OTRAS NOTICIAS

La Guerra y la Paz: una mirada desde el presente a la obra de Tolstói

En estos días de necesario recogimiento por el nuevo coronavirus y de trabajo a distancia vamos comprobando cuántas cosas son posibles de hacer en el plano profesional, además de laborar aún más. Así ocurrió con un grupo de fotos guardadas con celo, entre otras muchas, para en algún tiempo libre darles, al menos, un orden y adecuada ubicación pero descubrí algo mejor. Encontré el valor que realmente tienen.

Al viajar a Rusia con un grupo de colegas hace algún tiempo pudimos visitar la región de Tula, histórico lugar donde resplandece la casa del siglo XVII de León Tolstói, en la finca Yásnaia Poliana. Convertida en museo, guarda para siempre algo sorprendente, conmovedor, y tiene a la vez, una enseñanza de este famoso escritor, quizás sin habérselo propuesto.

Memorias de aquel viaje a Rusia que significó un acercamiento a la obra de León Tolstói. Foto: Cortesía de la autora.

Antecedentes necesarios

Tolstói comenzó a escribir La Guerra y la Paz, en 1864. El escenario y su eje tienen lugar durante la invasión y fracaso de Napoleón a la Rusia Zarista, casi un preámbulo de su posterior derrota en Waterloo, en 1815. Era una guerra a muerte entre los imperios. Si Napoleón vencía no podría disfrutar de su victoria porque los monarcas habían movilizado, armado, preparado y desplazaban hacia Bélgica un millón de soldados. Napoleón tenía de todas forma los días contados y el feudalismo también.

Tolstoi, en su obra magistral, fue capaz de reflejar cómo pese a las diferencias de las clases sociales, en esencia, todas estaban contra la guerra y querían vivir en paz pero no entendían la raíz del fenómeno guerra. Logró narrar como nadie la situación a lo largo de casi 50 años de historia rusa desde las guerras napoleónicas en las que se entretejen las aventuras de dos familias nobles los Bolkonska y los Rostov.

El novelista ruso León Tolstói es considerado uno de los autores más relevantes de la literatura mundial. Foto: Internet

Hay coincidencias en la afirmación de que la obra literaria -si se interpreta bien-tiene que ver mucho más con la paz que con la guerra y con el amor a la historia, la cultura rusa y el empeño de hacer el bien a los demás, encarnadas en el pasivo y benévolo Pierre Bezuijov, el héroe de la novela.

Comprendió como historiador los dos fenómenos antagónicos de que la solución para no llegar a la guerra es lograr la paz y mantenerla debe ser una victoria de toda la humanidad. Añade una visión desde el punto filosófico, al considerar a la guerra una constante en los humanos, con los inicios desde la antigüedad, en la lucha por poseer un lugar seguro para vivir y alimentarse.

Vigencia y lecciones marchan juntas
Transcurridos poco más de ciento cincuenta años, nuevos estudiosos afirman que la guerra es la continuación de la política por otros medios, los más violentos de una clase o un estado sobre otro.

En la época actual la hegemonía imperialista enarbola esta bandera, en aras de tener a cualquier precio el control del capital sobre los humanos. Recientes afirmaciones provenientes de Estados Unidos han puesto al comercio y el capital sobre la vida humana ante el desarrollo de la pandemia y sus consecuencias sociales y económicas provocadas por el nuevo coronavirus 2019.

Estados Unidos sirve de ilustración, obligada por su participación directamente en cinco conflictos en el Medio Oriente y uno en África, digamos para el gran público, pues mantienen otros debajo del tapete. ¿Y cuál es su esencia? La misma. Usted y yo sabemos que la misión de la humanidad consiste en eliminar las guerras y lograr una paz permanente. A pesar del cambio lógico de las épocas, la obra y el tema de Tolstói te enamoran y no te deja escapar de su magia.

Usted se preguntará: ¿Y qué es lo sorprendente, la lección dejada por Tolstói, enunciada al principio de estas líneas? Imposible olvidarlo. Cuando ya nos íbamos de aquel lugar histórico caía una suave llovizna del mes de agosto. Nos paralizó la pregunta: » ¿Pero se van sin ir a la tumba?» Todos preferimos correr el riesgo de mojarnos y cumplir el ritual previo de darle una vuelta a un gigantesco abeto y pedir un deseo, en espera de que sea cumplido.

La oportunidad de visitar la tumba de Tolstói es un privilegio al que resulta imposible renunciar. Foto: Cortesía de la autora.

Muy cerca nos sorprendió un sencillo cúmulo de tierra, cubierto de yerbas finas muy verdes: era la tumba del conde Leo Tolstói. Allí había nacido, justo al lado de un pequeño arroyo, donde en su infancia pescaba con su hermano. Ni un nombre, ni un epitafio, ni una flor, (las que aparecen en la foto fueron colocadas por los visitantes).

«La tumba más hermosa del mundo”, así le llaman muchos visitantes a la última morada del famoso escritor.

La finca Yasnaya Poliana quedaba atrás. También la magia del lugar y su Sofía, igualmente escritora y quien le dio una familia numerosa de 15 hijos al famoso escritor.

(Tomado de Canal Caribe)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *