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El periodismo es una magia

Publicamos esta entrevista —publicada el 26 de febrero de 2003 en el periódico Juventud Rebelde, cuando Juan Marrero González, con medio siglo de haber como periodista, recibió el Premio Nacional de Periodismo José Martí— como homenaje a su obra, a cuatro años de su fallecimiento, el 18 de junio de 2016.

Sonó el teléfono en su casa muy temprano en la mañana.  “Está durmiendo”, nos dijo Ángela, su esposa.  Por favor despiértalo, dile que Juventud Rebelde necesita hacerle unas cuantas preguntas no indiscretas.

Con la voz peculiar de quien acaba de despertarse, sale al auricular el colega Juan Marrero González, a quien felicitamos por ser uno de los ganadores del Premio Anual de Periodismo José Martí.  En su haber acumula medio siglo de profesión periodística y más de 50 viajes de trabajo al exterior, muchos de ellos con Fidel.

No obstante haberlo sacado alevosamente de la cama, se ríe mucho cuando le decimos que nosotros obtuvimos cien puntos en una asignatura que se llama “Cómo interrumpir sueños tranquilos”.

Quien lo conoce bien sabe que Marero escribe mucho, pero habla muy poco.  Que gusta de escuchar más que de hablar él y mucho menos cuando de su vida y obra se trata. Pero no puede resistirse ni por teléfono, porque él sabe que ha hecho cientos de entrevistas en toda su carrera de reportero impenitente y ahora le toca a él darla sin reparos.

—Háblanos de tu cuna y almanaque…

(Se ríe y confiesa:) Soy habanero y tuve la fortuna de nacer un día grande, cespediano, el 10 de octubre de un año redondo: 1935.  Si te acuerdas de la aritmética que diste en la primaria, verás que este año cumpliré la fecha de La Demajagua: 68. ¡Qué coincidencia!

—Hubo algún escribano en tu árbol genealógico?

-Tengo una tradición, pero no genética: un tío político, periodista también habanero: Jorge Quintana, de la revista Bohemia.  No heredé por la vía sanguínea su periodismo, pero a él le debo haber entrado en esta profesión de sucesos, premuras, y riesgos cardíacos.

—¿Dónde ocurrió tu bautismo como periodista?

— Si te refieres al primer órgano de prensa donde trabajé oficialmente, fue en Radio Reloj, pero en un desprendimiento de esa emisora llamado Radio Voz, ubicado en la esquina de las calles 25 y 10, en el Vedado.  Sus locutores seguían siendo de Radio Reloj.

—¿Empezaste enseguida como reportero?

—No, comencé primero como redactor suplente, ya a fines de la década de los ’50. Tenía en esos momentos el título, muchos deseos de ser periodista de verdad, alguna teoría y ninguna práctica.  Solo el tiempo diría qué cosa iba a pasar conmigo.

—¿Alguien, además de Jorge Quintana, te dio una mano?

—Sí en Radio Voz conocí a dos miembros del Partido Socialista Popular, dos comunistas a quienes debo también su ayuda: José Luis Pérez y el poeta Ángel Augier. Fueron ellos quienes en 1959 me hablaron para entrar a Prensa Latina.  Gracias a su iniciativa y bondad yo fui uno de los fundadores de PL.  Allí otro Jorge fue mi maestro: Jorge Ricardo Massetti, de ahí el libro que publiqué sobre la creación de PL y la personalidad de Massetti.  Estuve entre los primeros periodistas de esa agencia de noticias, hasta después de Girón.

—¿Viviste aquella experiencia combativa?

—No. Me correspondió estar en la redacción de PL. No pude ir.  Los periodistas, como ustedes saben, cumplen órdenes no solo de su propia conciencia.

—¿Y después qué?

