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Dialogar, dialogar… sobre el dirigente como servidor público: entre el ser y el deber ser

Era el tercer miércoles del mes, justo las cuatro de la tarde. En el Salón de Mayo del Pabellón Cuba de La Habana todo estaba preparado.  En el auditorio, varias personas y frente a ellas, otras tres.

José Ernesto Nováez, Norma Rodríguez y  Ricardo Ronquillo habían llegado hasta la sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz para dialogar.

Y es que el dirigente como servidor público: entre el ser y el deber ser, fue el tema de análisis en  Dialogar, dialogar, un espacio creado en el 2013 que privilegia la reflexión colectiva.

Por eso estaban allí aquellas tres personas.

— ¿Cómo debe ser un dirigente en el socialismo y con las particularidades de Cuba?, preguntó Yasel Toledo, coordinador del encuentro.

Aún cuando José Ernesto Nováez,  miembro de la Dirección Nacional de la AHS, respondió con lo que él consideró, “algunas notas provocadoras de un joven marxista, cuya función sea generar el debate” ofreció una disertación sobre el tema”.

Norma Rodríguez, presidenta del Consejo Nacional de Artes Plásticas agradeció el enfoque utilizado por Nováez, al recordar la frase de un pensador cubano cuando decía que ya en nuestro país no se hablaba de marxismo.

Para Norma,  en Cuba no se puede ser dirigente sin el marxismo, sin la prédica martiana y sin escuchar al pueblo, “no se trata de que los cuadros intermedios y el pueblo cumplan lo que están proponiendo los líderes, sino de cómo los líderes son capaces de escuchar las necesidades del pueblo”.

Como el hermano mayor de Juventud Rebelde, así presentó Yasel a Ricardo Ronquillo, presidente de la Unión de periodistas de Cuba (Upec), quien, citando a Leo Brouwer, comenzó a hablar: “el funcionario sensible es el escalón superior de la burocracia”.

No pocas veces el socialismo y sus modelos—dijo— hizo que los individuos sirvieran al Estado y no al revés.

A diferencia de muchos libros, Stalin o el milagro ruso, reconoce en Stalin grandes méritos, entre ellos, el de conducir a Rusia a la industrialización. Sin embargo, también hace críticas fuertes a cómo se dirigía el modelo soviético y al crecimiento  desproporcionado del Estado. Esos son otras de las pautas que marca Ronquillo en su intervención para afirmar que la burocracia soviética secuestró el poder del Estado y se convirtió de clase en sí,  en clase para sí.

Recordó la importancia que la gestión presidencial de Miguel Díaz-Canel le otorga a “escuchar al pueblo y  tomar decisiones con la consulta del pueblo”. La masa burocrática de la que habla Ronquillo ha condicionado en nuestro país que los ciudadanos se remitan directamente a los periodistas para solucionar determinados problemas ante la inactividad de algunas instituciones.

La gestión política y estatal de Cuba ha tenido una tradición revolucionaria representada, como señala el presidente de la Upec, por  mujeres y hombres, que abandonaron comodidades y nunca traicionaron el ideal independentista. Así fue el caso de muchos como Francisco Vicente Aguilera, a quien recordó Ronquillo al decir uno de sus principios “no tengo nada hasta que no tenga patria”.

Cuando el papa Francisco vino a Cuba dijo “quien no vive para servir no sirve para vivir” y esa idea también tiene utilidad en el socialismo, por eso Ronquillo señaló que el funcionario del socialismo que no sirva para servir tampoco sirve para vivir.

“De lo que se trata es que el socialismo gobierne con el pueblo y no para el pueblo y que al frente de las instituciones hayan líderes y no jefes, porque el liderazgo no es lo mismo que la jefatura”.

Como en las matemáticas, también para la corrupción, alguien inventó  una fórmula.

—Corrupción es igual a monopolio más discrecionalidad que monopoliza el poder y menos transparencia, dijo.

Y ya al final, esa fue la variante científica que utilizó Ronquillo para destacar “el gran desafío que tiene Cuba al reconocer,  desde la nueva Constitución, a nuestro Estado como un Estado socialista de derecho, en el que se incremente una gestión pública basada en la transparencia”.

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