COVID-19. Reportes periodísticos

Destinatario Zona Roja: estudiantes de Periodismo escriben

Laura Álvarez Sánchez, Mónica Delgado Abascal y Daniela Ortega Alberto son estudiantes de Periodismo: Laura y Mónica cursan el primer año de la carrera en la Facultad de Comunicación de La Habana; y Daniela es alumna del tercero, en la Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”.

De izquierda a derecha: Mónica y Laura en el centro de aislamiento Alamar 6

Sin conocerse, sus destinos se han cruzado estos días, pues las tres trabajan como voluntarias en centros de aislamiento para sospechosos de la COVID-19 en sus respectivas ciudades. En “Destinatario Zona Roja”, sección exclusiva de la revista Alma Mater para sus redes sociales, llegan las misivas de intercambio entre las jóvenes donde cuentan el día a día en las instalaciones; así como sus miedos, tristezas, esperanzas y las historias de resiliencia que brotan allí.

I

Laura y Mónica:

Es raro redactar una carta para personas que no conozco, pero creo que este es el mejor momento. Soy Daniela —Dan para los amigos— y, al igual que ustedes, hace pocos días trabajo como voluntaria en un centro de aislamiento para sospechosos de la COVID-19.

El inicio fue terrible. Cuando crucé la valla perimetral de la instalación decidí no pensar. Evité a toda costa las lágrimas, mientras le daba a mi madre un abrazo con la fuerza de un incierto «hasta luego». Así comenzó este, mi primer viaje sin fecha exacta de regreso a casa.

En cinco minutos nuestros antecesores nos explicaron una extensa rutina diaria que no entendí mucho, solo quedaba aprender durante la práctica. De pronto estaba vestida de verde, con cloro y trapeador en mano. Lista para limpiar la habitación que en pocos minutos albergaría a un nuevo paciente.

Eran las seis de la tarde. Llovía a cántaros, y aquel apartamento era una laguna infernal. De repente miré al mar. Ahí estaba mi bahía, azul e imponente, y a unos ocho kilómetros de las alturas de mi seductora Matanzas. No pude hacer otra cosa que sentarme en la puerta con la mirada perdida en semejante paisaje. Me invadió la tranquilidad y volví a la faena. Terminamos el trabajo a las diez. Habíamos conformado un buen equipo, aún inexperto, pero laborioso.

En este bloque somos cuatro voluntarios: Maureen, estudiante de Derecho; Josué, futuro profesor de lenguas extranjeras; la profe Belkys, vicedecana de la Facultad de Cultura Física; y yo, una larva de periodista.

Aquí adentro la unión es la única manera de sobrevivir a la agotadora jornada. Junto a nosotros hay doctores, enfermeros, virólogos, choferes, ambulancieros y hasta fumigadores; un grupo heterogéneo de personas con las que siempre se puede contar para soltar algunas carcajadas o consultar cualquier preocupación. Pronto les contaré más sobre ellos.

Por hoy me despido, Josué acaba de terminar su concierto en la ducha y vino a pasar un rato, entre cuentos, con nosotras. Ayer conversamos sobre historias de rebeldía y de tristezas, de Frank Delgado y de Bad Bunny; y, por supuesto, hubo un momento para el clásico debate de Derecho contra Periodismo.

Cuídense mucho. Espero noticias suyas.

Un abrazo virtual,

Daniela

II

Daniela:

¡Hasta que logramos sentarnos a escribirte! Estos días han sido locos, quizás porque todo es muy nuevo para nosotras, aunque ya nos estamos adaptando.

Tanto trabajo se agradece: se agradece poder conocerte; y cooperar con todos los médicos que olvidaron su especialidad y se dedican ahora a velar por los viajeros/internos —durante catorce días— en esta sede de Alamar.

Como los estudios de Periodismo que empezamos hace poco tiempo, ahora las batas verdes, el peligro de la línea roja y ayudar en un centro de aislamiento también nos unen. Es así. Esta carrera y el humanismo están demasiado ligadas como para tirarle miradas esquivas a la COVID-19.

Aquí todavía huele a estudios de última hora, a café de madrugada y a intensas veladas de debate. Los universitarios no se han ido del todo. Aquí estamos. Somos un equipo de diez y, precisamente, su grandeza está en hacer sencilla y divertida nuestra misión.

Los Juegos Caribe están presentes: dos profesores y tres alumnos de Turismo nos recuerdan a cada rato sus victorias. Un casi filósofo, un músico y un historiador se funden en las mismas tareas: limpiar, ordenar ropa, vestir al personal de la salud, repartir la comida e, incluso, escuchar tranquilamente las quejas y agradecimientos de los recién llegados (hasta ahora de Estados Unidos e Italia).

¡Llámanos locas, pero esto nos encanta!

Siempre te tenemos presente para contarte cuando hablan de triunfos, de altas y también de riesgos. Te seguiremos entre cartas, pero ahora suena el teléfono. Cuando ese timbre suena es porque trae trabajo. Recién llegan los pacientes de un vuelo de España, y nos esperan una tarde y noche largas.

Cuídate, Daniela,

Nasobucos y saludos,

Laura y Mónica

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