Siempre pensó que debía ser uno de los guerrilleros caídos durante la gesta revolucionaria. Lo expresaba de manera recurrente con una convicción temeraria, como si no mereciera estar vivo.
La vida lo premió para ver y acompañar la obra que ayudó a gestar. Y lo hizo desde la modestia y con absoluta lealtad. Pero así son los héroes: este fue real. Se jugó la vida en múltiples oportunidades defendiendo una idea que, casi 70 años después, todavía le robaba el sueño.
El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez fue un hombre no dado a la palabra. Tampoco la necesitaba: sus acciones a lo largo de su vida de revolucionario hablaron por sí solas.
Fue uno de los asaltantes al cuartel Moncada, expedicionario del yate Granma, guerrillero en la Sierra Maestra y segundo jefe de la columna n.º 8, que realizó la invasión de Oriente a Occidente. Al triunfo de la Revolución ocupó diferentes responsabilidades; sin embargo, calificó como la misión “más difícil y dura” la encomendada por Fidel: el traslado de los restos del Che a Cuba en el año 1997.
En entrevista concedida a esta periodista, a propósito de los 20 años de aquel acontecimiento histórico, narraba:
“Cuando fuimos designados por Fidel para la tarea de traer a Cuba los restos del Che y sus compañeros, la acogimos como una misión de un decisivo combate, el cual no se podía perder. Ya hemos explicado sobre todo el trabajo del equipo que cumplió la misión. Teníamos el compromiso con Fidel y Raúl, y a la vez con mi compañero y jefe de la columna invasora «Ciro Redondo», quien había caído en tierras bolivianas en su permanente lucha contra la injusticia, lucha que desde muy joven se la había propuesto. Al llegar a Cuba y ver a Fidel recibir la misión de los que llegábamos, fue un momento que unieron muchos sentimientos de todas nuestras vidas. Por cumplida y muy importante, no dejaba de ser una misión un tanto dolorosa y que, de alguna manera, reflejaba tristeza en nuestros corazones. Pero regresábamos con el deber cumplido, y eso nos daba la fuerza necesaria, seguridad y tranquilidad por haber hecho lo que nos tocó hacer.”
Recuerdo que el Comandante Ramiro puso como condición para conceder la entrevista que se publicaran todos los nombres de los que participaron en la búsqueda y hallazgo de los restos del Che y sus compañeros, encabezados por el Dr. Jorge González Pérez, experto forense ya fallecido. Y así fue. Estuvo atento hasta el último detalle, “porque para mí hablan los hechos”. Fidel la calificó como una proeza científica.
“A este territorio me unen fuertes lazos de afecto”, declaró cuando le confirieron el título de Hijo Ilustre de Villa Clara.
Volvía una y otra vez. Visitaba industrias, intercambiaba con obreros y especialistas, pero antes de regresar a La Habana invariablemente iba hasta el Memorial a reencontrarse con su jefe y amigo. Unas veces nacía el sol, otras el atardecer abrazaba la ciudad. En sus manos, una flor; los pasos, lentos; la voz, como un susurro; y el deseo expreso de descansar definitivamente cerca del Che y sus compañeros.
—¿Será eterno ese tributo, Comandante?
“Visitamos este lugar cada vez que estamos en Santa Clara. Es, como tú dices, un reencuentro que nos da cada vez más fuerzas para continuar nuestra lucha, que sí será eterna, porque somos todo un pueblo, y detrás de nosotros vendrán otros; y por eso será eterna la lucha y también eterno este tributo.”
Feliz reencuentro, Comandante.
¡Hasta la victoria siempre!
Imagen de portada: Foto de Estudio Revolución.

