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Sueño de casa

Hace años, me iniciaba yo como periodista, me tocó escribir sobre la terminación de una escuela en Pálpite que había sido seriamente afectada por el huracán Michelle,  la Iluminado Rodríguez.

Sueño de escuela titulé aquel trabajo publicado en Humedal del Sur y en el cual describía las condiciones de la escuelita linda y confortable, la que merecían los niños del lugar que marcó el límite tierra adentro hacia donde pudieron llegar los mercenarios yanquis en abril de 1961, antes de ser derrotados.

Hoy en plena terminación de la última fase de la reparación de la Casa de la Prensa de Matanzas, no se  me ocurre otra cosa que volver a hablar de sueños, los cumplidos y los por cumplir.

Hace tres años esto era un sueño que no pasaba de reclamos en asambleas o de mirar con envidia sana hacia otras provincias. Luego el sueño tomó forma de idea y la idea se convirtió en plan en 2017, cuando se incluyó por primera vez  en el presupuesto una cifra considerable para mantenimiento y reparación.

El plan era  avanzar en tres fases y concluir en el 2020. Escuchadas ofertas, estudiadas y aprobadas, empezamos en noviembre de 2017. En ese inicio estaba el concurso de todos: el Partido provincial, el Gobierno, la Unión Nacional de  Arquitectos e Ingenieros de la Construcción y la Upec  nacional.

Así el sueño comenzó a hacerse realidad poco a poco. Esa es la parte difícil de los sueños,  porque mientras se construyen, la vida sigue. Y uno  tiene que mirar hacia adelante, hacia el final del sueño, sin descuidar el presente.

Mientras se construía no  ha sido fácil mantener el trabajo de la Upec y organizar aquí, por ejemplo, encuentros regionales de Género y de Softbol,  ser una de las provincias con más participación en los Cursos de Instituto  Internacional de Periodismo y abrir un Diplomado de Reorientación.

No  cerrar la Upec y mudarnos hacia otro lugar mientras se construía fue la mejor decisión. Eso lo aprendí con Marcia Brito, directora del Museo Farmacéutico de Matanzas, quien me contó su experiencia en la restauración de la botica en una  entrevista hace años. Tiene que ver con eso de que “el ojo del amo…” y con el  sentido de pertenencia.

Ustedes son testigos de cuánto quisimos  conservar hasta donde fue posible todo lo original. Cumplimos con las regulaciones de Patrimonio, no solo por mandato  o respeto, sino por  conciencia. La prensa no puede ser candil de la calle en nada.

Esta casa, que la Upec heredó por permuta en el año 2000 y que entonces Tubal Paéz, presidente nacional de la organización calificó como una de las mejores del país, vuelve a serlo dignamente.

No es el sueño  original, que incluía más espacios para la superación y el esparcimiento. Por el camino el sueño tuvo que adaptarse a la realidad. Y podría parecer un trabalenguas, pero tener esta casa en medio de nuestra realidad hace que el sueño valga más.

Ustedes podrán comprobar, modestia aparte de todos los que hemos tenido que ver, que, en la adaptación, el sueño ha quedado bien parado.  Los periodistas matanceros tenemos una casa sólida, funcional, con espacios suficientes para conspirar, para soñar ese periodismo mejor que merece Matanzas.

Mal estaríamos si pensáramos que concluir la reparación de la Casa en esta Jornada de  la Prensa es el fin del sueño. Para nada. Es verdad que tenemos un sueño de  casa, tan linda  y confortable como aquella escuelita de Pálpite. Pero este no es sino el inicio del sueño.

Hace años en Matanzas, nuestro querido presidente Antonio Moltó dijo que “la Upec es el cuartel  que nos une”. Diría en otras ocasiones frases que quedaron para siempre, como que “la Upec sirve para decir sí donde otros dicen no se puede”, o que “sirve para ponerle luz al país”.

Con un poco de regionalismo, yo les pediría a todos los dueños de esta  casa, a los periodistas matanceros, que este sea nuestro cuartel general para decir sí por el periodismo matancero, cubano y revolucionario; para unidos ayudar  a “ponerle luz a Matanzas”.

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