PERIODISMO DEPORTIVO

El caso del gladiador Douglas Vaillant

Lo mejor que sabía hacer era boxear. Y abrazó el profesionalismo como náufrago en un mar poco cariñoso, aunque en la otra esquina de este deporte-lucro la muerte es la que se pone los guantes, y hasta persigue muchas veces fuera del cuadrilátero. Propio del ámbito. Por sus condiciones, lo prensa lo saludó desde su comienzo, sobre todo al llegar a la capital desde su natal Santiago. En la revista Mostrador de noviembre de 1958, Genaro Mejías le dedicó algunos párrafos. Léanlos:

“Para los amantes del deporte de las narices chatas y las orejas de coliflor, ha surgido un nuevo gran prospecto en la persona del oriental Douglas Vaillant. Nacido en Santiago de Cuba el 20 de mayo de 1938, el muchacho se inició en el gimnasio Trejo en diciembre de 1953 con Bill Scout, hasta que su contrato pasó a poder de quien actualmente en su mentor y guía, Bernardo L. Baker, en julio de 1957.

“Los fanáticos que han seguido sus actividades dentro del ring ya lo catalogan una verdadera positiva promesa del boxeo cubano. Vaillant tiene de todo lo que se necesita para llegar: boxea un horror, tiene buena pegada con las dos manos, asimila mucho y oye los consejos que sabiamente le dicen sus mentores y los pugilistas viejos”.

No se equivocó Genaro, batido entonces para llegar a periodista, conocedor del boxeo y la pelota, con quien coincidí en varios certámenes después de enero de 1959, y siempre me dio buenos consejos. El atleta subió a planos estelares. Ambicionaba más. Y ya lo dijimos: lo mejor que sabía hacer era boxear. Le fue difícil comprender, hasta amar, el proceso llegado a su patria que, como es verdaderamente humano, extirpó para siempre el crimen legalizado que andaba orondo acá entre las cuerdas.

Douglas solo dominaba el oficio de tira golpes pagados para ganarse los frijoles. Aquel justo adiós lo sintió un gancho noqueador. Esa situación la plasmé en mi novela testimonio El látigo del jab sobre los rostros y, milagro de la imaginación, puse a hablar a Vaillant con el protagonista de mi obra de ficción con tanto de realidad, el mediano Black Kid, quien narra a propósito de la situación lo siguiente:

“Cuando triunfó la Revolución, al poco tiempo, decide irse para Estados Unidos. Yo le dije: Tú estás loco. Y él me respondió:

– ¿Qué voy a hacer, mi herma? Yo solo sé boxear y en los Estados Unidos siguen pagando por eso, Sé es feliz donde quiera y con plata es más fácil ser feliz.

Allá lo conocían, la realidad. Ya había sido campeón guantes de oro por esas tierras, y ya te lo dije: tenía madera. Un plato apetecible entre las cuerdas. Y en ese mundo, mientras se ande sabroso, hay luna de miel con los negociantes. Pelea por aquí, pelea por allá, y casi simpe salía Vaillant por la puerta ancha. Se ganó el derecho a disputar el título del mundo de su división, la ligera. Se batió con un boricua, y el campeón retuvo el cetro por el veredicto de los jueces. Y el retador a descender en todo…”.

Volvamos al periodismo. El deportista sería otra vez noticia. “Miami. EE.UU., junio 17  (AFP) El expúgil cubano Douglas Vaillant, que fue aspirante al título mundial de los ligeros en 1963, fue descubierto ahorcado el sábado pasado en su mísero apartamento de las afueras de Miami, anunció hoy la policía de Florida.“.. Vaillant había vencido al campeón de Europa de su categoría y conquistado el derecho a medirse con el titular mundial. Se enfrentó en 1963 al puertorriqueño Carlos Ortiz, y el campeón ganó por decisión y mantuvo la corona.

Cuatro años después, Vaillant fue detenido en Miami por posesión de drogas, a las que sin embargo, no era adicto. Más tarde, trabajó para la municipalidad de Miami, como instructor de boxeo de la juventud local. Ahora, Vaillant de 47 años, puso fin a sus días. En su vivienda había numerosas demandas del fisco norteamericano, por impago de impuestos de los últimos años.

Otro boxeador retirado, Frankie Otero declaró: “Douglas era una gran figura en su país y uno de los mejores ligeros de su época, pero seguramente se había asqueado de un mundo que lo había olvidado y rechazado”.

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