—Entré al periódico Combate, que radicaba en la calle Consulado, donde antes había estado el diario Avance, hasta que se cerró en 1963.  Después pasé al periódico Hoy.  Mi entrada coincidió con la designación de Blas Roca como director. Fue una suerte ser su subordinado.  Una escuela.  Una clase permanente. Allí estuve hasta que se fundó Granma, el 3 de octubre de 1965.  Granma fue la suma de Revolución más Hoy, más una parte pequeña del periódico El Mundo, sin desaparecer este, que se convirtió prácticamente en una escuela de Periodismo, hasta que un sabotaje contrarrevolucionario lo quemó, en 1968.

—¿Cargos periodísticos?

—Fui Jede de Redacción de Hoy.  Entré a Granma como jefe de Información, junto a Aurelio Silverio.  Y trabajé allí hasta que 1994 pasé a la presidencia de la Upec.  Es decir, que estuve en el periódico desde 1965 hasta 1994, cerca de 29 años.  Bueno, realmente en Granma primero fui jefe de Información y después reportero. También fui jefe de Deporte y vicejefe del Departamento Internacional.  En 1969 me nombraron jefe del Departamento Internacional, hasta el VI Congreso de la Upec en que me eligieron miembro de su presidencia junto a valiosos colegas.

—¿Y en la Upec?

—Ahora soy vicepresidente a cargo de la Ética y de los Asuntos Históricos.

—Bien, ¿quién es el periodista Juan Marrero?

—Soy un hombre común de este pueblo.

—Un hombre común del periodismo?

—Alguien que ha tratado de convertirse en un profesional de la noticia y del criterio, aunque eso nunca se logra cabalmente.  En esta profesión hay que aprender todos los días algo nuevo.  El periodismo es una magia.  Eso lo sabe bien Elio Menéndez, Virgilio, Aldo Isidrón del Valle y Luis Báez, los otros colegas premiados. El periodista no aprende ni en un día, ni en un mes, ni en un año, ni en veinte. Este oficio lleva una vida entera.

—¿Sorpresas en tu periodismo?

—Tengo algunos momentos muy presentes, por ser importantes, de los que dejan cicatrices en el disco blando, mágicos. Por ejemplo, cuando fui a Puerto Rico en el barco Cerro Pelado, en 1966.  Tuve así la dicha de integrar una delegación en ese barco que navegó para reclamar el derecho de los cubanos a participar en aquellos Juegos Centroamericanos.

—¿Emociones?

—Muchas.  La mayor, ese privilegio de cualquier periodista del mundo de estar junto a Fidel, de darle cobertura a sus actividades en Cuba y el exterior.  Recuerdo una trascendental: el viaje suyo a Vietnam en septiembre de 1973 y su presencia en Argelia.  Aquel periplo comenzó en Argel.  Después el Comandante en Jefe fue a tierra vietnamita. Yendo de Irak rumbo a la India, llegaron las primeras informaciones sobre el golpe fascista en Chile.  Fue justamente en la India que se confirmó la muerte de Salvador Allende en el Palacio de la Moneda, con el fusil AK que Fidel le regaló en sus manos.  El jefe de la Revolución se sintió fuertemente tocado y dolido con aquello.  Y yo sufrí al punto de que tuve que ser atendido por los médicos.

—¿Frustraciones?

—Siempre uno las tiene, porque nunca se consigue todo lo que profesionalmente uno quiere y a veces el trabajo no llega a ser lo que uno pretende alcanzar.  Así me ocurrió con una entrevista que le hice al General Velazco Alvarado, presidente del Perú.  No me resultó fácil, como es de suponer, pero no llegó a publicarse nunca. Me sentí más que frustrado.  Y después vino otra frustración: no estuve con Fidel en el sur de Vietnam, por un problema de capacidad en la nave aérea.  Luego de la muerte de Allende, hubo que recortar el programa de la delegación cubana y también se hizo un fuerte corte en la integración de la comitiva.  Entonces fui de los que tuvo que quedarse en Hiphong.

—¿Y alegrías?

—Como esta del Premio José Martí cuando el Apóstol cumple 150 años de su nacimiento.

—Me refiero en tu trabajo periodístico….

