana (OUA), y el estado de dicha institución para esa fecha.

Durante algo más de una hora recibimos una verdadera clase magistral, en voz de un excelente maestro.

De regreso a la redacción internacional de Granma, traté de anotar algunas citas de las que escuché. Me convencí entonces que ser periodista de temas internacionales requiere de un aprendizaje diario, de mucha lectura, confrontación de fuentes…y si se da una oportunidad como la que acabo de citar, tratar de aprovecharla al máximo.

Esa es una de las experiencias vivida en este diario para alguien que apostó por la profesión y de ella ha hecho su vida.

Ahora bien, cito este hecho, más que todo para alertar a los jóvenes que hoy se incorporan a nuestras redacciones, en este caso para escribir sobre temas internacionales, de que nunca podemos creernos saber lo suficiente sobre un tema y que aprender es la primera misión que tenemos, antes de elaborar un producto informativo al menos aceptable.

Al comienzo de mi trabajo en la redacción internacional de Granma, escuchar la opinión —crítica o no— de Juan Marrero, y otros avezados  periodistas de entonces, fue un desafío que acepté con gusto, de tal manera que me comprometió a continuar en el lugar donde todavía soy parte de su colectivo.

Nuestra redacción internacional ha tenido siempre como objetivo hacer un diario que brinde informaciones actualizadas de los hechos más significativos del mundo.

Aquellos primeros años de aprendizaje diario me enseñaron a  escribir comentarios, artículos y otros géneros periodísticos, con valoraciones propias. Recuerdo que siempre se nos exigió cumplir con las normas de redacción y con la técnica periodística aprendida en la Universidad y en el trabajo diario, que dejaban establecido, en primer lugar la inmediatez informativa, los párrafos cortos con no más de cinco a siete líneas, los títulos suficientemente resumidos y los trabajos no sobrepasaran las 80 o cuando más, 90 líneas.

«Esa es la forma de hacer periodismo para un diario», nos advertía siempre el entrañable Marrero.

Recuerdo aquellas largas jornadas de día y noche, cuando la caída del campo socialista y la desintegración de la URSS, en las que me exprimía los sesos para escribir de algo que hubiera preferido no fuera realidad.

Extraordinario el privilegio de acompañar como periodista de Granma al Comandante en Jefe en sus visitas por más de una decena de países.

De igual manera han formado parte de mi trabajo el leer e indagar mucho respecto a la situación en el Oriente Medio. Escribir con objetividad sobre el tema palestino. Ahondar en cada información o artículo sobre la acción genocida de Estados Unidos y la OTAN cuando bombardeó durante 78 días y noches a la entonces Yugoslavia.

Recuerdo que fui enviado a ese país cuando aun estaban frescas las cenizas en lugares bombardeados con uranio empobrecido.

Allí conocí el resultado de una acción salvaje, visité hospitales destruidos, guarderías donde aun había muñecas destrozadas por la metralla y otros juguetes de niños que también fueron víctimas de las bombas y cohetes. Ocurrió otro tanto contra  plantas de televisión, embajadas, viviendas, fábricas, entre otros.

En Granma aprendí la máxima del trabajo internacional: leer mucho sobre el tema, confrontar más de dos o tres fuentes, acudir a los Centros de Estudios, al MINREX y a otros especialistas, cuando tuviese una duda o para obtener más información sobre el tema que trataría.

Así ha tenido que ser y en las últimas décadas he podido incursionar, además de temas globales, otros de la región de América Latina, Estados Unidos, etc.

Hoy la redacción internacional es otra, los años son otros y los temas pueden ser similares con el agregado de lo que ocurre a diario en el mundo.

Hay jóvenes que se adentran en el periodismo internacional al graduarse y lo hacen bien. Tienen una mayor preparación académica, pero necesitan comprensión y ayuda.

Algunos se agobian por las demasiadas ansias de hacerlo mejor y con las no suficientes horas de lectura y análisis de tantos hechos  que son noticias de cada día en la arena internacional.

Son estos, tiempos de tensión y responsabilidad. No podemos dejarnos vencer por el volumen de información al que tenemos acceso a cada momento por medio de internet.

Con la actividad diaria, la confrontación de fuentes y la convicción propia, sabremos qué es lo que tenemos que llevar a nuestras páginas y cómo hacerlo.

Mis años de profesión transcurren entre las décadas de aprendizaje práctico con aquellos maestros del periodismo y una actualidad donde brotan en nuestra redacción jóvenes que son el sustento informativo del presente y de seguro serán, si se lo proponen, unos  buenos analistas internacionales.

Aunque por lógica se ha producido cierto bache generacional, los que aún batallamos en este frente, tenemos que hacerlo con la convicción de que todavía  podemos ayudar a quienes se incorporan cada año a esta redacción o se preparan para la tarea en nuestras escuelas de periodismo.

Soy del criterio de que no se puede esperar por tenerlos sentados a nuestro lado en la redacción. La colaboración para lograr el objetivo,   debe comenzar en las aulas de las facultades de periodismo… y allí debemos ir a su encuentro.

Tenemos que preguntarnos cada día, ¿qué hacemos para contribuir a que los jóvenes que se incorporan a las redacciones, sigan preparándose mejor y se mantengan fieles a una profesión encantadora?

El periodismo internacional es lindo, despierta interés por la lectura,  por la génesis de muchos problemas que hoy agobian a la humanidad y queremos escribir de ellos. Tenemos que estudiarlos y hacer nuestra versión, comprobada y verídica, para llevarla a los lectores de nuestro país o de otras latitudes.

En ese anhelo, Granma continúa siendo un yate con proa al futuro. Los más jóvenes, aprendan a navegar en él y lo comprobarán.

Hoy, cuando cumplimos 55 años, solo debemos tener como premisa, cuánto nos falta por hacer y hacer bien. Esa es la única fórmula para navegar por aguas tranquilas y seguras.

Elson Concepción Pérez
Elson Concepción Pérez
Periodista cubano y analista de temas internacionales. Forma parte de la redacción del diario Granma.

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