PERIODISMO CIENTÍFICO

¿Protagonistas de la selección sexual?

No cabe dudas de que Darwin estuvo prejuiciado en su valoración del sexo femenino humano en particular y de las hembras animales en general, lo que se evidencia muy bien en su obra.  Su teoría de la selección sexual, donde las hembras, al elegir a los mejores machos, impulsan la evolución de las especies, fue ciertamente revolucionaria para su época, pero no pudo separar sus conocimientos científicos en materia de sexo, de sus prejuicios sociales como miembro del sexo masculino, modelados por la época en que le tocó vivir, una de las más mojigatas en materia de sexualidad femenina, la de la reina Victoria en la Inglaterra del siglo XIX.

En relación a los humanos Darwin planteó que: “Los varones son más corajudos, agresivos y enérgicos que las mujeres y tienen un genio más inventivo. La principal distinción en las facultades intelectuales de los dos sexos, es que los varones alcanzan metas más altas en cualquier actividad, que las mujeres, lo cual requiere pensamiento profundo, razonamiento e imaginación, o meramente el uso de los sentidos y las manos”.

Estos criterios entran en contradicción, no solo con lo que hoy conocemos acerca de la igualdad intelectual entre varones y mujeres, sino también  con la importancia que Darwin le asignó a las féminas humanas en relación  a su papel clave en la evolución humana, a través de la elección preferencial de pareja, en igualdad de influencia con la competencia entre los machos para obtener pareja.

Las ideas erróneas que sobre la selección natural, aplicada a la sociedad humana,  elaboró el filósofo inglés H. Spencer llamada darwinismo social, también se extendió al ámbito de la selección sexual, en cuanto a qué sexo era “superior”. Sin ninguna evidencia de datos o experimental, este filósofo llegó a la conclusión de que las mujeres eran inferiores a los varones, debido a que, como hembras de mamífero que eran, gastaban mucha energía en la ovulación, gestación y lactancia, lo que frenaba o limitaba la variabilidad para otros muchos aspectos de su desarrollo, en especial su inteligencia. En resumen, los hombres producían por su mayor inteligencia y las mujeres solo se reproducían, por limitaciones impuestas por esa misma reproducción. Si hoy está  bien demostrado que la capacidad intelectual femenina puede ser equiparable o superior a la  de los varones —lo que está fuera de dudas—, la creencia de que las mujeres existen en esencia solo para la maternidad, aún persiste en muchas culturas.

Darwin, como todos los varones de su época, pensaba que el papel prácticamente exclusivo de la mujer era la maternidad, no solo en su sentido estrecho de dar a luz, sino en el más abarcador que incluye además el sacrificio y abnegación en el cuidado de los hijos.

A esta visión estrecha del significado biológico-social de la mujer se opuso la traductora francesa de “El origen de las Especies”, Clemence A. Royer (primera mujer admitida en una sociedad científica y en recibir la Legión de Honor). En un artículo de esta pionera feminista, censurado por la Sociedad de Antropología de París, planteaba una serie de verdades incuestionables sobre la prevalencia de los varones sobre las mujeres, siendo las principales, que las leyes han sido hechas exclusivamente por ellos, que es totalmente erróneo considerar a la mujer como un ser pasivo, sin pasiones, intereses propios, conciencia personal o deseos e incapaz de controlar sus deseos instintivos o modificar su educación.

Clemence creía firmemente que las mujeres tenían sus propias estrategias (incluidas las sexuales) y eran activas a la hora de alcanzar sus objetivos. Más de un siglo después, la biología evolutiva y en especial la selección sexual en manos de antropólogas prestigiosas, dieron la razón a Clemence, demostrando que ambos sexos evolucionaron respondiendo a las estrategias del otro.

En resumen, de las opiniones y escritos de Darwin puede deducirse que no prestó suficiente atención a otros roles femeninos (aparte del de elegir) en los procesos de selección sexual; enfatizó en cómo los machos adquieren sus características tan marcadamente diferentes de las hembras (dimorfismo sexual), pero no profundizó en esas mismas características en las hembras e hizo demasiado énfasis en el papel pasivo de las hembras, en materia de selección sexual.

Vicente Berovides Alvarez
Vicente Berovides Alvarez
Profesor Emérito de la Universidad de La Habana.

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