PERIODISMO CIENTÍFICO

El lenguaje, ¿exclusivo de los humanos?

El lenguaje humano ha sido siempre considerado como una propiedad única de nuestra especie. Este lenguaje no es meramente comunicación, sino una forma simbólica de comunicación.

Todos los animales se comunican con sus semejantes por signos de varias clases (auditivos, visuales, químicos, táctiles, eléctricos), los que están particularmente desarrollados en mamíferos y aves.

Es a ese conjunto de signos al que llamamos “lenguaje” animal, comunicación no verbal y más técnicamente, lenguaje de signos, gestos y llamadas, que aún es utilizado por nuestra especie. Los monos o primates no humanos comunican emociones básicas en una variedad de formas, empleando este sistema.

Para que un sistema de comunicación sea reconocido como lenguaje, debe poseer un vocabulario (el significado de las palabras o de las posiciones de las manos en un lenguaje de signos) y una gramática (las reglas del uso de las palabras y de la formación de oraciones).

Si cualquier sistema de comunicación contiene ambos elementos, sean estos sonidos o signos arbitrarios, se considera un verdadero lenguaje. Por ejemplo, el lenguaje de signos americano utilizado por los sordos y enseñado a chimpancés y gorilas, se considera como tal.

En este lenguaje las diferentes posiciones de las manos corresponden a diferentes conceptos. Los grandes monos aprendieron con relativa facilidad dicho lenguaje, lo que llevó a muchos científicos a aceptar que otras especies tienen una excelente capacidad para aprender lenguajes, incluso el nuestro, si pudieran hablar.

Hasta la fecha, todos los esfuerzos para tratar de que los grandes monos (chimpancé y gorila) aprendan un lenguaje hablado (en este caso el idioma inglés), han fracasado; un resultado esperado pues, como ya conocemos, ellos no poseen las peculiaridades anatómicas del aparato de vocalización que caracteriza a los humanos para producir las palabras.

Sin embargo, se pensó que aún sin esta peculiaridad, estos grandes monos, dada su gran inteligencia y su máxima relación genética con los humanos (compartimos con ellos el 98 por ciento de nuestros genes) podían comunicarse con nosotros, utilizando un lenguaje de signos, mucho más adecuado para estos animales, especialmente el chimpancé.

Llevando a hecho esta idea, se experimentó con un hembra chimpancé llamada Washoe, a la que se le enseñó el ya mencionado lenguaje de signos americanos (ASL de sus iniciales en inglés) utilizado por los sordos, que no requiere del habla, pero si de gestos con los dedos y las manos.

Los resultados fueron sorprendentes. Washoe no solo aprendió rápido y desarrolló un extenso vocabulario, sino que además demostró habilidad para generalizar; es decir, aprendió un concepto en un contexto y fue capaz de aplicarlo a otro. Por ejemplo, el signo de “abrir” lo aprendió para las cajas, pero después lo extendió a las puertas.

Al finalizar su entrenamiento, Washoe utilizaba 240 signos, había aumentado nuevos signos, podía formar oraciones de dos o tres palabras e incluso pudo “enseñar” sus habilidades a otros chimpancés. Después de Washoe otros chimpancés y gorilas demostraron también sus habilidades para aprender el ASL, pero además se emplearon otros sistemas de lenguaje por signos, utilizando la pizarra de una computadora o símbolos de plástico.

Otro de los trabajos más sorprendentes en relación con el aprendizaje de lenguaje por signos, se llevó a cabo con un gorila llamada Koko, de 17 años de edad, la cual también se adiestró para que utilizara el lenguaje gestual de los sordomudos.

En poco tiempo, Koko llegó a utilizar correctamente 600 signos de ese lenguaje, pero después no progresó más. Cuando un día le preguntaron si era animal o un ser humano, ella respondió: “yo Koko, animal gorila” y a la interrogante de adonde van los gorilas cuando mueren, respondió: “adiós confortable”.

Otro caso extraordinario fue el de Kanzi, un chimpancé que aprendió a utilizar un teclado con el lenguaje de signos de Estados Unidos. Un día sin previa enseñanza escribió en el teclado “caza Kanzi” y comenzó a correr por el interior de la jaula, incitando a los que estaban fuera de ella a que lo persiguieran. Los que estudiaron a Kanzi opinan que posee una habilidad gramatical equivalente a la de un niño de seis años y medio.

El propósito de la investigación original con Washoe fue determinar que era única la forma por la cual un niño humano aprende un lenguaje. Una comparación de adquisición del lenguaje en humanos y chimpancés, revelaría hasta que punto las habilidades humanas superaban a la de los monos. La habilidad de Washoe y otros grandes monos para aprender un lenguaje simbólico sugirió que la adquisición del lenguaje no podía volver a ser considerado un rasgo único de los humanos.

Hoy existe un extenso debate acerca del significado de estos estudios. Algunos argumentan que muchos de dichos hallazgos son el resultado de sugestiones inconscientes dadas a los grandes simios por los humanos.

También está el problema de la interpretación de los datos, viendo lo que uno quiere ver. Por ejemplo, Washoe señaló “ave acuática” la primera vez que vio un cisne. Algunos investigadores han interpretado esto como una verdadera invención. Otros han sugerido que Washoe simplemente vio el ave y después el agua, y respondió con las dos señales en secuencia.

Obviamente, mucho de esta investigación corre el peligro de la especulación y de la interpretación excesiva por la simple razón de que no podemos penetrar dentro de la mente del animal. A pesar de estos debates, hay pocas dudas acerca de que los grandes monos pueden aprender y entender el significado de muchos símbolos.

Experimentos cuidadosamente controlados, muestran que el vocabulario básico de éstos no es un reflejo de las sugestiones inconscientes dadas por los científicos. La conducta de simbolizar correctamente sugiere fuertemente que los grandes simios entienden, de alguna manera, el significado de los símbolos.

Otro problema más complejo, es si estos mismos grandes monos entienden gramática y pueden construir oraciones. Aunque ellos pueden hacer esto, solo logran oraciones correctas con dos o tres palabras. No existe aun consenso sobre este particular.

Ambos, humanos y grandes monos, podemos aprender los símbolos, pero los primeros somos claramente mejores en esto. Quizás una de las mayores diferencias radica en el hecho de que los humanos cuentan con un lenguaje simbólico, articulado y abstracto y los grandes monos no; además, en su hábitat natural, estos no usan lenguaje con símbolos. Como con la manufactura de herramientas, vemos evidencias de capacidades en estos primates para conductas que son opcionales para ellos, pero obligatorias para los humanos modernos.

Los resultados de las investigaciones acerca de la comunicación entre diferentes especies de monos (en especial con el chimpancé), han descubierto un incipiente lenguaje “natural” en estas especies, así como la capacidad de aprender otros nuevos, pero ninguna especie hasta ahora ha comunicado información a los humanos sobre ellos mismos.

En resumen, el debate sobre si los grandes monos son capaces de poseer un lenguaje con vocabulario y gramática, continúa abierto y su solución depende de un “si”.

Si las críticas anteriores son correctas, el lenguaje es una exclusividad de Homo sapiens. Si Washoe, Kansi y Koko realmente aprendieron y utilizaron el lenguaje de signos americano, entonces el lenguaje en sentido general (sea vocal o por signos) no puede considerarse una exclusividad humana, al menos en su forma más incipiente, y nos da una pista de cómo pudo haber evolucionado el lenguaje humano.

Imagen tomada de Rtve 

Vicente Berovides Alvarez
Vicente Berovides Alvarez
Profesor Emérito de la Universidad de La Habana.

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