—Ah, cuando estuve en la URSS, en 1978, para cubrir el vuelo del cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo Méndez.  Yo tuve la felicidad de verlo subir a la nave en el cosmódromo de Baikonur y verlo bajar de ella en una zona desértica de Kazajstán.  Fuimos de nuevo a Baikonur y hablé con él allí.  Estaban presentes mis colegas Eddy Martin, Rosendo Gutiérrez, hoy director de Palante, Victor Pérez Galdós y el desaparecido Gilberto Caballero.

—¿Qué es para ti ser periodista?

—Sacrificio y permanente compromiso con el pueblo que nos lee y con la causa que uno defiende. Es problema de mente y de corazón, no solo de la profesión que un día seleccionamos.

—¿Y ser esposo de una periodista?

—Una suerte y un lío, porque por lo menos en nuestra profesión común los dos nos podemos comprender mucho mejor.  Y lío porque… bueno eso no se dice…me prometiste que no iban a ser preguntas indiscretas.

(La entrevista telefónica al parecer va a terminar, pero sale al otro lado de la línea su compañera Ángela Oramas, destacada colega de la revista Bohemia…)

—Saludo hermano, tengo que intervenir en algo: Juan  te ha hablado de ¡milagro! No le gusta hablar de él.  Pero ha publicado varios libros valiosos, como el dedicado a Prensa Latina y la figura de Massetti y… (La interrumpe Marrero que ha tomado de nuevo el auricular y yo aprovecho para seguir preguntando).

—Marrero, no me hablaste de tus libros…

—No me lo preguntaste…

—Bien, dime…

—El primero, en 1967, fue Nos vimos en Puerto Rico.  Le siguió El rostro de la victoria del Socialismo, en 1975, Premio de Testimonio del Concurso 26 de Julio de las FAR.  Después, El ocaso de un mito, junto con Elsa Claro, colega de Bohemia, sobre los acontecimientos del Irangate.  Posteriormente Andanzas de Atahualpa Recio, sobre el asesinato del ecuatoriano periodista Carlos Bastidas, quien en 1958 estuvo en la Sierra Maestra, entrevistó a Fidel, y al regreso en La Habana los esbirros batistianos lo mataron.  Fue el último periodista asesinado en Cuba.  La lista se detuvo porque como bien dijera Carlos Puebla, “llegó el Comandante y mandó a parar”.  Más tarde publiqué Apremiado por el cierre, una recopilación de mis trabajos en Combate, PL, Hoy, Granma, de distinto corte, género y temática. Luego escribí Prensa sin retorno, que es la historia de lo que fue la prensa burguesa en Cuba durante la década de 1950.  A este le siguió Dos siglos de periodismo en Cuba.  Y está en proceso de edición Rescate de un periodismo digno y veraz, en la Pablo de la Torriente. Trata la lucha de los años 1959, 60, 61 entre el periodismo corrupto y las fuerzas patrióticas dentro del periodismo cubano. Ah, con el título Congresos de periodistas cubanos, fue editado el libro que ofrece una breve historia de los congresos de periodistas en Cuba, aquellos que tuvieron lugar antes de 1959 y los siete de la Upec, así como de los plenos de la organización que dieron continuidad al VII Congreso, efectuado en 1999.

—¿Otro libro ahora?

—Estoy escribiendo la historia de la prensa cubana.  Aún no tengo el título, pero está bastante adelantado el texto.  Serán tres tomos.  El I desde el inicio del periodismo en la Isla, hasta 1898.  El II, de 1898 a 1959 y el III de 1959 hasta hoy.

One thought on “El periodismo es una magia

  1. Tuve el privilegio de conocerlo en la sede de la Upec. Pasaba ratos conversando con él, y era una verdadera enciclopedia. Disfrutaba compartir sus conocimientos.Estuvimos alejados un tiempo, y cuando nos reencontramos, me saludo con cariño y deferencia. Lo recuerdo como una persona excepcional.

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